Opinión política

Tren de la nostalgia

Lo prometido. El futuro gobierno de Gabriel Boric dará prioridad a la construcción del tren, que unirá a las ciudades de Valparaíso con Santiago. De inmediato, uno se pone a evocar aquellos lejanos días de la niñez, cuando viajar en tren, constituía una aventura. En nuestra época, eran a carbón y se deslizaban emitiendo el característico traca traca, igual a letanía y dejaban una estela de humo negro. Mientras uno miraba por la ventanilla, se dedicaba a observar cómo los cables del tendido del telégrafo, subían y bajaban, semejando a silenciosas olas. De pronto, aparecía el encargado de vender en canastos, bebidas gaseosas y las tortas de Curicó. Una fiesta del transporte, donde también aparecían poetas vendiendo la Lira Popular. Aquello es solo recuerdos de una época donde el tren, cubría casi todo el territorio de Chile.

A menudo se dice que el tren es una ciudad en movimiento y en el siglo pasado, Chile tuvo una red ferroviaria, de las mejores de América Latina. Los ramales, brazos extendidos de un tronco, llegaban a la costa o se internaban hacia los faldeos de la cordillera de los Andes. Hoy, languidecen aquellas regiones y el tren, ha enmudecido. La vía férrea duerme años en silencio y tendida bajo la maleza, espera su renacer. ¿Cómo olvidar el ramal de San Fernando y Santa Cruz a Pichilemu? Hacia allá viajaban a veranear las familias de la Provincia de Colchagua. Hubo un viejo intento de convertir este pueblo en una especie de balneario europeo y aún existen algunas mansiones, que hablan del frustrado esplendor, el cual no se materializó.

Viajar en tren desde Santiago a Puerto Montt, constituía una singular aventura. Inigualable odisea, para quienes aman los trenes. El viaje, en tiempos de gloria, tardaba 14 horas, cuando las locomotoras eran a diésel. A carbón, se extendían casi por un día y era necesario desayunar y almorzar en el tren, donde el servicio de restorán le otorgaba al viaje, un adicional encanto. A veces era necesario dormir en el convoy y la fiesta se prolongaba hasta la amanecida. Ahora, el tren llega hasta Chillán y los santiaguinos no deben quejarse. Pueden viajar hasta esa ciudad en la mañana a comprar longanizas, y regresar a Santiago en la tarde.

La red norte, finalizó en 1975 su funcionamiento, en plena dictadura militar. Quedaron algunos tramos vivos, minúsculos, que apenas satisfacen las necesidades de la región. Obsequio del déspota Pinochet al transporte privado, cuya colaboración al golpe militar, resultó decisivo, después de paralizar el país. También el ferrocarril entre la ciudad de Los Andes-Chile y Mendoza-Argentina, inaugurado en el año 1910, finalizó su funcionamiento en 1984. En ese tren venían desde Argentina, infinidad de inmigrantes, desde Europa y el Medio Oriente, que llegaban en barcos italianos al puerto de Buenos Aires. Antes de 1910, los inmigrantes cruzaban la cordillera a lomo de mula y la travesía no se hallaba ajena a riesgos. La eliminación de este tren, significó un beneficio adicional, al transporte terrestre. La tiranía, es decir la oligarquía con disfraz de Santa Claus, regalaba lo robado, después de atiborrarse las faltriqueras con los caudales públicos. Al finalizar la dictadura, aunque permanece enquistada en algunos segmentos de la sociedad, sucesivos gobiernos intentaron despertar las dormidas estaciones. Rieles y durmientes de infinidad de trenes, que se niegan a morir. Construcciones, que aún enhiestas se mantienen en pie, como homenaje a un país que, debido a su larga y angosta faja de tierra, precisa de un trasporte seguro y rápido. Que semejante a flecha de Cupido, recorra su espinazo de norte a sur y extienda sus hospitalarios brazos, hacia la cordillera de Los Andes y al océano Pacífico.

El tren es un apreciado regalo, para quienes aman a su país.

Advertisement

 

Por Walter Garib

 

 

 

Advertisement
Advertisement
Síguenos:
error1
fb-share-icon0
Tweet 20

Escritor

Related Posts

  1. Sonia Rasjido Avalos says:

    El tren al norte de Iquique a La Calera y viceversa,todo un acontecimiento su parada en la estación de Pueblo Hundido (el tirano le cambió el nombre a Diego de Almagro) donde se bajaban cientos de personas con cargamentos de compras realizadas en la zona libre de Iquique, llegaba a eso del mediodía y las “cazueleras” vestidas impecables atendían a los comensales,con las mejores cazuelas jamás probadas,ellas entre gritos invitando a paladear tal exquisitez servían sus platos llenas de alegría y buen trato.Muchos niños del pueblo esperaban el tren para “canchar” con sus carritos de madera tirados por ellos mismos y, los pasajeros subían sus bolsas, bultos y un cuanto hay,los niños corrían a dejarles,sea a sus domicilios o alguna “pensión” a los que debían viajar al interior Inca de Oro,Salado,Potrerillos, las monedas que ganaban los niños iban directamente a ayudar a sus padres mineros pirquineros y mamá trabajadora en el hogar.
    Podría seguir,sólo decir que el tren era no sólo un medio de transporte, era además una fiesta donde se concentraba mucha gente desde quiénes iban a pasear a la estación ,hasta quienes ganaban sus monedas.
    El tren de pasajeros Nunca debió desaparecer!!!!!!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

El Clarín de Chile · Aviso legal Privacidad Política de cookies
Danzai Software