Opinión Política

La lenta agonía de la Democracia Cristiana

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Como ocurre con las instituciones moribundas, la Democracia Cristiana vive un lento desangre, y ya queda muy poco de las épocas gloriosas de la historia de este partido. En la pos segunda Guerra Mundial, las Democracias Cristianas disputaban el poder a los Partidos Socialdemócratas: en Italia la Democracia Cristiana rivalizaba con el Partido Comunista, (era la carta de Estados Unidos para evitar que el Partido Comunista tomara el poder); en Alemania, los democratacristianos se hicieron al poder luego de la derrota del Nacionalsocialismo; en Francia, el Movimiento Republicano Popular (MRP), disputaba el poder con los socialistas de la Sección Francesa de la Internacional Obrera, (SFIO), en la IV República francesa; en España, el franquismo acaparó la representación católica que, posteriormente, pasó al Opus Dei.

Las Democracias Cristianas en el mundo conformaban una Internacional, disputándole la hegemonía a la II Internacional Socialdemócrata, como también a la III Internacional Comunista y a efímera IV Internacional trotskista.

En América Latina, particularmente en Chile, la Democracia Cristiana estaba a la vanguardia, muy cerca de la Organización Política Electoral Independiente, (COPEI), de Venezuela, y ambos partidos políticos llevaron a sus líderes a la presidencia de su país, (en Chile, a Eduardo Frei Montalva y, en Venezuela, a Rafael Caldera).

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En los congresos de la Democracia Cristiana latinoamericana participaban distintos líderes de partidos socialcristianos, entre ellos, Luis Cornejo Chávez.

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El camino político-electoral del socialcristianismo chileno no fue fácil: su predecesora, la Falange Nacional, siempre había logrado menos del 5% en las votaciones presidenciales y parlamentarias, y sólo era un pequeño Partido mesiánico, dirigido por una generación intelectualmente brillante, pero en muchos momentos estuvo condenado al aislamiento, bajo el eslogan “del vuelo del cóndor”, que pretendía superar las izquierdas y las derechas, así como al capitalismo y al socialismo. La Falange pretendía ser la encarnación de la vocación popular al servicio de los más pobres: su idea central era la redención del proletariado.

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A fin de combatir el comunismo, los falangistas y, posteriormente, los democratacristianos, pretendían penetrar en las organizaciones de trabajadores, en las campesinas, en las Federaciones estudiantiles, y también en las femeninas y en otros Movimientos populares.

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En los años 60 del siglo XX la Democracia Cristiana chilena estuvo apoyada incondicionalmente por la iglesia católica y por el gobierno de Estados Unidos que, después de la derrota en Cuba, cambió de estrategia con respecto a las derechas latinoamericanas, al reemplazar las dictaduras militares por partidos políticos progresistas, especialmente las Democracias Cristianas.

En Chile, con el triunfo de Eduardo Frei Montalva en las elecciones presidenciales, (1964) y, posteriormente, en las parlamentarias de 1965, la Democracia Cristiana no sólo lideró el sistema político parlamentario, (con 82 diputados sobre 150), sino que también logró hegemonizar a una sociedad civil, la cual manifestaba un deseo de cambios estructurales, (promoción popular, reforma agraria, reforma educacional…) El líder democratacristiano, Radomiro Tomic, anunció “el comienzo de los 30 años de una supuesta “Revolución en Libertad”.

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La Democracia Cristiana no sólo tuvo dos almas, el progresismo y la revolución: el purismo o la política de alianzas, la vocación popular o el centrismo, que terminó pactando con la derecha, llevando a muchos de sus líderes a aplaudir la dictadura militar, encabezada por Augusto Pinochet Ugarte. En resumen, se optaba por las minorías abrahámicas Vs el pragmatismo ciego ilimitado.

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Después del quiebre de la Democracia Cristiana, que dio nacimiento al MAPU y, posteriormente, a la Izquierda Cristiana, la Democracia Cristiana quedó vaciada de su vocación popular, al ser dominada por un sector que siempre postuló por el camino propio, haciendo caso omiso de las ideas de cambio, que dieran lugar a un proyecto nacional y popular.

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Ya, prácticamente sin doctrina y sin ideales, a la Democracia Cristiana no le quedó otro camino que el devenir en un Partido burocrático, personalista y de lucha entre intereses personales de sus “señores feudales”; así, el “camino propio no era más que un disfraz para evitar el ser dominada por la derecha.

La renuncia de Ximena Rincón y de Matías Walker, después de una continua sangría de los últimos años de varios dirigentes y militantes de la Democracia Cristiana, sólo viene a confirmar que el moribundo Partido ya no tiene espacio en un sistema político fragmentado, donde predomina el reparto de los cargos públicos.

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Ahora sólo le queda a los partidos políticos históricos el recuerdo de “las viejas glorias, de esas que ya no volverán”.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

28/10/2022

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Historiador y cronista

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  1. Felipe Portales says:

    Interesante artículo. Pero al menos es importante hacer algunas precisiones. Una, es que en Europa y América Latina la Democracia Cristiana tuvo importancias y orientaciones muy distintas. En la Europa que se liberó del nazi-fascismo -en varios países con mayoría católica o en que estos son significativos- la DC tuvo mucha importancia en la posguerra tanto para la «democratización» con sentido social de los sectores conservadores como para la creación de la Comunidad Económica Europea (CEE, antecesora de la UE actual). Y todavía la preserva en países como Alemania, Austria, Bélgica y Holanda, aunque ciertamente ha perdido importancia. En cambio, en América Latina se orientó a la transformación de los tremendamente injustos sistemas sociales de la región, pero nunca alcanzó mucha relevancia, salvo en Chile, Venezuela, Guatemala y El Salvador. Y en estos tres últimos desapareció hace tiempo por su profunda corrupción (Venezuela) o por su corrupción asociada a graves violaciones de derechos humanos como en El Salvador y Guatemala. Y en nuestro país -como bien lo indica el artículo- está en una lenta agonía producto de su derechización neoliberal combinada con diversas formas de corrupción.
    Pero el artículo no valora las profundas reformas que desarrolló el gobierno de Frei (1964-70) que -entre otras cosas- efectuó una Reforma Agraria y una sindicalización campesina que acabaron con el secular sistema de hacienda. Algo que diversos gobiernos de «centro-izquierda» anteriores nunca siquiera intentaron.
    Y el artículo tampoco valora la importancia del PDC en la creación de la Concertación que fue capaz de derrotar a Pinochet en 1988. Y «se salta» de considerar el abandono y engaño ideológico protagonizado ¡por todos los partidos de la Concertación (PDC, PR, PPD y PS) a partir de 1989! ¡No sólo por el PDC! Y que lentamente ha llevado a la bancarrota moral y política a dichos partidos, conservando todavía alguna presencia relevante el PS. Todavía…

  2. Patricio Serendero says:

    Si de precisiones se trata, entonces hay que decir que la Reforma Agraria de la DC fue mas profunda en términos relativos que aquella del gobierno anterior de Alessandri, la que expropiando unos poquísimos fundos hizo que la prensa la llamara una «reforma de macetero». Predios del Estado y la Iglesia principalmente. Ahora, de ahí a considerar «profunda » la reforma de la DC como dice Portales, no corresponde exactamente a la verdad. Profunda fué la Reforma Agraria de la UP, la que efectivamente terminó con la estructura latifundio-minifundio en el campo. Veamos. El gobierno de Frei expropió alrededor de 1400 predios con un total de 3.5 millones de hectáreas. La UP expropió aproximadamente 6400 predios y 6.4 millones de hectáreas. (las cifras son de Memoria Chilena del Gobierno: http://www.memoriachilena.gob.cl/602/w3-article-3536.html.) O sea, 3 o 4 veces más predios y el doble de hectáreas.
    Realmente importante durante la reforma agraria de Frei Montalba fueron eso sí, los mas de 400 sindicatos campesinos nuevos creados abarcando mas de 100.000 campesinos.
    Al César lo que es del César.

    • Serafín Rodríguez says:

      Y a Dios lo que es de Dios pues después vino Pinochet y sus secuaces que hicieron y deshicieron a su gusto y amaño para que los mismos que habían participado en todo lo anterior perpetuaran su herencia y disfrutran de ella como los grandes administradores del país porque gratis no lo han hecho! Si hasta prestigio inernacional han logrado!

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