Los esclavos haitianos se tomaron en serio la esencia de los derechos del hombre, (Orwell diría que unos tienen más derechos que otros). La antigua española, isla disputada por franceses, españoles, holandeses e ingleses, era uno de los territorios más ricos de su época, incluso, Voltaire prefería Haití a los territorios de América del Norte, (de Canadá, por ejemplo, decía que “era una pelota de nieve… del todo inútil).

A los negros se les dividía en dos categorías biológicas: los que tenían más salud y vigor se les enviaba a las plantaciones de caña de azúcar, mientras que a los débiles y enjutos trabajan en las casas de los negreros, y las negras más jóvenes y bonitas eran elegidas para procrear con los patrones, hecho que dio origen a los mestizos.

Los esclavos haitianos fueron los primeros en el mundo en independizarse de sus colonizadores franceses, (el idioma creole era un buen instrumento para confundir a los franceses y organizar su lucha de independencia).


Más tarde, Haití se dividió en dos imperios: El Cabo Haitiano estaba dirigido por Christopher, mientras que el Centro le correspondía a Pétion quien, en ese entonces, le exigió a Bolívar la liberación de los esclavos a cambio de su apoyo en las guerras de liberación del yugo español en la Gran Colombia.

Los libertadores de Estados Unidos eran esclavistas (Washington y Jefferson), y se oponían a su liberación, como también lo eran los revolucionarios franceses, salvo un pequeño grupo de antiesclavistas, encabezado por el líder, el Abate Gregorio. Así, se fue dando la Declaración de Derechos Humanos, escritos por mentes y manos esclavistas, es decir, la igualdad, (la idea de que los hombres nacen libres e iguales sigue siendo una falacia, y mientras sea sólo una frase doctrinaria, ningún Estado en el mundo se siente obligado a respetar; en cuanto a “la igualdad ante la ley” sólo se emplea para encerrar a los pobres, y a los ladrones de poder, cuello y corbata, les ayudan a seguir robando los impuestos que pagan los pobres diablos).

Francia, la tierra de asilo, y que trajo la libertad al mundo, cobró millones de francos a Haití, como indemnización por su liberación.

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Más tarde Haití fue ocupado por los yanquis, y uno de los lacayos del país del Norte, François Duvalier, se mantuvo como cruel dictador, que aterraba a los ciudadanos con el empleo salvaje, por parte de la policía secreta, (los tontons macoutes), y con el famoso cuento infantil de “El hombre y el saco”. Le sucedió su hijo, Jean Claude, tan cruel como su padre, pero la lucha del pueblo pudo más, y tuvo que huir a Francia, en calidad de exiliado.

En 1991, tuvieron lugar las primeras elecciones democráticas, que ganó el Movimiento Lavalas, (“limpiar las calles”). El sacerdote, Jean Bertrand Aristide, partidario de la Teología de la Liberación, candidato a la presidencia, ganó la elección con el 70% de los votos, frente al candidato impuesto por Estados Unidos y la OEA.

Al poco andar y durante el gobierno de Aristide, vino un golpe militar, que derrocó al Presidente electo, (sería un tema extenso el continuar con los sucesivos Mandatarios). Un tema casi inverosímil es que la Constitución de Haití incluye un sistema semipresidencial – igual que el de Francia – y sería una Carta Magna muy avanzada si el país no se hubiera convertido en el más pobre de América Latina. Una cosa es la dogmática constitucional – los grandes principios, derechos que las Constituciones proclaman que, en la letra, parecen muy aceptables, (derecho a la vida, al bienestar, ´en el caso de Estados Unidos a la búsqueda de la felicidad´, la libertad de expresión y de opinión, movimiento, asociación, igualdad ante la ley, a elegir y ser elegido, derecho a la vida y a la protección de los ciudadanos), todas palabras muy bonitas, pero que los gobiernos de turno, no sólo donde rige un dictador, sino en los mal llamados “gobiernos democráticos” esos derechos son violados.

El año 2000 un terremoto destruyó y asoló a Haití, con el consiguiente aumento de la diáspora.

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Las últimas elecciones fueron del todo fraudulentas, (a nadie se va a ocurrir pedir a la OEA, y a su Secretario General actual, Luis Almagro, que certifique su limpieza), y accedió al poder el joven empresario, Jerome Moise, un hombre corrupto y sin escrúpulos, y al descubrirse el robo de petróleo, regalado por PDVSA a ese país, el pueblo se rebeló y pidió la salida del Presidente, quien se negó a hacerlo y, para más remate, cerró el Congreso, gobernando con Decretos-ley. El 4 de febrero de 2021 terminaría su período, pero aduciendo que su primer año ´no existió´ su mandato se prolongaría hasta el 4 de febrero de 2022.

Ya nadie se pregunta qué se podría hacer con el Estado fallido de Haití, y la misión de Naciones Unidos ha sido un despilfarro de dinero y sin ninguna utilidad.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

01/03/2021

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Historiador y cronista

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  1. Gino Vallega says:

    Los Haitianos fueron los primeros en sacudirse el yugo de la colonialidad de los franceses y los atacó TODO el resto del occidente judeo-cristiano.
    Las batallas de liberación , sin fuertes “amigos” como guardaespaldas , sufren mucho y son pasto a cortar por los “grandes” ,miren la historia de Cuba y Venezuela que aún sobreviven , pero Haití es un país moribundo.

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