El país que lleva este nombre en honor al Libertador de cinco repúblicas, Simón Bolívar, (antiguo Alto Perú, gobernación de Charcas), está ubicado en el centro de América del Sur. Sus procesos políticos, lejos de ser periféricos, son muy importantes para el Continente: Bolivia, en los años 50 del siglo pasado, fue protagonista de una revolución frustrada, dirigida por el Movimiento Nacionalista Revolucionario, que promovía, entre otros cambios, la reforma agraria.

 

Evo Morales llegó al poder cuando Bolivia estaba a punto de librar una guerra civil, y tanto Evo Morales como Carlos Mesa fueron protagonistas centrales en las guerras del agua y del gas.

 

Los largos catorce años de los tres gobiernos de Morales han sido los más estables y económicamente exitosos en la historia contemporánea de Bolivia: superó en la duración de su mandato al mariscal Andrés de Santa Cruz, fundador de la Confederación Perú-boliviana, derrotada por Chile en la tercera década del siglo XIX.

 

La lucha entre cruceños y paceños es de larga data: Santa Cruz de la Sierra es el departamento más rico de Bolivia, que siempre se ha sentido aplastado por la capital, La Paz. Al comienzo del gobierno de Evo Morales los cruceños intentaron independizarse de Bolivia, pero el éxito económico del gobierno de Morales le permitió al empresariado cruceño una cercanía que, en principio, era positiva para ambos.

 

El racismo ha sido el signo distintivo de Bolivia, dirigida por una minoría blanca, que era heredera de los españoles. Las “cholas”, (mujeres con pollera y sombrero), eran despreciadas y marginadas; Bolivia, un país de mayorías indígenas, estaba comandado por los blancos racistas, (en este sentido resaltaba la memoria de Andrés Santa Cruz, un mestizo que alcanzó la más alta magistratura del país). Evo Morales, un Presidente aimara, además líder cocalero era, en razón de sus orígenes, una ofensa para la oligarquía boliviana.

 

La Asamblea Constituyente boliviana, que cimentó el Estado Plurinacional de Bolivia ha significado, durante estos catorce años, una incorporación del mundo indígena a la sociedad boliviana, sin precedentes en América Latina.

 

No se puede negar que el gobierno de Evo Morales ha sido el más exitoso en la historia de Bolivia, pues no sólo le dio estabilidad política, sino también económica:

 

en lo político, 1) ganó consecutivamente tres elecciones presidenciales, con más del 50% de los votos, 2) tuvo dos tercios de mayoría en ambas Cámaras durante todo su gobierno.

 

en lo económico, 1) nacionalizó los hidrocarburos, especialmente el gas natural; 2) Bolivia ha subido los  índices de crecimiento de 5% sostenido, durante estos 14 años, es decir, ha más que duplicado – casi triplicado – su PIB; 3) en cuanto a la deuda externa el déficit,  al final de estos 14 años, había llegado sólo a 1/3 del PIB; 4) la  inflación ha sido baja, siempre menos de dos dígitos; 5) el dólar se ha mantenido estable y así ha podido evitar la destrucción del Boliviano – a diferencia del peso argentino -; (hay reconocer que esta política boliviana obedece a un control de cambios y no a la libre flotación del tipo del dólar ).

 

En lo social. 1) combatió exitosamente el analfabetismo, 2) redujo la pobreza, que era una endemia en Bolivia; 3) permitió la formación de una clase media emergente en la Paz, Cochabamba, Santa Cruz, como también en otras ciudades.

 

En temas internacionales, 1) Morales fue capaz de hacerle frente a Estados Unidos, 2) ha mantenido buenas relaciones con China y Rusia, además, un cordial entendimiento con Europa, (lo prueba, por ejemplo, los Acuerdos con Alemania sobre el litio).

 

El peor error que puede cometer un gobernante es aferrarse al poder, incluso si su gestión es exitosa: en este plano, la ambición de Morales fue demasiado lejos, hasta tal punto que dio espacio y “justificación” a los golpistas. Habría que resaltar la incapacidad de Evo Morales para promover una generación de recambio y un liderazgo que lo reemplazara.

 

El gobierno de Estados Unidos está eligiendo distintas vías para llevar a cabo sus golpes de estado y poder así reinstalar las clases herodianas en los gobiernos de los distintos países de América Latina:

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En Honduras, saca de su casa al Presidente Manuel Zelaya en pijama por la fuerza militar y, ahora, se hace el desentendido con respecto al fraude electoral de Juan Orlando Hernández, un títere más al servicio del imperio;

 

en Brasil, defenestra, mediante un juicio político a la Presidenta Dilma Rousseff y, ante el peligro del posible de triunfo de Lula da Silva, lo nace encarcelar por el corrupto juez, Sergio Moro; usa el golpe político-jurídico contra el Presidente Fernando Lugo, en Paraguay y, ahora la sugerencia militar para derrocar a Evo Morales y a su vicepresidente Álvaro García.

 

En todos estos golpes, en que se aplica “la zanahoria y el garrote”, siempre están presentes los militares, a veces, en el primer plano de la foto y, otras, detrás: el reciente golpe de Estado contra Evo Morales, así el gobierno de Donald Trump y sus mozos, (Iván Duque, Jair Bolsonaro, Mauricio Macri y Sebastián Piñera, que se muere de ganas pero su teléfono marca siempre ocupado, a causa de que el pueblo chileno le cortó el cable),  lo nieguen reduciendo el hecho a una simple renuncia, la verdad es que Estados Unidos lo planeó y lo llevó a cabo con sólo mover a sus marionetas, Carlos Mesa y el fascista evangélico, Luis Fernando Camacho, ultraderechista cruceño surgido desde las bases más conservadoras del empresariado del departamento de Santa Cruz.

 

No le podemos pedir a Evo Morales que tenga el heroísmo del Presidente Salvador Allende, de inmolarse por Chile en razón de fines superiores, la democracia y su pueblo, sin embargo, estaba claro que la situación boliviana iba camino a una guerra civil, y que el gesto del Presidente y del vicepresidente intentó evitar una eventual matanza entre bolivianos. (¡Qué distinta la ética de Morales y la de Piñera, que no duda en joder a Chile para empecinarse en mantener el poder!)

 

A la renuncia de Evo Morales y de Álvaro García Linera le sucedió un vacío de poder al imitarlos la presidenta del Senado, Adriana Salvatierra, (nacida en Bolivia, de padres chilenos, es decir jus sangüinis chilenos y jus solis boliviano).  A esta tercera renuncia le sucedió la primera vicepresidenta del Senado y el presidente de la Cámara de Diputados, y por esta razón sólo quedaba en la línea de sucesión la segunda vicepresidenta del Senado, Janine Añes, quien hoy deberá convocar al Congreso para discutir la renuncia del Presidente y vicepresidente, presidenta y vicepresidente del Senado y, a su vez, ella misma ser nombrada presidenta del Senado, asumiendo la presidenta interina de Bolivia, y llamar a elecciones generales, a llevarse a cabo antes del 22 de enero de 2020.

 

El MAS, de Evo Morales, tiene 2/3 en ambas Cámaras, y puede negarse a dar quórum, que prolongaría el vacío de poder. No muy diferente a Chile, la derecha boliviana comienza a vengarse de los partidarios de Morales, en su mayoría militantes del Partido MAS. En el Alto de la Paz, los partidarios del gobierno saliente han intentado bajar a la Plaza Murillo, donde se encuentra el Palacio Quemado, y los policías han solicitado la intervención de los militares que, esta vez se han unido a ellos para atacar a los habitantes del Alto de la Paz.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

12/11/2019                     

                     

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