Nacional Política

De simplismos y perversiones

Las discusiones políticas en el Chile inmerso en una crisis integral son, las más de las veces,  de una dimensión diminuta, pigmea y periférica o simplemente subalterna. Los sesgos ideológicos quedan de manifiesto a las primeras letras o palabras y, lo triste, es que luego se cierran en una especie de soliloquio, donde la irradiación argumentativa nunca alcanza al lado oscuro del problema.

 

Por ejemplo, un destacado columnista, como de hecho lo es el rector Carlos Peña, expone los errores de Hamilton, quien, como es sabido, forma el partido de los “Independientes” y luego se retira, por constatar que se filtraron personajes de la vieja política corrupta, cosa que él no está dispuesto a tolerar y menos a cohabitar.

 

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Peña, que siempre busca una víctima fácil de vapulear con su argumentación de aparente sofisticación intelectualista, lanza a Hamilton el calificativo de ingenuo, purista y simplón.

 

Lo dice porque para Peña la política aparentemente no puede ser ética, es simplemente pragmática. Que el señor Hamilton entiende el mundo político la lucha entre perversos y corderos propiciatorios; que los primeros  someten a los buenos y los buenos a veces deben rebelarse con el compromiso absoluto de una ética purista.

 

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Peña dice que eso alimenta los “populismos” y que los populismos  son enemigos de los sistemas democráticos y representativos (que es, por lo demás-según Peña-, la única forma democrática en sociedades complejas).

 

Peña se pasa por alto el hecho que en Chile hemos tenido una “democracia representativa en una sociedad compleja” y el resultado es que se demuestra incapaz de ser representativa y su formalidad democrática resulta un mal chiste ante el sesgo oligárquico que impone, en grado extremoso.

 

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Puede que el señor Hamilton cometió un error estratégico al renunciar a su creatura, en vez de denunciar a los corruptos infiltrados y sacarlos con la facilidad que da la fuerza moral de un puntapié bien dado. Claro, puede autorizar a Peña a decir que Hamilton es un novato, pero lo que no puede hacer el Rector es subirse por el chorro para infiltrar sus teorías acerca de la democracia.

 

Porque, señor Peña, las democracias representativas son de diverso pelaje: las hay oligárquicas en extremis (como la nuestra); las hay semioligárquicas (como las que tienen sesgos corporativistas) y las hay democráticas reguladas, como las que existen en los países nórdicos.

 

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Decir que el populismo amenaza a esta “democracia Chilensis”, porque se impone una rigidez ética, es andar algo perdido acerca de lo que requiere Chile, como piso para una discusión pertinente. Lo que hace peña es lanzar artificios ideológicos con escasa fundamentación teórica.

 

Por otra parte, el señor Joaquín García Huidobro, se escandaliza cuando pone en labios de los que se oponen a la actual Constitución, el argumento de que si ganase el rechazo, es decir el NO, no sería aceptada la constitución del 80 como legítima. Es decir, sólo si gana el SI, y se cambia la Constitución, entonces si habrá legitimidad.

 

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Lo cierto es que se trata de un argumento bastante antojadizo y elegido para pinchar la sensibilidad del oponente, por puro placer de causar picor. Porque es muy poco probable que esa tesis se dé, por lo menos así lo dicen todas las encuestas. Entonces es una especie de divertimento ocioso y molestoso de este articulista.

 

Pero, además, para entrarle en el ardor de su pinchazo travieso, es imperativo señalar al señor argumentador que el estallido social tiene como uno de sus problemas a resolver el de la Constitución del 80. Por tanto, si ganase la votación de mantener la actual Constitución u otra parecida (porque con el veto de los 2/3, de no ocurrir un milagro en el camino, saldrá algo muy consanguíneo con lo que tenemos), es obvio que el problema original seguirá vivito y coleando.     ¿O el señor García Huidobro no revisa la historia?

 

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Vea qué pasa en todos los países donde se impone un sistema opresivo, en todos los que se sienten oprimidos siguen luchando por deshacerse del poder vigente, aunque se adorne de la legitimidad formal estatuida. Lo hacen no por espíritu antidemocrático, sino por sentido político de la verdad que buscan instalar. ¿Acaso usted, señor García, aceptó tranquilamente la elección de Salvador Allende? ¿O se dedicó a luchar para que ese gobierno terminara, sea como fuere?

 

La lucha política es así y, sobre todo, cuando las formas del poder nos parecen suicidas, criminales, corruptas y deslegitimadas en su esencia y en su presencia. Le recuerdo, además, que en Chile vota no más de un 50% de la población; que hay un 35% de gente que nunca fue integrada como ciudadanos, porque fueron marginados, olvidados y degradados. Esa población enorme son sus enemigos, enemigos de esta Constitución y de esta corrupción hecha modelo; pero esa población no cree en el sistema político y en sistema electoral; esa población nunca irá a votar, pero no lo harán por culpa de ustedes, pues los dejaron fuera de la dignidad republicana y humana.

 

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Pero no le pida a esa gente que siga luchando con todos los medios a mano para deshacerse de ustedes, pues los consideran sus enemigos jurados. Y no levante el aullido hipócrita contra la violencia, pues quien cría cuervos debe protegerse los ojos. ¿o el sistema no se los ha quitado ya a más de 400 hijos del desamparo?…..A veces el ojo por ojo, no es una pura cita bíblica.

 

Entonces, señores “opinativos”, vamos a los argumentos de fondo y no a las musarañas de sabihondos. El problema es el modelo y si pretenden conservarlo, claro que seguirá la lucha, aunque les duela y esa lucha será más feroz que lo que han imaginado, porque en la era del conocimiento no pueden imponer medievales noches de Walpurgis.

 

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Por Hugo Latorre Fuenzalida

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