Recientes declaraciones de altos dirigentes del sector exportador chileno daban cuenta de que actualmente hay 1.478 container de frutas esperando poder entrar al mercado chino. Esa es una cantidad bastante grande de las exportaciones de frutas del país y da cuenta de algunas de las peculiaridades del sector exportador chileno.

En primer lugar, esa situación muestra que las exportaciones chilenas siguen altamente concentradas en productos primarios, fundamentalmente minerales, frutas, maderas y productos del mar. Las exportaciones de frutas, en particular, sumaron 6341 millones de dólares en el año 2018, lo cual representa un 8.4 % del total de las exportaciones chilenas. El cobre, que representa el 48.7 % de las exportaciones totales chilenas, ha presentado recientemente una baja en su precio internacional, y las causas de este fenómeno son más o menos las mismas que en el caso de las frutas.

Las exportaciones frutícolas – también las cupríferas – van fundamentalmente a China, y como este país tiene hoy en día serias complicaciones comerciales debido a la epidemia de coronavirus, los controles de importación y de exportación se hacen más lentos y más exigentes y muchas actividades manufactureras han tenido que disminuir su producción pues el mundo ha respondido con cautela a los productos provenientes de China. También el turismo hacia China ha disminuido en forma sustantiva. Eso trae consecuencias negativas sobre la producción, el ingreso y el consumo al interior de dicho país y, por esa vía, la situación termina por afectar la producción, las exportaciones y el ingreso de un país que está aproximadamente en las antípodas del gigante asiático. Ese es un problema que podemos describirlo con la palabra globalización o mundialización, con lo cual el problema desaparece de nuestras manos y pasa a depender de fuerzas poderosas del sistema económico internacional.

Pero en toda esta situación hay también grandes responsabilidades enteramente chilenas, pues hace más de 50 años que estamos pegados en la misma estructura productiva, sin diversificar ni la producción ni las exportaciones. Mas aún, el país ha caminado desde los tiempos de la dictadura por una senda de desindustrialización, para concentrarnos cada vez más en una cierta matriz exportadora que responde a las ventajas naturales con que cuenta el país. Pero ser meramente un país primario exportador no es, hoy en día, una forma eficiente y exitosa de insertarnos en los circuitos del comercio internacional. En otros momentos de la historia esa forma de inserción internacional puede haber sido beneficiosa para Chile, o para otros países, pero hoy en día claramente no lo es.

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La desindustrialización no es el fracaso de una cierta política de industrialización que no tuvo los efectos esperados: es el resultado de la carencia sistemática y sostenida de cualquier política de industrialización. El Estado ha renunciado, o se ha visto obligado a renunciar, a todo accionar en la economía nacional como promotor y como actor en la implementación de una estrategia de industrialización. Por un lado, porque el sector empresarial nacional se ha quedado feliz y contento con el rol de productores primarios y no ha tenido visión como para promover una estrategia de desarrollo nacional de diferente tipo. Por otro lado, el Estado no tiene los instrumentos legales ni constitucionales como para jugar un rol más activo en la conducción de la economía nacional, pues la actual constitución le niega la posibilidad de crear ni siquiera una empresa de mote con huesillos, y muchos menos, empresas con carácter estratégico.

La construcción y/o la promoción de empresas llamadas estratégicas solo tienen sentido, cuando se tiene una estrategia. Una empresa es estratégica en la medida que ayuda o es imprescindible para llevar adelante una determinada estrategia. Si se carece de esta última, no hay empresa alguna que pueda arrogarse ese carácter de estratégica. En síntesis, se necesita de un nuevo cuerpo constitucional en el cual el Estado no solo tenga la posibilidad de llevar adelante una determinada estrategia de desarrollo y de industrialización, sino que tenga el deber de hacerlo y tenga todos los instrumentos como para ello, dejando de ser un Estado meramente subsidiario. Todo ello debe quedar plasmado en la nueva constitución. Todo ello es responsabilidad nuestra.

 

Por Sergio Arancibia

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