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Organización Internacional para las Migraciones: “Hay que detener el virus, no las personas”

Respondiendo a la pandemia en medio de crisis de múltiples capas en el Sahel, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) alerta sobre la situación siempre más grave es esta región africana.

La movilidad en la árida región africana del Sahel es una tradición de larga data y se considera una estrategia crítica de medios de vida y adaptación para millones de personas en uno de los entornos más hostiles del mundo.

Ahora, a medida que los gobiernos exigen restricciones significativas de movimiento para contener la propagación del coronavirus (COVID-19), en particular al detener el comercio fronterizo y las actividades “no esenciales”, los grandes impactos socioeconómicos para los hogares han comenzado a revelarse.

“Estoy varado aquí por semanas, y no puedo enviar dinero a mis padres y a mi esposa porque tengo que usar el dinero para comida y alojamiento”, explicó Malick a los miembros de la OIM. Malick es un comerciante senegalés que una vez estuvo acostumbrado a viajar a Mauritania semanalmente para comerciar. Ahora, varado desde marzo en la estación fronteriza de Sélibabi, Mauritania, agregó: “ya no puedo mantener a mi familia en Senegal, ya que estoy desempleado”.

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Para este hombre, y para miles de personas más, la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) se unió a varias agencias de la ONU y ONG en África occidental y central para hacer sonar la alarma sobre el rápido deterioro de la crisis en el Sahel en medio del COVID-19: una crisis sin precedentes en toda la región.

El Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas (UNDESA) estima que actualmente hay 9,5 millones de migrantes de África occidental y central en la región, de los cuales más de 100.000 se consideran migrantes que regresan. El Centro Internacional de Comercio y Desarrollo Sostenible (CICDS) calcula que el comercio transfronterizo en todo el Sahel representa hoy casi el 12 por ciento del volumen comercial general de la región.

Por lo tanto, la movilidad en la región es crucial para la sobrevivencia en varias naciones, sobre las cuales la pandemia ya está teniendo un impacto devastador.

“Muchos comerciantes transfronterizos llaman para preguntar cuándo se volverá a abrir la frontera. Tratamos de explicar por qué la frontera debe permanecer cerrada por ahora para frenar COVID-19, pero sabemos que es difícil para ellos”, dijo Malick Singhateh, Oficial de Salud Pública en el puesto fronterizo de Sabi, en Gambia.

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El cierre también ha llevado a aumentos dramáticos en los precios de bienes y alimentos para millones de hogares. Los pastores y sus familias, que según los demógrafos representan aproximadamente el 20% de la población de la región, también se han visto obligados a finalizar su migración estacional debido al cierre de las fronteras.

Las medidas preventivas que impiden el tránsito de personas y mercancías han dejado a más de 20,000 migrantes varados en las fronteras y cerca de otros 2,000 esperando en los centros de tránsito.

Estas últimas interrupciones se suman a los 5,1 millones de desplazados internos (PDI), obligados a mudarse debido a conflictos o desastres naturales. Es probable que esos desplazados internos vivan en condiciones de congestión y se enfrenten a riesgos y vulnerabilidades importantes mientras luchan por satisfacer las necesidades básicas.

Como factor agravante, los migrantes y las personas desplazadas generalmente tienen un acceso limitado a los sistemas de atención de salud pública y no pueden someterse a pruebas ni a recibir tratamiento para COVID-19, lo que puede conducir a peores resultados para las poblaciones de acogida.

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“No incluir a los migrantes y las poblaciones desplazadas en la respuesta COVID-19 significa no responder a la crisis”, explicó Sophie Nonnenmacher, directora regional interina de la OIM para África occidental y central. “Nadie estará a salvo hasta que todos estén a salvo”.

“Las comunidades de migrantes y desplazados deben verse como una parte integral de cualquier respuesta efectiva de salud pública”, siguió explicando Sophie Nonnenmacher, quien agregó: “Los cierres de fronteras no son sostenibles a mediano y largo plazo. La OIM está lista para ayudar a los países a reabrir los puestos fronterizos de manera segura y oportuna”.

 

Por Elena Rusca (en Ginebra)

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