Ayer, 31 de enero, se dio a conocer el informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, (CIDH), que es el quinto documento que condena a Chile por la violación sistemática a los derechos humanos, (sumado al del Alto Comisionado de la ONU, de HRW, Comisión canadiense de los Derechos Humanos y CCHDH).

No cabe duda de que la violación de los derechos humanos emana del Estado, Organismo cuyo deber es el de la protección a la integridad física y moral de todos los ciudadanos. El gobierno de Sebastián Piñera deberá responder ante el pueblo chileno y ante la comunidad internacional por estos abusos, (afortunadamente hoy, a diferencia de la época de la dictadura de seguridad nacional en Chile, no sólo existe una Corte Interamericana de Derechos Humanos y otra de la Corte Penal Internacional de la Haya,  ante las cuales deben responder los gobernantes que han atropellado los derechos humanos de conciudadanos, y Piñera no escapará del juicio ante estos Tribunales).

La expresión “desorden establecido” pertenece al filósofo francés, Emmanuel Mounier, en su libro Manifiesto al servicio del personalismo. Este pesador inspiró a las izquierdas de la Democracia Cristiana cuando los cristianos dialogaban con los marxistas, cuyo inspirador fue Roger Garaudy, (se convirtió de marxista ateo al catolicismo)

Según Mounier, el desorden establecido es producto de la injusticia del capitalismo salvaje, sólo que este contenido es muy difícil que lo comprenda una persona tan limitada como el Presidente Piñera, hoy por hoy, el personaje menos empático, más pesado y más odiado de Chile, (incluso, superó al Chino Ríos en adjudicarse el “premio limón”).

El Presidente Piñera, con su incapacidad para entender el país, está provocando la extensión en el tiempo de la ira de los chilenos, pues no comprende que la violencia es producto de la injusticia y el abuso de las clases plutocráticas que él representa y protege, en desmedro de la mayoría de los chilenos. Él cree, como los hacendados de antaño, que basta regalarle “un saco de porotos” a los peones para dejarlos contentos y sumisos.

Tancredo Pinochet, el gran periodista y escritor de comienzos del siglo XX, disfrazado de gañán, relató en su visita al fundo del ex Presidente Juan Luis Sanfuentes, cómo trataban a los campesinos en el Centenario, a quienes se les hacía trabajar de sol a sol, y sólo se les daba una galleta como almuerzo. Un siglo después, la mayoría de los descendientes de esos chilenos habitan en las grandes ciudades, con empleos precarios y sueldos de miseria y, lógicamente, endeudados hasta el fin de los tiempos, y si por casualidad un hijo o pariente accede a la universidad y se convierte en profesional, tendrá que pagar a los bancos una millonada por el coste de sus estudios. Antes, la Universidad de Chile pertenecía al país y, por ende, a los ciudadanos, hoy es privada, y épocas estivales, con altas temperaturas, en poco tiempo tendremos que pagar el vaso de agua a los Pérez Yoma y a los Walker…dueños del agua; si tuvimos la mala suerte de nacer, por ejemplo, en Petorca, tienes que beber barro a causa de la sequía y a la apropiación de las vertientes y ríos por parte de los agricultores ricos, con la anuencia del congresistas que aprueban leyes en beneficio propio, pues los hacendados les retribuyen generosamente).

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En el pasado, el diputado Rafael Vives, (hermano de mi abuela), se hacía elegir diputado para defender sus intereses personales, y no participaba en las comisiones, salvo si se trataban temas relacionales con su fundo, (al menos era cínico, y no hipócrita como la gran parte de los parlamentarios actuales, que vienen de aprobar una ley que favorece a los congresistas propietarios de las aguas).

El odiado Sebastián Piñera acaba de proponer las prioridades para lo que resta de su gobierno: el plan social, que es el gatopardismo puro, el proceso constituyente, (ya ha comenzado a ser vilipendiado por la derecha), y el restablecimiento del orden público, pero a sangre y fuego. Para el patrón de patrones el único orden aceptable es que los descontentos no puedan manifestar y denunciar las injusticias, así sea pacíficamente, y que carabineros, ojalá, masacren a quienes se atrevan a rebelarse, (el único “comunista” bueno es el comunista muerto), y sólo a la izquierda servil al gobierno se le permite llamarse “oposición”, entre quienes se encuentran – según la derecha – los únicos demócratas, que son los democratacristianos, los demás están fuera de cualquier entendimiento, pues son parte del “eje del mal” chileno.

Cuando a causa del casi tórrido verano actual chileno parecía que, ni siquiera, “la primera línea” quería salir a la calle, Sebastián Piñera vuelve a la carga y, ahora, los carabineros la emprenden contra las “barras bravas”: un camión, especial para transportar caballos, ¿Qué hacía a la salida de un estadio de futbol?), cruza a 100 km. por hora y atropella a un joven barrista de Colo Colo ocasionándole la muerte; sus compañeros, también asistentes al partido de futbol y testigos de hecho, quisieron auxiliarlo, pero se les impidió a través del carro lanza aguas y zorrillo. Con este asesinato Piñera suma gratuitamente a su ya débil apoyo y con más decisión que nunca, a las distintas barras de los equipos de futbol, las cuales no cesarán en su empeño por reivindicar la muerte de su compañero.

Hay pocos Presidentes en los distintos países del mundo que hayan recibido tanto rechazo, manifestado en pifias, consignas y hasta garabatos, de un estadio entero.

Cabe preguntarse cómo don Pepe Piñera y la Picha Echeñique que, en sus tiempos fueron falangistas y después democratacristianos, hayan engendrado a dos personas tan antipáticas y funestas como José y Sebastián Piñera Echeñique.

En un país en donde predomina el desorden establecido es casi imposible que se pueda generar un pacto social.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

01/02/2020

 

 

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