En unos pocos se traduce como sobreabundancia, buena vida y merecido autoagasajo, claro que al amparo de millones que se resignan -créanlo- a que su esfuerzo merezca apenas un gajo. ¡Feliz Día del Trabajo!

 

Sólo el 20% cuenta y canta a fin de mes sus ganancias con satisfacción, sin miedo al futuro y con relajo; mientras de vuelta a casa la micro llena aturde la esperanza de cientos de condenados a pelar en promedio 12 horas por día el ajo. ¡Feliz Día del Trabajo!

 

En nuestra patria la dignidad obrera se calcula -aunque suene un poquito irreverente- con la vista fija en las ventajas, en la preservación del modelo, en la chequera del poderoso y en su fajo; en tanto que ni los “representantes” ni la moral dominante hacen nada por levantar la dignidad de los “de más abajo”. ¡Feliz Día del Trabajo!

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Para no caer en conductas inadaptadas hay que ajustarse -dicen los expertos- al modelo de vida aceptando sus reglas de exclusión y consumismo a destajo; es decir tomando a la persona humana como un medio, como mercancía, como clientela, como un atajo. ¡Feliz Día del Trabajo!

 

El derecho obrero en nuestra república no es más que promesa electoral que se entona de tanto en tanto al ritmo monocorde de un farandulero contrabajo; después del voto volvemos a constatar que la prédica ha valido -salvo honrosas excepciones- limpiamente un hongo o un carajo. ¡Feliz Día del Trabajo!

 

 

Noé Bastías Soto

Profe de filosofía, Chile.

 

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