Crónicas de un país anormal

El Senado, monopolio de corruptos e ineptos

Maquiavelo escribía en El príncipe que “es mejor ser temido que amado”. La autoridad, cuando es desobedecida – el caso de Chile, especialmente en la actual pandemia – puede recurrir a la coerción, es decir, por medio de la fuerza de las armas, forzar a los ciudadanos a acatar las órdenes prestablecidas. El Estado, con el poder monopólico de las armas, puede dar muerte a fin de imponer su poder y su ley.

En democracia se supone que, además de la coerción, debe existir la convicción, y bajo este presupuesto, las leyes y órdenes deben ser acatadas por la ciudadanía. El problema surge cuando el Estado recurre a leyes de excepción que, por lógica, terminan anulando hasta las libertades más elementales que la Constitución asegura.

La autoridad, para ser obedecida, debe estar cimentada en una base ética y moral: en democracia, por ejemplo, el titular del poder es la soberanía popular, (los mandantes), quienes lo delegan, a su vez, en sus representantes, quienes, al final del período deberán rendir su cuenta.

Hay muchas formas de desviar la voluntad popular: 1) la compra de conciencias por medio del cohecho; 2) los regalos, servicios y prebendas a los votantes; 3) los sistemas electorales en que no existe relación entre escaños y votos. (A comienzos del siglo XX un famoso político chileno proponía que el Estado fuera el que cohechara a los ciudadanos).

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El político y escritor Carlos Vicuña Fuentes, en su obra La tiranía en Chile, decía:

“…Aunque en las diferentes Constituciones de la República de Chile se ha establecido desde muy antiguo, como un postulado fundamental, que la soberanía reside esencialmente en la nación, el gobierno de Chile no ha sido jamás democrático en su origen: el Congreso siempre se ha elegido mediante procedimientos distintos del sufragio espontáneo y libre de los pueblos, (fraude, cohecho, matonaje, coacción patronal o política, calificación electoral partidista, residuo antiguo en la renovación del Senado), y en cuanto al Presidente de la República sólo uno en su historia, don Arturo Alessandri, disfrutó del favor popular” (Carlos Vicuña, La tiranía en Chile:47).

(Hoy me permito agregar a otros dos mandatarios: Pedro Aguirre Cerda y Salvador Allende, a quienes el pueblo sigue queriendo y respetando).

El Parlamento, en especial el Senado ha tenido, a través de la historia, una pésima refutación: son incontables las veces en que el pueblo ha gritado, al unísono, “a cerrar a cerrar el Congreso Nacional”. Ya don Arturo Alessandri, en la redacción de la Constitución de 1925, estaba dispuesto a eliminarlo por inútil, o bien, convertirlo en un cementerio de viejos de mierda, es decir, senadores “designados” que fueran a morir en las testeras del Congreso.

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La existencia del Senado tendría sentido en países donde impera el federalismo, pues albergaría la representación de las provincias, los estados y las regiones, pero es completamente ridículo y oneroso en países centralistas y, sobre todo, en una monarquía presidencial en la cual el Congreso cuenta con muy pocas facultades – es el caso de Chile – y bastaría con una Asamblea Nacional, integrada por 150 diputados, con la facultad de designar y controlar al Primer Ministro.

En nuestro país los representados, (verdaderos mandantes), no sólo desprecian a sus representantes – ellos mismos los han elegido -, sino que les encantaría, hoy por hoy, dejarlos cesantes. No podemos culpar a los ciudadanos de haber elegido a representantes tan malos – codiciosos, ignorantes, ambiciosos y, sobre todo, caraduras -, pues las instituciones que, en su mayoría están desprestigiadas en Chile, (el Congreso y los partidos políticos apenas cuentan con un 2% de apoyo, como también el ejército, carabineros y tribunales de justicia…, pueden ser legales, pero carecen de legitimidad y credibilidad social.

Chile, como la mayoría de los países de América Latina, (con la salvedad de Uruguay), están podridos, y es difícil responder a la pregunta del escritor Mario Vargas Llosa, en su obra Conversaciones en la catedral, Cuándo se jodió el Perú, frase extensiva a los demás países del área.

No hace mucho tiempo los chilenos eligieron, por una amplia mayoría, al más inepto de los candidatos presidenciales, (Sebastián Piñera), que hoy tiene sólo un apoyo de un 10% de sus votantes.

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La plutocracia que nos gobierna hace mucho “mérito” para ser rechazada, tajantemente, por la mayoría de los ciudadanos y, a veces, hasta odiada por el pueblo; el Pacogate y el Milicogate destruyeron toda autoridad moral de las Fuerzas Armadas y de Orden, (y hoy se agrega la Fach). Los obispos y curas, por su parte, han insultado la memoria del fundador de la iglesia, Jesús, al andar manoseando a niños. Los diputados y senadores buscan las más miserables argucias para seguir apernados en el cargo, (hay algunos, como el senador Juan Pablo Letelier, que lleva 30 años, ganando 9 millones de pesos mensuales…)

En la última sesión del Senado, algunos padres conscriptos demostraron cuán miserables son en la realidad, y lo único que les interesa es su enriquecimiento personal a costa de los cándidos electores, como también de un sistema electoral que les asegura la teta vitalicia. Su período normal dura ocho años y, por mucho que haya cambiado el sistema binominal, los clientes, (no les llamemos electores, pues sería un insulto), siempre los reeligen. Como en las líneas áreas, la fidelidad se paga con el ofrecimiento de un nuevo viaje, y a Letelier, Coloma, Girardi, Pizarro, Navarro, Pérez Insulza, no les faltan kilómetros recorridos.

De muy poco sirve escandalizarse con la baja moral de muchos de los actuales padres conscriptos, y qué ganamos con publicar sus nombres, si al final, a causa de nuestro sistema político, van a ser reelegidos de todas maneras.

Como los senadores sabían que se hacía necesario un quorum especial, de 26 votos, para que fuera aprobada la retroactividad en la cuenta de los dos períodos consecutivos, por consiguiente, bastaba anular el voto para apernarse ad aeternum. El resultado fue de 22 votos favorables a la retroactividad, los senadores Pizarro, Letelier, Girardi, Bianchi, Pérez, Van Risselberghe, votaron en contra de la retroactividad.(el taxímetro cuenta desde la ultima elección).

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Hay que ser muy cándido para seguir dando fe que el bien común existe en nuestra democracia bancaria. Solo “el rey de los huevones” sigue creyendo que el Presidente Piñera, por ejemplo, es   un auténtico servidor público, y se lo cree de verdad.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

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30/05/2020

Bibliografía

Carlos, Vicuña Fuentes, La tiranía en Chile, LOM, 2002

 

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  1. PATRICIO GAJARDO SEGOVIA says:

    Viejo Gumucio:de acordeón y de guitarra, pero incluir a Arturo Alessandri como uno de los mejores es ofender a los PRESIDENTES Aguirre Cerda y Allende

  2. uier negociación con ellos says:

    También ayudaron a la votación en contra el rufián Insulza ,la DCYasna Provoste ,y el defensor de los derechos …personales , el ahora “rdenovado” Navarro.
    Arturo Alessandri Palma fué un ASESINO y es su más importante blasón.

  3. ramon roman says:

    Don Rafael, coincide con su enojo en su opinion, pero, por favor, no insista aseverando que Píñera fué elegido por una amplia mayoría. Don Rafa, del total de la LISTA ELECTORAL, la mitad de los chilenos votaron, y de esta mitad, este gallo Piñera sacó un poquito más de el 50%. En conclusión, y sin ser una lumbrera matemática, el sr Piñera salió elegido como presidente con un poquito más de un cuarto (25,,4%) del total de la lista electoral, y que de acuerdo a las encuestas de hoy en día, es el apoyo que todavía tiene.

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