Economía

Una canasta básica digital, una buena idea

La Secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina, Cepal, la Sra. Alicia Bárcena, ha levantado recientemente un concepto que es importante rescatar en los debates sobre políticas económicas que recorren hoy en día al país.  Se trata del concepto de canasta básica digital, compuesta por un conjunto de tres elementos que permitiría incorporar al mundo de las tecnologías de la información y de las comunicaciones a cientos de personas de bajos recursos que hoy en día conforman un verdadero ejército de ciudadanos y ciudadanas – fundamentalmente mujeres- marginados de uno de los circuitos fundamentales por donde fluye la apropiación de conocimientos e informaciones en el mundo contemporáneo y que constituye, además,  una herramienta de trabajo básica en los mercados laborales.

Según A. Bárcena esa canasta básica digital debería estar compuesta por tres elementos: computadora personal, celular y acceso a internet.

En el Chile actual, con alta difusión privada del uso del celular, la atención de las políticas públicas podría centrarse en los otros dos componentes de la canasta. Se hace imprescindible, sin embargo,  agregar un cuarto elemento que debería ser parte inseparable de la canasta digital. Nos referimos a la capacitación en el uso de las técnicas computacionales, pues sin eso el proceso puede tener efectos muy escasos. Se pueden generar cursos masivos en educación digital, impartidos en salas computacionales generadas a nivel comunal – o en espacios territoriales menores – en locales comunitarios, escolares o municipales, que tengan como incentivo la donación del computador para quienes culminen el curso básico, con horarios flexibles y duración de unas pocas semanas. Posteriormente esos laboratorios y/o salas computacionales deben tener continuidad para efectos de cursos más específicos y para asesorías y solución de dudas.  Inicialmente, los destinatarios preferenciales – o incluso exclusivos – de un proyecto nacional de esta naturaleza deberían ser mujeres que estén o busquen incorporarse al mercado del trabajo. Ya en alguna medida la experiencia de los infocentros – posteriormente abandonada-  avanzaba en esa dirección.

Pero  el computador no tiene poderes mágicos para cambiar la vida de las personas. Si la campaña de masificación de la educación digital no va acompaña de otros cambios societales encaminados a incorporar a la mujer en la actividad laboral, cultural, social  y política, el computador puede terminar como parte del  mobiliario domestico y/o jugar el mismo papel,  no siempre positivo, del televisor, que difunde informaciones al gusto de lo grandes poderes fácticos que dominan los circuitos comunicacionaes. Un papel importante puede jugar en ese contexto la universalización de la paridad de género en una mayor cantidad  de órganos colegiados, públicos o privados, y las campañas para extender la educación media a todas las mujeres, lo cual potenciaría su inserción y su productividad laboral y social.

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El accceso fluido y permanente a internet es también de vital importancia. Sin ello, no se puede acceder a toda las potencialidades del celular ni del computador, o sale muy caro hacerlo.  Pero siendo ese acceso un servicio proporcionado por empresas privadas, que hacen uso del espacio radioeléctrico que pertenece al país, es una cuestión cuyos precios y extensión territorial se pueden negociar al momento de las concesiones correspondientes, de modo de democratizar su acceso.

Un proyecto de esta naturaleza tiene indudablemente costos, que pueden ser compartidos entre el gobierno central, el gobierno municipal e incluso empresas privadas y ONGs, pero que se pueden y se deben asumir, y se trata de proyectos sobre los cuales  existen experiencias pilotos en el país.

Toda esta universalización de la educación digital y de sus políticas complementarias implicarían un gran salto adelante en la lucha contra la marginación laboral, social, cultural y política de los sectores de más bajos ingresos – y en alta medida de las mujeres que se encuentran en esa situación – y supondría un avance sostenido – y no solo coyuntural o en épocas de crisis – en materia de distribución del ingreso y  – lo que es quizás lo más importante – en materia de distribución del poder.

 

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Por Sergio Arancibia

 

 

 

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Economista

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