Ahora que se encuentra en su peor momento, ¿qué hará esta derecha política hoy dividida y en baja?

 

Pocas opciones le quedan a una derecha en problemas. En este segundo gobierno de su líder, Piñera, la democracia no le ha sentado bien a Chile Vamos, especialmente a la Unión Demócrata Independiente (UDI) que observa, casi con pánico, cómo se van deshilachando su proyecto de país y su otrora soberbia postura de políticos dominadores.

Lo que en un comienzo pareció ser sólo una leve fisura (una discrepancia menor respecto de un par de asuntos), fue transformándose en grieta y ahora, luego del escandaloso rodeo que los principales dirigentes de la UDI -y varios de RN- han dado respecto de lo que una vez firmaron teniendo al país como testigo. Le llamaron “Acuerdo por la Paz”, e incluso deslizaron que había “amenazas externas” (¿las fuerzas armadas?)  si ese documento no era protocolizado –antes de 48 horas- por las directivas de los dos grandes bloques de la política nacional: Chile Vamos y Nueva Mayoría, incluyendo al Frente Amplio.

El mentado ‘Acuerdo’ incorporaba  llamar a plebiscito en el mes de abril del 2020 para redactar después una nueva Carta Magna. No se recuerda a ningún dirigente de la derecha, en ese  momento, oponiéndose a tal asunto; por el contrario, todos manifestaban su total disposición a llevar adelante lo firmado.

Algunas semanas más tarde, una vez que el gran susto de las cofradías políticas por sentir que estaban en franco deterioro ante un país en pie de protesta, algunos de los mismos que aquella noche habían pontificado y lenguajeado sobre su absoluto amor a la democracia y a los acuerdos firmados, comenzaron a recular sin siquiera ponerse rosaditos de vergüenza.

Al comienzo era sólo una fisura, hoy es un verdadero acantilado en la derecha. Sectores de RN y gran parte de Evópoli manifiestan su desacuerdo con los viejos ‘coroneles’ que tratan de recuperar el statu quo en el cual se desenvolvieron durante treinta años. Esos sectores del ultra conservadurismo manifiestan su apoyo a un “Rechazo” total de lo que planteará el plebiscito de abril próximo. Que nada cambie, que todo siga tal cual estaba hace cinco meses, que las realidades previsionales, laborales, estudiantiles, ambientales, de salud y de vivienda, sigan siendo las mismas de siempre (es decir, las mismas que provocaron el estallido y las protestas masivas). Y para que ello pueda ser ‘aceptado’ y cumplido a rajatabla por la sociedad civil, exigen que la policía cuente con autorizaciones al estilo de los agentes ‘doble cero’ ingleses (como el personaje ficticio, James Bond, 007), lo que significaría llanamente ‘licencia para matar’.

Peo, ya lo dijimos, sectores de RN y de Evópoli han decidido respetar los acuerdos signados. Incluso algunos ministros y subsecretarios se han sumado a ello. El propio gobierno ordenó prescindencia –de opinión- a su gabinete respecto del tema plebiscitario, cuestión que a los ultraconservadores de ese sector no les ha gustado para nada, lo cual queda graficado en alguna destempladas opiniones que califican al presidente Piñera como un ente cooptado por la izquierda, y otras, simplemente, lo tildan de traidor.

Estos son los sectores que intentan retomar el juego “del terror” y rehacer la política comunicacional que alguna vez inventó y aplicó Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda del régimen nazi en la Alemania de Hitler. Tienen experiencia en ello, pues lo hicieron durante el gobierno de Allende (1970-1973) y se lo enseñaron a los derechistas y megaempresarios venezolanos que luchaban contra Hugo Chávez,  y ahora contra Nicolás Maduro.

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Pero, en esta coyuntura, esa derecha ultra conservadora se ve enfrentada a problemas que hacen de la actual situación algo muy distinto a la que hubo en 1970, y que le imposibilitan imponer exitosamente sus prácticas y tácticas de espanto público, como lo hizo hace cincuenta años. Hoy existen las redes sociales (principal quebradero de cabeza para la derecha y varios de sus mayordomos socialdemócratas), mismas que permiten contar con comunicación al instante, y además ventilan informaciones que la prensa oficial oculta o tergiversa. Por otra parte, es muy menor el porcentaje de personas que creen a pie juntillas las terroríficas advertencias de dirigentes políticos amantes del totalitarismo, la depredación económica y la desigualdad social.

Y para rematar el asunto, la juventud de hoy, en lo que es esencial políticamente,  no tiene similitudes con la juventud de los años setenta. Esta juventud siglo veintiuno no está ideologizada, es independiente de los cánones partidistas, es audaz, insolente, atrevida… más valiente y decidida de lo que eran sus padres y abuelos en los años de la dictadura. Y lo ha demostrado. Si este amplio segmento social decide concurrir a las mesas de sufragios, es un hecho que la derecha se hundirá más de lo que ya está (no olvidar que su líder aparece hoy con un escuálido 6% de aprobación).

¿Cuáles son los asuntos, en política, que la derecha considera intransables y que luchará con dientes y garras para no perderlos? Uno de ellos es lograr que la alternativa Comisión Mixta Constitucional (50% de ella integrada por miembros del actual Congreso) sea la elegida en el proceso plebiscitario, y el otro, obtener en las elecciones parlamentarias de octubre próximo la suficiente cantidad de votos que le permitan mantener incólume el ’derecho a veto’ en ambas Cámaras. Más de alguien habrá de preguntar:  ¿y no va a pelear por lograr que la alternativa “Rechazo” triunfe? Claro que lo hará, tiene que hacerlo, aunque es consciente que esa alternativa carece de posibilidades reales de triunfo.

Dividida, enemistada con su propio líder,  carente de un nuevo liderazgo unitario, popularmente rechazada, y ya sin agenda porque el pueblo impuso la suya a partir del 18 de octubre 2019, la derecha chilena vive un mal momento, y lo que es peor, no avizora tiempos mejores.

El problema, para Chile, se agudiza al comprobarse que en la otra vereda sucede lo mismo.  Cada mes peor. Lo grave de estas situaciones es que una presidencia y una oposición sin apoyo popular carecen de autoridad; y un país sin autoridad al mando de dos poderes del estado es pasto tierno  para locos, caudillejos y golpistas.

 

Por Arturo Alejandro Muñoz

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