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La veleidosa clase media

La clase media está de moda, y no sólo en Chile: aquí en Canadá, tanto el gobierno federal como los provinciales, hacen esfuerzos—a veces más retóricos que efectivos—para salvar a la clase media de los devastadores efectos económicos de la pandemia. “Salvar a la clase media” es más bien un artilugio para la verdadera intención detrás de esos empeños: cazar los votos de la clase media. Aunque, ya que aludo a este acto de cacería, bien podría recordar ese chiste del tipo que andaba cazando flogistos. “¿Y cómo son los flogistos?” alguien le pregunta, a lo que el hombre responde “No sé, todavía no he cazado ninguno”. Esto, porque cuando se habla de la clase media habría que partir por preguntarse qué es la clase media, y—más importante aun—quiénes hacen parte de esta clase media.

Las respuestas varían. Hay incluso quienes sencillamente niegan la existencia de la clase media: se trataría simplemente de clase trabajadora. No haría mayor diferencia que ese trabajador sea el que hace aseo en un centro comercial, maneja un torno en una fábrica, hace clases en un liceo o universidad, o diseña programas computacionales. Todos serían trabajadores y punto, afirman algunos de manera enfática.

Bueno, en estricto sentido, incluso Marx ya usaba el término en su texto Teorías de la plusvalía, donde la llamaba “pequeña burguesía”, apelativo que sucesivos autores marxistas y progresistas en general han seguido usando para referirse a ese sector, situado entre el proletariado industrial y la gran burguesía, esta última la propietaria de los medios de producción. Ni Marx ni Engels hicieron, sin embargo, mayor distinción entre la ‘vieja clase media’ de pequeños productores, artesanos, comerciantes, profesionales independientes y granjeros, y la ‘nueva clase media’ de oficinistas, profesores, técnicos, profesionales asalariados y funcionarios públicos que—aun relativamente pequeña en los tiempos de Marx y Engels—a partir del siglo 20, en cambio, se transforma en un grupo de masiva presencia en una gran cantidad de países, Chile incluido.

“¡Ah, la clase media, si no existiera tendríamos que inventarla!” podríamos decir adaptando un viejo lugar común. Quizás quienes mejor se acercan a una caracterización de la clase media, son quienes la conciben más como un concepto cultural que uno socioeconómico. Esto, porque evidentemente se hace difícil remitir el concepto a la mera medición estadística de ingresos. La  clase media, en tanto constructo cultural en cambio, ofrece la ventaja, especialmente a algunos políticos y a gente en posición de poder, de facilitar su discurso, al englobar en ese concepto a una multitud de gente sin tener que adentrarse en un análisis más profundo de su carácter. En la medida que haya esa enorme cantidad de gente que se identifica a sí misma como “clase media” se puede intentar conjugar sus intereses con los de determinados grupos de poder político o económico. Hasta mediados del siglo pasado el Partido Radical hizo buen uso de esas posibilidades, identificándose con esa clase media y ésta a su vez respondiendo dándole su respaldo, sin olvidar que había también allí una relación bastante clientelista. Funcionarios públicos, profesionales liberales que ascendían desde estratos más pobres, profesores y otros profesionales asalariados, pequeños empresarios, todos ellos eran cómodamente encasillados como miembros de la clase media, y a mucho orgullo, se podía decir. Como sabemos, eventualmente los radicales fueron desplazados de ese rol de santos patronos de la clase media, por la Democracia Cristiana, que aportaba un discurso más renovado e incluso habló de una “revolución en libertad” y hasta de un “socialismo comunitario”, todo eso dentro de los cánones de moderación que la clase media valora altamente.

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Volviendo a nuestros días, la clase media estuvo en el centro del debate en torno al retiro del 10 por ciento de los fondos de pensiones de las AFPs. El resultado final, además de ser la más rotunda derrota política del gobierno de Sebastián Piñera ya que erosionó su propio respaldo parlamentario, por contraste debería ser también caracterizado como el mayor triunfo de una centro-izquierda actuando de manera unida. Como en todo proceso político, y recordando que esto fue iniciativa de la oposición centro-izquierdista, es ésta también la que, como efecto de su acción, habría ganado más puntos con la clase media. Si a alguien los beneficiarios del retiro del 10 por ciento tienen que agradecerle, es a la oposición, que en un raro acto unitario, y en un aun más raro acto de genialidad política, idearon un mecanismo—la reforma constitucional—para lograr, primero, el objetivo de beneficiar a la clase media y en segundo lugar, ahondar el rechazo de la población hacia el desacreditado sistema de previsión representado por la institución de la AFP. Esto último a tal punto, que ya hasta la derecha admite que el sistema requiere cambios.

Hasta aquí todo parece bien: el porcentaje de cotizantes de AFP solicitando el retiro de su 10 por ciento ha excedido todas las expectativas. De paso, sus repercusiones en términos de estímulo al consumo pueden tener efectos bastante interesantes. Pero la derecha no se ha quedado de brazos cruzados ante esta aplastante derrota política. Y he aquí que—conociendo como manipular a la clase media—rápidamente ha puesto otro tema sobre la mesa donde puede recurrir a otras facetas de la siempre “difícil de cazar” clase media.

El retiro del 10 por ciento le dio respiro a una clase media, que tiene como una de sus características la fragilidad de su condición. Fragilidad siempre presente y con el temor de revertir a un estado anterior, el de sus padres o abuelos, cuando aun no eran “clase media”. Ese genial cantautor Osvaldo “Gitano” Rodríguez lo resume muy bien en su canción “Valparaíso” cuando dice “porque no nací pobre / y siempre tuve un miedo inconcebible a la pobreza…”

El acuerdo permitiendo el retiro del 10 por ciento ha venido a calmar—al menos temporalmente— ese “miedo a la pobreza” de la clase media y ésta debería inclinarse entonces a apoyar a quienes propiciaron esa medida. Excepto que en los comportamientos políticos y sociales en general, la gratitud no es una de las normas más frecuentes. La derecha eso lo sabe muy bien y sin vacilar, a pocos días, intenta recuperar apoyo en los sectores medios apelando a otra de sus características. Si el “miedo a la pobreza” acercó a la clase media a los sectores progresistas y de izquierda que hicieron una ingeniosa movida para ayudarla económicamente, la derecha pronto vino a explotar otro flanco en su intento de atraer a la clase media: su miedo al desorden público y la inestabilidad social. ¿La movida de la derecha? Muy sencillo, aprovechar la situación ya conflictiva desde hace años en la Araucanía para echarle más leña al fuego, radicalizar la confrontación aplicando más represión. En otras palabras, un viejo subterfugio: levantar una acción diversionista que traslade el centro de atención desde su derrota política en torno al 10 por ciento de los fondos previsionales, al ámbito rural y de pequeñas ciudades de esa región sureña donde los mapuches a su vez se hallan envueltos desde años en diversas escaramuzas con agricultores, empresas forestales y las propias autoridades locales y nacionales, en torno a viejas reivindicaciones que se remontan a siglos atrás. Todo eso amplificado en los medios de comunicación que la derecha controla.

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Naturalmente la derecha presenta esta acción diversionista con protagonistas ya conocidos: los mapuches como los “villanos”, la policía como “jovencitos de la  película” y—por primera vez en escena—actores civiles, entre los cuales, no cuesta suponer, hay muchos representantes de nuestra clase media. Seguramente muchos de ellos ya hicieron su retiro del 10 por ciento, gracias a la centro-izquierda, pero ahora se movilizaron para ir armados de palos a desalojar y darles duro a los “malos de la película”, los “indios” que quieren destruir todo y naturalmente traer el desorden.

Veleidosa clase media, un día aplaudiendo a los que la alivian del “temor a la pobreza” y otro día aplaudiendo a los que prometen salvarla del caos y el desorden. Si hemos de repasar la historia, debe recordarse que justamente el apoyo a grupos de extrema derecha, el fascismo histórico en Alemania, Italia y España, se nutrió en una gran mayoría de individuos provenientes de la clase media en los que convergían su temores a la pobreza y al desorden. Incluso sectores medios no vacilaron en unirse a los grupos de choque fascistas, compartiendo allí con elementos del lumpen. Así fue en las SS de los nazis, como en nuestros propios imitadores de Patria y Libertad.

Complicado pues el deseo—comprensible por lo demás—de la izquierda de atraer el apoyo de la clase media. Un tema que los más viejos o los que sigan de cerca la historia, recordarán que ya causó debates en tiempos del gobierno de la UP. Lo que es claro es que intentar captar a la clase media y querer representar sus intereses es entrar a un terreno movedizo e inestable, paradojalmente lo contrario de lo que aspiran sus miembros: seguridad y estabilidad. Una clase media cuya característica central es ser muy veleidosa: un día de acuerdo en marchar contigo, otro día, muy por la vereda del frente. El dilema es que, igual—desde la izquierda—sería un error entregar esa veleidosa masa ciudadana a la derecha.

Ante este dilema algunos preferirían optar por “echarle agua al vino”, en otras palabras, no levantar propuestas políticas que puedan asustar a sectores medios. Por ejemplo, estos días en torno a cuánto del incremento en la cotización de los trabajadores debe ir a un fondo común y cuánto a la cuenta individual—la mentalidad individualista muy prevalente en sectores medios se inclina por “déjenmelo todo en mi cuenta”. ¿Debería en cambio la izquierda insistir en privilegiar el fondo solidario? Más aun ¿debería la izquierda simplemente proponer el retorno a un sistema previsional de reparto, como el existente en la mayoría de los países, o al menos proponerlo como una opción alternativa al actual sistema de AFP?

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Bien, eso por el miedo a la pobreza ¿y qué hay del otro miedo de la clase media o pequeña burguesía; el que siente por el desorden y el caos? De acuerdo, nadie quiere el caos (bueno, excepto quizás por algunos descerebrados que creen que es mejor no tener semáforos funcionando), entonces para que haya orden y paz, primero obviamente tiene que haber justicia. Es decir, algo que en entre otros, reclaman los mapuches, la principal minoría indígena de Chile. Un sector que la clase media parece ignorar y hasta temer, probablemente influenciada por las antiguas series de indios y cowboys. Una faceta de la clase media que en su maniobra diversionista, la derecha intenta utilizar para desviar la atención del tema previsional y de las condiciones de inequidad que se da a través de la sociedad chilena. Así, entre ser beneficiada de la histórica derrota propinada a las AFPs con el retiro del 10 por ciento, gracias—principalmente—a una iniciativa de la izquierda, y las expresiones francamente racistas de muchos miembros de esa misma clase media en la Araucanía ¿dónde se la ubicará entonces? El miedo a la pobreza puede inclinarla a sumarse a las fuerzas del cambio social, mientras el miedo al desorden y la inestabilidad, puede llevarla a aplaudir el fascismo. Veleidosa clase media realmente.

 

Por Sergio Martínez (desde Montreal, Canadá)

 

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  1. Gino Vallega says:

    Es interesante el comentario de José Pablo Feinmann en el e diario pagina 12 :
    Los sectores medios , que viven un drama ontológico : abominan de su ser. Porque no quieren ser lo que son (clase media ),
    quieren ser lo que no son ni serán jamás (clase alta) y tienen terror de ser lo que todavía no son (clase baja).En política , el sistema que apoyan es el que más puede llevarlos a ser pobres.
    Los vaivenes pendulares e individualistas son su característica principal , además de su escasa solidaridad poblacional.

  2. ramon roman says:

    La única diferencia entre las clases sociales en un sistema capitalista es la posesión o no posesión de riquezas. Es decir, una diferencia creada por un sistema socio economico y politico, por lo tanto, la ontología nada tiene que ver con esto. En cuanto a lo que escribió el autor del artículo, solamente me voy a referir al ultimo párrafo; Escribe el autor que la clase media exclusivamente siente miedo por la pobreza y por el desorden y el caos. Yo considero que todos los seres humanos aúnados en distintas sociedades SENTIMOS MIEDO POR LA POBREZA, EL DESORDEN Y EL CAOS, TODOS. ¿Acaso solamente la clase media quiere vivir sin pobreza y en paz? En todos los países del mundo las diferentes clases sociales provocan desorden y caos para adquirir lo que creen que han perdido o que quieren tener. Por supuesto que hay excepciones, y estas excepciones se dan en que algunos países han alcanzado una unidad social debido a los beneficios que esos países otorgan a sus ciudadanos (Canada es un ejemplo en América) y las diferentes clases sociales tratan o viven en armonía. En Chile, lamentablemente, nuestra clase media en su mayoría se han distanciado de los pobres creyendo que tienen el derecho a lo que poseen gracias a su dedicación y títulos obtenidos ya que la mantra que repiten es que los pobres son flojos y quieren todo gratis, a diferencia de ellos, pero además de esto, la mayoría de nuestra clase media es racista.ni que decir de la clase social alta . Para terminar, me gustaría que el señor Martinez me explicara que es la izquierda en los partidos politicos que NO GOBIERNAN ACTUALMENTE, en mi humilde opinion, el único partido de izquierda totalmente diferente de las politicas de derecha y que realmente quiere un CAMBIO SOCIAL, es el PARTIDO COMUNISTA, los demás solo son una colita que se mueve cuando se los pide la derecha. Addendum, hay una persona que comentó en el Clarin cuyo nombre es Diego, y que me trató de pinochetista y troll por mis comentarios y me gustaría saber en que se basó para calificarme ese modo y hay otro que me calificó de conspiracionista por apoyar un comentario que decia que morían muchos ancianos en hospitales de Covid, sin tener Covid.

    • Sergio Martinez says:

      Sólo para referirme a la pregunta del lector sobre “qué es izquierda” y que sólo el Partido Comunista reuniría esa condición. Bueno, el problema es que tratar de definir “izquierda” es tan complicado como tratar de definir la clase media, punto que enfoco en mi artículo. Veamos, para el gobierno y la derecha, “izquierda” es todo lo que está fuera de su círculo, incluyendo en eso a la DC. A menudo hacen esa referencia y tratan de negarle carácter de “centrista” a la DC para así ubicarse ellos como una suerte de “centro-derecha”. En buenas cuentas, definir un concepto tan relativo como “izquierda” es complicado. De acuerdo en que el PS actual está muy alejado de lo que fue históricamente, pero gran parte de los chilenos que se identifican como izquierdistas cuando se les pregunta a qué partido se hallan más cerca o a cuál identifican como “izquierdista” dirán que el PS, aunque de inmediato harán la salvedad que “no el actual PS, ni su actual conducción”. Por otro lado, sí, hay que admitir una consecuencia política en el PC y que gracias a que tiene a gente como Jadue, un hombre con carisma y además un buen ejecutor, o a figuras de gran talento y con un futuro que veo muy promisorio como Karol Cariola, tiene ese partido hoy un peso mayor en la opinión pública que su propio peso electoral. Pero de nuevo, sobre qué es ser de izquierda, si se le pregunta a Eduardo Artés y su grupo, ellos dirán que la única izquierda son ellos y que el PC es revisionista y burgués… Es decir, este es un debate de nunca acabar.

      • Señor Martinez, no quiero ahondar en esta conversación que fué comenzada por su ensayo politico, además, no quiero darle más razones a otros que ven en esta conversación una discrepancia en dos personas que, me parece, tienen la misma ubicación política y posiblemente esos otros se soban las manos viendo esta pequeña pelea por desentendimiento de una realidad ideológica de los partidos politicos de la seuda izquierda y los que los apoyan. Lo ultimo que quiero escribir, sr Martinez, es que la definición de izquierda no es solamente estar en una posición contraria a la posición de la derecha, esto es totalmente simplístico, una posición de izquierda es una posición de tener una guía politica, en cualquier democracia, para hacer los cambios sociales que la diferenciarían totalmente del estatus politico y social de los gobiernos de derecha, de los cuales los actuales partidos de la ÏZQUIERDA han sido “cheerleaders” , parte y apoyadores totales de este sistema neoliberal y del cual el Partido Comunista, aunque fué parte de una coalición de gobierno de la seuda izquierda( esto lo podríamos conversar) , siempre trató, con su pequeño percentage de poder, influenciar a esos gobiernos. De antemano, gracias por su respuesta a mi pregunta, que realmente no aclara en nada el concepto de izquierda política, tanto en los elegidos, como en los que los eligieron.

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