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La Convención soporta furibunda acometida

Los tramos decisivos de la Convención Constitucional que elabora la nueva Constitución descontrolan, descomponen y encolerizan a la derecha política y económica que observa con pavor  cómo se acerca el término de sus granjerías y privilegios que ostentan sin contrapeso ni pudor desde la dictadura hasta ahora.

En las últimas semanas los dueños del dinero han intensificado su odiosa campaña de desprestigio contra la Convención y por todo los medios se esfuerzan en su fracaso buscando la continuidad de la Carta Magna pinochetista antidemocrática e ilegítima, aprobada mañosamente en pleno terrorismo de Estado, cuando las personas que salían de sus casas no tenían la certeza de regresar.

Chile está todavía hoy marcado por el infame legado de la tiranía:  están vigentes la Constitución de Pinochet, el modelo económico neoliberal, la institucionalidad mercantil y las desigualdades que derivan como secuelas, todo lo cual las dos derechas que gobernaron durante 30 años no quisieron alterar dando paso a una irritante concentración del dinero, el enriquecimiento de unos pocos, los abusos patronales, la corrupción y la privatización de todo lo que constituía lo último del patrimonio estatal.

Las consecuencias directas se reflejan en ausencia de escolaridad, cesantía, más campamentos de tránsito y zonas de sacrificio, endeudamiento, pobreza,  falta de oportunidades y una delincuencia que avanza a pasos agigantados.

La desigualdad entre una minoría poseedora y la mayoría desposeída se traduce en una progresiva anulación y privatización de los derechos inalienables de los ciudadanos,   ante la complacencia de los administradores del sistema dominante.  Ni las autoridades elegidas tras la dictadura ni la casta política servil han reaccionado en décadas.

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Todo ello no merece ligeros retoques reformistas ni manifestaciones menores.  Los chilenos del siglo XXI tienen derecho a una Constitución democrática, que deje atrás el lastre impuesto por la fuerza de las armas en 1980 y que estructure las bases para un futuro de bienestar y progreso para todos.

La Convención que redacta la nueva Constitución trabaja en silencio y ha confirmado que su desempeño terminará el 4 de julio próximo. Por de pronto, lo más relevante que viene de aprobar en la propuesta que hará al país es que “Chile es un Estado social y democrático de derecho. Es plurinacional, intercultural y ecológico”.

Se agrega que “Chile constituye una República solidaria, su democracia es paritaria y reconoce como valores irrenunciables la dignidad,  la libertad, la igualdad de los seres humanos y su relación indisoluble con la naturaleza. La protección y garantía de los derechos humanos individuales y colectivos son el fundamento del Estado y orientan su actividad”.

Tales propuestas aprobadas por el pleno de la Convención provocan la indignación de los ricachones y sus representantes en la vida política y empresarial.  Allí no aparecen los antivalores del capitalismo y del mercado,  que son los suyos, no asoman azotes como la desigualdad, los abusos y la usura que acostumbraron al país,  y el Estado recupera su papel protagónico junto con la restitución de los derechos sociales vitales para la ciudadanía.

Las nuevas normas constitucionales anticipan que la derecha, los poderosos y el pinochetismo dejarán de someter al pueblo. La CPC y la Sofofa tendrán que bajar su tono prepotente y el financiamiento de políticos corruptos,  y entidades empresariales como la Asociación de la Prensa y la Archi se tragarán la hipocresía de aparecer  defendiendo presuntamente la libertad de prensa y el pluralismo informativo. Tampoco tendrá validez  la intromisión de ex presidentes conservadores,  desfasados,   opinantes pero desconectados de las aspiraciones populares.

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Lo que se está construyendo hoy es legítimo porque se está haciendo de forma democrática. Si hay rechazo se va a retroceder a lo del 80 y toda la posibilidad  de mejoras que hay en el país,  en términos de derechos sociales, régimen político y sistema de justicia va a quedar estancada.

En la ciudadanía existe la confianza de que contra la furibunda acometida del poder del dinero, la Convención Constitucional sacará adelante su histórica tarea: sin duda una gran mayoría de chilenos repetirá el triunfo de la opción Apruebo en el plebiscito de salida que tendrá lugar en el segundo semestre de este año.

 

Por Hugo Alcayaga Brisso

Valparaíso

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  1. Serafín Rodríguez says:

    Toda la razón, pero tampoco se le puede dar a la CC un cheque en blanco sin estudiar a fondo la propuesta final que formule. Una Constitución es un contrato político socisl y como todo contrato hay que leerlo para decidir si se está de acuerdo o no. Para eso está el plebiscito de salida!

  2. Gino Vallega says:

    Hay suficiente información sobre lo que se está decidiendo en la CC , si desea buscarla. Si sólo lee El Mercurio y afines y sigue a Juanito Sutil como futuro dictador de chile, no se queje si no sabe lo que está pasando : no le crea a los amarillos ni a los ex presidentes aclamados por los mercaderes del templo, busque ,lea y entérese que no hay “hoja en blanco” y todo se ha discutido y aprobado por los 2/3 exigido por los sutiles y lagos y otros “adoquines” políticos. La CC está haciendo un trabajo FENOMENAL y presentando un nuevo Chile que se aleja de los abusadores y corruptos de los 50 años del golpe.

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