Crónicas de un país anormal Mundo

A cuarenta años del autogolpe de Estado de Juan Carlos I de Borbón

El reinado de Juan Carlos I tenía como única “legitimidad” el testamento del dictador Francisco Franco, el cual dejaba fuera en la línea de sucesión a su padre, don Juan de Borbón, además, ordenaba a los militares una estricta obediencia al nuevo rey de España.

El Presidente del gobierno español, Adolfo Suárez, fundador de su propio partido político, la Unión de Centro Democrático (UCD), logró, después de muerto Franco, el acuerdo con los partidos políticos sobre la aprobación masiva de la Constitución de 1978, así como legalización del Partido Comunista español, (sorpresivamente un “Jueves Santo”).

El gobierno de Suárez se encontraba en una etapa de conflictos: en primer lugar, con una alta cesantía e inflación; en segundo lugar, el rechazo de los militares a causa de la legalización del Partido Comunista; en tercer lugar, porque su propio Partido estaba a punto de destruirse; en cuarto lugar, desobedeciendo las órdenes de Estadios Unidos, Suárez rechazaba el ingreso de España a la OTAN, causas todas que habían hecho perder la amistad del Presidente de gobierno con el rey Juan Carlos I.

En una conversación entre el rey y Adolfo Suárez quedaba claro que ambos no podían convivir: o el rey abdicaba, o bien, el Presidente, que tenía la legitimidad de los votos del pueblo, renunciaba a su cargo, previa disolución del Parlamento. Ante esta situación, Adolfo Suárez renunció al gobierno.

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El general del ejército, Alfonso Armada, no sólo había sido “el padre espiritual del rey”, sino también su amigo personal y su consejero. El general le había propuesto un gabinete ministerial, encabezado por él mismo, y su Vicepresidente sería el jefe del Partido Socialista Obrero Español, (PSOE), Felipe González, (en la clandestinidad se hacía llamar “Isidro”), y era el predilecto del Partido Socialdemócrata alemán. Durante el reinado de Alfonso XIII los socialistas, encabezados por Francisco Largo Caballero, integraron el gabinete del dictador Miguel Primo de Rivera, (padre de José Antonio, quien fue el jefe de La Falange), hecho que influyó en la caída de la monarquía.

A raíz de la renuncia de Adolfo Suárez, el gabinete propuesto por el general Armada y avalado por el rey comenzaba a hacer agua, pues su Partido UCD adoptó el camino de proponer a Leopoldo Calvo Sotelo como su reemplazante. La zarzuela, género muy celebrado y popular en España, (recordemos solo un ejemplo: el nombre de “gripe española” se inspiró en una obra titulada “El soldado de Nápoles”, cuyo estribillo era muy repetido por el pueblo), también sirvió para catalogar el autogolpe del rey Juan Carlos, (1981).

El golpe de Estado, encabezado por el coronel de la guardia civil, Antonio Tejero, (con el acostumbrado gorro de la guardia civil), llamado por los Diarios norteamericanos y europeos “una acción de fuerza, dirigida por un caballero disfrazado de torero”.

La investidura de Calvo Sotelo, a la cabeza del gobierno español, estaba sometida a la votación nominativa en el Congreso, y cuando llegó el turno del diputado Núñez se sintieron ruidos de balas, provenientes de la entrada a la sala del Congreso. El guardia civil, Antonio Tejero, levantó la voz para expresar que se quedaran quietos, y amenazó con su pistola al joven presidente de la Cámara.

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La totalidad de los diputados se escondieron bajo los bancos, (salvo Adolfo Suárez, en ese entonces Presidente del Gobierno, Santiago Carrillo, ex secretario general del Partido Comunista y el vicepresidente, que era ex militar); un oficial de la guardia civil les anunció que se mantuvieran dentro de la sala a espera de un general militar, que se haría cargo de la situación.

Adolfo Suárez y Juan Carlos I

El pueblo español estaba aterrado, pues temían que se repitiera el golpe de Estado, que dio inicio a la guerra civil española, de 1936. En ese día, 23 de febrero de 1981, la radio se encargó de transmitir los acontecimientos, seguidos por los ciudadanos en sus transistores. Sólo la guarnición militar de Valencia se rebeló, bajo la dirección del general Milans del Bosch, quien decretó el Estado de Sitio y tomó el mando de la ciudad, (las demás guarniciones aún estaban dubitativas). En la larga noche de ese día todos esperaban en pronunciamiento del rey, pero transcurrieron muchas horas para que el monarca hablara.

El general Alfonso Armada, por sí solo, entró al Congreso para cumplir la etapa final del golpe, con el anuncio de la formación de un nuevo gabinete, presidido por él mismo, y como Vicepresidente, el socialista Felipe González; dicho gabinete lo integrarían dos comunistas y dos socialistas, como también representantes de los demás partidos políticos, (salvo los independentistas).

El general Armada cometió el “error” de dialogar con su subordinado de la guardia civil, Antonio Tejero, y como fascista de tomo y lomo, no podía soportar un gobierno formado por comunistas y socialistas, por consiguiente, el golpe siguió su curso, pero esta vez fue rechazado por el discurso del rey, que tuvo lugar la noche anterior.

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Hacia el mediodía del 24 de febrero, Tejero depuso las armas y se entregó al jefe de la guardia civil. El juicio a los personajes principales del “autogolpe del rey” fue, en gran parte, secreto, y Tejero, Armada y el de Jaime Milans del Bosch fueron condenados a treinta años de prisión, (hoy están muertos o libres).

Ya han transcurrido 40 años del golpe de 23 de febrero, y en cada año que transcurre aparecen nuevos libros de investigadores y novelistas que señalan con el dedo al ahora rey emérito, Juan Carlos de Borbón, (hoy prácticamente exiliado en los emiratos árabes, acusado de delitos que nada tienen que ver con lo acaecido en el golpe de Estado del 23).

(incluyo en las notas las obras principales que acusan al rey de haber planificado el golpe de Estado).

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

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27/02/2021

Bibliografía:

Pilar, Urbano, La gran desmemoria

Pilar, Urbano, El precio del trono

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Jesús, Palacios, 23 f, el golpe del CEDIC

El rey y su secreto

Antonio, García Travijano, El discurso de la República

 

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Historiador y cronista

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