Opinión política

Quien engañe, encontrará siempre quien se deje engañar

 “…La ignorancia de la gente resulta, por lo general, más nefasta que su maldad: ¿Qué me importa a mí que el que me ofende lo haga por ignorancia o por malicia? Más aún, lo primero es a menudo mucho peor, porque la malignidad tiene sus fines precisos y determinados y procede de acuerdo a sus reglas, de suerte que no siempre ofende cuanto puede, mientras que la ignorancia, no teniendo ni fines,  ni reglas, ni medida, procede furiosamente y da palos de ciego”.   (Francesco Guicciardini, De la vida política, Espasa-Calpe, Buenos Aires, 1947, p.31)

 

Obviamente, el título de esta nota, corresponde a una máxima que Maquiavelo explica en el capítulo XVIII de El príncipe”.  Por su parte, el párrafo en cursiva, es de su amigo Guicciardini. He integrado ambos pensamientos, para demostrar que, si bien Maquiavelo, a renglón seguido,  plantea que “los hombres juzgan más por los ojos que por los demás sentidos, y pudiendo ver todos, pocos comprenden bien lo que ven”, deja abierta la posibilidad que, aunque sean pocos, sí comprenden lo que ven (o escuchan).

Dicho todo lo anterior, es de hacer notar, que a partir del 18 de octubre del año pasado, cuando Chile despertó, son muchos más los que comprenden lo que ven  y escuchan. Es que son tan obvias las mentiras de nuestros gobernantes y de la casta política en general, que ya el pueblo, como decía el Che Guevara, “no les cree ni así tantito”.

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Por supuesto, el que se lleva las palmas, es el presidente Sebastián Piñera y Echeñique por parte de madre, que cada vez que habla, se dispara a los pies: es que Tatán pertenece a los personajes que describe Guicciardini, el típico ignorante que ni siquiera se da cuenta de las estulticias que espeta, por lo que tienen que salir sus ministros (especialmente la vocera de gobierno), a explicar que no quiso decir lo que dijo y que lo que dijo es otra cosa diametralmente opuesta. Pero esas rectificaciones no convencen a nadie, menos si después de algunos días, es el mismo Piñera el que trata de explicar (que no aclarar) que no dijo lo que dijo.

El ejemplo más claro, fue la explicación de su visita a la Plaza de la Dignidad, que, más allá de causar bastante molestia en la ciudadanía, pasó como una más de las acciones de su personalidad  narcisista.

Sin embargo, el día domingo 26 de abril, en entrevista con CNN en español, al referirse al Plebiscito, dijo: “se postergó para octubre, pero yo pienso que quizás la recesión va a ser tan grande que éste es un tema que quizás habrá que volver a discutir”. El revuelo que causaron sus palabras, dejó perplejo a moros y cristianos (creo que también a los ateos).

El 30 de abril, en un punto de prensa en La Moneda, intentó aclarar sus dichos: Yo les pido a todos que tengamos buena fe en leer e interpretar lo que las personas dicen y no lo que ellos quisieran que dijeran. Hoy en día tenemos una Constitución que mandata un plebiscito… Y nuestro gobierno respeta la Constitución, respeta las leyes y, por tanto, estamos trabajando para tener un plebiscito”.

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Curioso, por decir lo menos, que demoró 4 días para aclarar sus dichos, introduciendo en sus discurso “que hoy tenemos una Constitución que mandata un plebiscito”. ¿A qué se debió que Piñera introdujera lo de la Constitución?  Ninguno de sus asesores ni de la casta política,  se había dado cuenta de que el acuerdo para la realización de un plebiscito y  la de su postergación para el 25 de octubre, no era simplemente un contrato entre dos particulares, que se podía cambiar a voluntad  de las partes. Tuvo que ser el abogado y analista político Javier Couso, quien en una entrevista con Federico Joannon en el portal digital El Mostrador, el día 30 de abril, quien  explicara “…que el artículo 130 de la Constitución declara que el 25 de octubre va a haber un  plebiscito para preguntarle a los chilenos si quieren una nueva Constitución y, en segundo término, si quieren una Convención enteramente elegida o una Convención mixta. No cumplir con esto significa violar la Constitución vigente, causal de una acusación constitucional de aquí a Punta Arenas…”

Pero además, Piñera no sólo trató de decirnos que él no había dicho lo que dijo, sino que, por añadidura,  nos culpó a los chilenos de mal interpretarlo y que actuábamos no de buena fe. Tatán conminando a los chilenos a actuar de buena fe ¿Habrá actuado de buena fe cuando estafó al Banco de Talca; cuando estafó a Ricardo Claro con las tarjetas de crédito de Transbanc; cuando se fue a meter a Cúcuta sin que nadie lo invitara, y con recursos del erario nacional; cuando instaló el “Comando Jungla” en la Araucanía, argumentando que había un enemigo poderoso, verdaderos terroristas con armamento de guerra, etc. etc. etc.?

Pero donde ya colmó la paciencia de los chilenos, fue cuando declaró, el día 12 de marzo de este año, en el noticiario de Megavisión, que “El 18 de octubre cuando supimos que iban a atacar las estaciones del Metro, 136 estaciones, hablamos con el general Rozas. Decíamos que se requieren mínimo 10 carabineros para proteger una estación de Metro, por 136 estaciones, 1360 carabineros. No teníamos esos carabineros”.

Pregunta obligada: ¿si la Región Metropolitana cuenta con una dotación de 14.240 carabineros, dónde estaban los otros 12.880 carabineros?, ¿en qué tareas se encontraban ocupados? No señor Piñera, no le creemos sus mentiras.

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Al día siguiente la vocera,  Karla Rubilar, trató de aclarar que Piñera había querido decir que una vez que vieron que habían incendiado la primera estación, se comunicó con el general Rozas y bla, bla, bla. Tampoco le creemos a la señora ministra.

Si hasta el propio José Antonio Kast manifestó que “por qué no declaró antes el Estado de Emergencia y no después, para haber puesto a los militares a cuidar las estaciones”. Por su parte, algunos parlamentarios de la oposición declararon que si Piñera sabía que quemarían las estaciones del Metro, fue  una irresponsabilidad haberse ido a celebrar el cumpleaños de su nieto a una pizzería del sector  oriente de la capital.

¿No les parece extraño, que el nieto del señor Presidente de la República, en un día tan complejo, deseara festejar su cumpleaños en una pizzería conocida y muy concurrida, a la cual llegaría su abuelito Presidente para compartir un rico bocado de pizza, eso sí, a vista, paciencia y júbilo de todos los presentes?

El ex fiscal Carlos Gajardo ha criticado que a 6 meses del estallido social, aún no se sepa quién quemó el Metro. La PDI ha declarado que respecto de la estación San Pablo existirían dos detenidos e inculpados; son dos jóvenes que “al parecer estarían coludidos”, pues uno de ellos habría causado daño a cierta hora y el otro, mucho después, habría lanzado una botella con líquido inflamable que habría quemado la estación del metro San Pablo. Sin embargo, Personal del Cuerpo de  Bomberos de Quinta Normal, aseguró que el incendio se habría iniciado en una bodega que contenía planchas de madera. ”Debido a la transferencia de calor por conducción desde objeto portador de fuego, dejado o lanzado o caído en el lugar, no encontrado por bomberos”.

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¿Quiénes y cómo llegaron hasta las bodegas de la estación del metro San Pablo esa noche, la cual  ya se encontraba cerrada al público?, ¿por qué no se han conocido los  informes del Cuerpo de Bomberos de las otras estaciones quemadas?, ¿se les permitió el ingreso inmediatamente sucedido los hechos?

Es muy importante recordar, estimado lector, que ya el presidente del Sindicado de Profesionales y Técnicos de Metro, Eric Campos, había declarado que “el pueblo necesita saber quién quemó el Metro. No conozco a nadie, a ningún grupo, que pueda quemar 8 estaciones del Metro al mismo tiempo”. “Es extraño que Carabineros haya estado en las estaciones y cuando las queman no estén”. Además, agregó que “desde el sindicado, hicieron un llamado temprano este viernes para cerrar la red, lo que habría prevenido los daños” Por último, pidió una investigación de parte de la Fiscalía.

Todo indica que las quemas de las estaciones de Metro, corresponden a una acción deliberada y planificada desde el gobierno, a través de la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI), sí la misma que se mete con los cabros chicos del Sename.

El  Presidente de la República debe ser acusado constitucionalmente, si no es por acción, debe ser, por lo menos, por omisión, debido a su incapacidad irracional para haber evitado el incendio del Metro.

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¡Para mentir y comer pizza, hay que tener mucho cuidado en el terreno que se pisa!

¿Y el de las Torres Gemelas de Nueva York?

Toda esta situación no hizo más que recordarme el auto atentado a las Torres Gemelas del 11 de septiembre del año 2001.

El Presidente de los Estados Unidos de América, Geoge W. Bush, ese día y en ese preciso instante, se encontraba de “visita” (no, no en una pizzería) en la escuela primaria Emma E. Booker de Sarasota,  frente a un grupo de niños y a su lado la maestra. El jefe de Gabinete de la Casa Blanca, Andrew Card, se acercó y tan sólo susurró a la oreja de Bush menos de 3 segundos: ¿alcanza una persona en 3 segundos a explicar que Nueva York está enfrentando un ataque terrorista y que han estrellado unos aviones contra las Torres Gemelas? ¡AH! ¿Y que el presidente siga tan campante como si no hubiese pasado nada? Amables lectores, les  copio el enlace donde podrán apreciar el video de lo que acabo de describir; midan los segundos que tarda el jefe de gabinete en informarle a Bush sobre el acto terrorista:

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También es bueno recordar  que los propios arquitectos e ingenieros que diseñaron las Torres y  los guardias que se encontraban en el sótano de una de las Torres, habían comprobado que los edificios se derrumbaron no por el choque de los aviones, sino producto de explosivos colocados en los cimientos. Para más abundamiento, en agosto de 2017, falleció Malcon Howard, un ingeniero y ex agente de la CIA, en su lecho de enfermo, poco antes de morir, expresó: “nosotros demolimos la Torre 7”. Bueno,  esa torre no sufrió ningún impacto de avión, como tampoco lo hizo el Pentágono ni hubo tal supuesto avión que se habría estrellado en Shanksville (Pensilvania).

“El tiempo, maestro de todas las verdades, la pone pronto de manifiesto”. (Maquiavelo).

Narciso y su enemigo cruel, despiadado y peligroso

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Y llegó Narciso ese día donde él pensaba que estaba la esencia de quien le atormentaba día y noche desde hacía mucho tiempo: el enemigo cruel, despiadado y poderoso. Sin embargo,  el lugar se encontraba desierto, no se divisaba ese enemigo en persona; al no existir un arroyo  cercano que le permitiera reflejar su “hermosa” figura, decidió perpetuar su imagen en ese lugar, plasmándola en una fotografía. Mientras posaba, su pensamiento se detenía en el poder que inmortalizaba ese momento: “Yo tengo más poder que ese enemigo cruel y poderoso”. Tan fuerte se grabó ese pensamiento en su subconsciente, que lo llevó a murmurar esas mismas palabras. La ninfa Eco, que se encontraba detrás del monumento desde donde Narciso contemplaba en lontananza hacia la ciudad en la que inyectaba su poder,  escuchó y repitió las últimas palabras:  “enemigo cruel y poderoso”. Al escuchar esa voz que repetía sus últimas palabras, Narciso salió repentinamente de su estado de éxtasis que le deparaba ese momento bello e inolvidable, miró a su alrededor buscando quien osaba escuchar sus murmullos y repetir la frase que lo atormentaba desde hacía muchos años.

Al no encontrar a nadie, confundido y bastante temeroso, producto de su acendrada paranoia, emprendió, raudo y veloz, la retirada de ese espacio abierto y generoso que por un instante lo había mantenido extasiado en su delirio de grandeza. Durante el camino, Eco le repetía “un enemigo cruel y poderoso”.

Al día siguiente, cada vez que necesitaba expresar alguna de sus continuas alocuciones, el estribillo emanaba de sus labios y, sin poder evitarlo, repetía: “enemigo cruel y poderoso”. Llegó a tal punto  que esta muletilla,  cada vez que reflejaba su figura ante el espejo, se hacía escuchar: “enemigo cruel y poderoso”. Trataba de asir la imagen reflejada, ante tal  imposibilidad, se fue percatando que la imagen sólo lo reflejaba a él mismo, hasta identificarse en su plenitud con ese “enemigo cruel y poderoso”.

 

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      Por Hugo Murialdo

 

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