Piñera, como está demostrando, no es el Presidente de todos los chilenos, sino que gobierna para los ricos, (como él), y si hubiera algún excedente, a lo mejor, podría repartir las migajas a los pobres.

El dinero destinado a salvar de la hecatombe a las pequeñas empresas está siendo aprovechado por las grandes transnacionales que, como en el caso de Cencosud, en vez de asegurar el empleo a los trabajadores, reparte el 80% de las utilidades, que son cuantiosas, entre sus accionistas.

El Estado gasta millones de pesos en mantener las rentas de los jefes de ENAP, (empresa que siempre había mostrado pérdidas, debido a la mala administración); también los Bancos, que debían aprobar créditos para las pequeñas y medianas empresas, se aprovechan del crédito para seguir ganando.

Las Isapres, por su parte, en plena pandemia anuncian sus cuantiosas ganancias, sumado al futuro aumento en los planes de salud, destinado a sus usuarios. Seguramente, como lo vienen haciendo varios países, el Estado chileno gastará sus economías en salvar a la empresa aérea Latam, en vez de que se convierta en una línea área de bandera, es decir, nacionalizada, considerando que todos los chilenos gastarán lo que pagan en impuestos para evitar la quiebra. (A diferencia de Chile, el Estado colombiano, por ejemplo, dejó “morir” la principal línea aérea, Avianca).

Los adinerados nunca pierden: en las peores crisis aprovechan, si son especuladores como el Presidente actual, para comprar barato y, posteriormente, vender caro, una vez superada la crisis. En la crisis de 2008, por ejemplo, quienes estaban bien informados, sabían que Estado nunca iba a dejar quebrar a los grandes bancos, a  las Aseguradoras, y empresas automotrices, como General Motors, por ejemplo,  (en ese mismo año las Acciones de Citibank y General Motors valían sólo de 3 a 4 dólares, y un especulador audaz se convertía en millonario posteriormente al vender esas Acciones; hoy ocurriría lo mismo si alguien, con liquidez, invirtiera en el mercado secundario del petróleo, por ejemplo).

Chile sigue siendo, a pesar de la desastrosa administración de Sebastián Piñera, el niño mimado del Banco Mundial, del FMI y de las Calificadoras de Riesgo: el Banco Central acaba de pedir al FMI un crédito por 23 mil millones de dólares e, inmediatamente, la Directora de este Organismo, aseguró que se le concedería con gusto ese crédito. (Hay que recordar que Estados Unidos es el principal socio del FMI, y lo utiliza para afirmar los gobiernos de los millonarios).

 

El pedir a la ciudadanía que disciplinadamente acate la cuarentena, es francamente risible y absurdo, cuando un buen porcentaje de los chilenos está enfrentado al terrible dilema entre morir de hambre, o bien, a causa del virus. Suponer que los pobres pueden sobrevivir encerrados en piezas minúsculas, incluso, sin ventanas, ni baños, ni alimentación, ni agua, las 24 del día, es un insulto a la inteligencia y a la dignidad humana.

 

Durante los gobiernos de la “transición a la democracia” Chile pudo economizar millones de dólares gracias a la avaricia de los gobiernos de ese entonces, que preferían ahorrar en vez de invertir en salud, educación y vivienda…Hoy, en tiempos vacas flacas, Chile podría, con largueza romper el chanchito, y como a este gobierno le gusta hacer comparaciones con la economía de una familia común, no me cabe la menor duda de que un buen padre de familia, ante el peligro de muerte de uno de sus hijos, no dudaría un instante en gastar todos sus ahorros, además, en pedir crédito si fuera necesario para salvar la vida del hijo, y no se pondría a pensar que hay que economizar para el futuro.

El pedir a la ciudadanía que disciplinadamente acate la cuarentena, es francamente risible y absurdo, cuando un buen porcentaje de los chilenos está enfrentado al terrible dilema entre morir de hambre, o bien, a causa del virus. Suponer que los pobres pueden sobrevivir encerrados en piezas minúsculas, incluso, sin ventanas, ni baños, ni alimentación, ni agua, las 24 del día, es un insulto a la inteligencia y a la dignidad humana. Como el gobierno de Piñera desprecia a los pobres y, además, tiende a cosificarlos, poco le importan las condiciones inhumanas en que vive la mayor parte de sus conciudadanos.

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El gobierno está convencido de que con el solo hecho de decretar una cuarentena en toda la Región Metropolitana – como la que empieza mañana viernes – va a lograr aplanar la curva de contagios. Se equivoca, pues para obtener un buen resultado hay que cumplir, al menos, dos condiciones: la primera, utilizar la fuerza de las armas para mantener encerrados a los ciudadanos en sus tugurios y, la segunda, tratar de convencerlos que el confinamiento es por su bien, es decir, por la razón o la fuerza.

Un gobierno responsable o, al menos, bien intencionado, hubiera enviado previamente los alimentos y, después decretar una cuarentena total, pues estamos hablando de seres humanos que sienten y piensan, y no de robots, (capaces de ejecutar mil tareas, por ejemplo, médicas, sin cansarse, ni reclamar).

 

Sebastián Piñera es un Presidente que, cada vez que se dirige a los ciudadanos a través de los medios de comunicación, provoca los peores males para Chile: en su afán de hacerse querer y mostrar su triunfalismo dice insensateces como la de abrir el comercio, pues hace dos semanas la curva había llegado a una meseta que permitía instaurar la “nueva normalidad”. Su amigo Joaquín Lavín, lo siguió e intentó abrir el Mall Apumanque, pero fracasó al primer intento).  A causa esta y otras estupideces hoy estamos con un pie en el abismo.

 

Hanna Arendt, una de las mejores filósofas que trata sobre los totalitarismos, supo muy bien definir a estos regímenes: “máquinas productoras de la muerte”, se trata de deshumanizar a los enemigos y a quienes consideran como a razas inferiores y despreciables, es decir, en el momento de la muerte el ser humano el verdugo es, solamente, un burócrata, que cumple con su deber. (Los torturadores de la DINA, por ejemplo, al empezar su tarea cotidiana, marcaban la tarjeta, como cualquier empleado y, al terminar su labor del día, retornaban a su hogar, y acariciaban a sus hijos y a los perros; no eran siempre unos monstruos y podrían ser personajes del montón).

Planteada la pregunta entre elegir convertirse en un Hitler o en un ciudadano alemán común y corriente, sería mucho más peligrosa la segunda opción, pues cualquier persona de esa índole podría convertirse en un asesino brutal y despiadado. Sin la adoración que el pueblo alemán de entonces sentía y profesaba por su jefe, Hitler hubiera sido un pintor frustrado, o bien, un cabo desmovilizado que muriera “en situación de calle”.

Sebastián Piñera es un Presidente que, cada vez que se dirige a los ciudadanos a través de los medios de comunicación, provoca los peores males para Chile: en su afán de hacerse querer y mostrar su triunfalismo dice insensateces como la de abrir el comercio, pues hace dos semanas la curva había llegado a una meseta que permitía instaurar la “nueva normalidad”. Su amigo Joaquín Lavín, lo siguió e intentó abrir el Mall Apumanque, pero fracasó al primer intento).  A causa esta y otras estupideces hoy estamos con un pie en el abismo.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

14/05/2020

 

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