Al criminal Álvaro Uribe y al ejecutor de la barbarie, Iván Duque, les conviene la matanza entre colombianos, y su ideal sería el de retornar a casi un siglo de guerra desde sus inicios de violencia en Colombia: una guerra de enfrentamientos entre dos bandos armados, que terminó con los Acuerdos de Paz (¿?) de La Habana, y, por mucho que lo intenten los uribistas, ya muy pocos creen en que el ´Castro-chavismo y Maduro´, haya impulsado la rebelión de la juventud colombiana contra el inicuo e ineficiente gobierno de Duque y de su papá, el asesino Uribe, que le encanta ver correr la sangre de los jóvenes colombianos.

El hambre,  la miseria y la injusticia, hoy por hoy, son mucho más poderosas  que el plomo y la sevicia de los policías y militares, y mientras sean los pobres los que se maten entre ellos – como  pretende el gobierno – el  asesino Uribe y su delfín, el cerdo Duque, estarán felices.

Los analistas políticos plantean varios escenarios posibles de la difícil situación colombiana: en primer lugar, el chileno, es decir, desescalar el conflicto que, en Chile fue posible, gracias al acuerdo de la clase política, con la convocación a una Convención Constituyente, (en noviembre de 2019, a raíz del “estallido social” del 18-0), claro está, con varias trampas incluidas; la segunda salida sería la ecuatoriana, es decir, el enfrentamiento del pueblo contra el gobierno del traidor Lenin Moreno; la tercera, la imposibilidad de un acuerdo, por consiguiente, el desarrollo de una guerra civil; la cuarta salida, la instauración de una dictadura militar, (a diferencia de los demás países de América Latina, Colombia sólo ha tenido la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla).

En la era moderna, los enfrentamientos entre pobres y ricos, los proletarios y los burgueses, se basaban en la propiedad privada. El gran aporte de Carlos Marx fue el de haber descrito el carácter del conflicto capitalista, (la lucha de clases entre burgueses y proletarios, que lleva al fin del Estado y a la instauración de  una sociedad sin clases).

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La posmodernidad consiste en la destrucción de los megarrelatos, es decir, el marxismo, el más importante de toda la historia contemporánea.

El nazi chileno, (filósofo de segunda categoría), Alexis López, estudiando, así fuera superficialmente, a los grandes filósofos contemporáneos del poder, (Foucault y otros), desarrolló una nueva teoría posmoderna, denominada la “revolución molecular disipada”, una fórmula ideal para derrotar las insurrecciones del pueblo latinoamericano: ya no se trata de la lucha de clases, sino  de la práctica de un fascismo al estilo Álvaro Uribe Vélez, el asesino sin piedad, culpable de muchos crímenes, entre ellos, los de los “falsos positivos”.

El departamento del Valle del Cauca y Cali su capital, se ha convertido en el centro de rebelión popular colombiana: durante el día lunes, 10 de mayo, la Minga indígena fue atacada por la policía, que dio lugar a más de cuatrocientos heridos, y el gobernador ordenó el cierre de la ciudad, Cali.

Mientras el cerdo, Iván Duque, permanezca en el poder, el diálogo social es prácticamente, imposible, y ayer, día de la convocatoria al diálogo, la situación del conflicto quedó igual, pues el gobierno no cede en el retiro a los militares y enviarlos a sus cuarteles, hecho que imposibilita todo tipo de diálogo y acuerdo. Para el miércoles 12 de mayo, se ha llamado a un nuevo paro nacional.

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Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

11/05/2021

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Historiador y cronista

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