Crónicas de un país anormal

Unidad Popular y su actor, el pueblo, que hace su propia historia

Los candidatos a encabezar la Unidad Popular eran muchos y de alta calidad intelectual y moral: Rafael Tarud, el API, Alberto Baltra  Cortez, del Partido Radical de Izquierda, Jacques Chonchol, del Mapu, Pablo Neruda, del Partido Comunista; en cuanto al Partido Socialista, sus dirigentes debían decidir entre Salvador Allende y Aniceto Rodríguez.

La manera en que emitían el voto los distintos Partidos era funesta: cada uno tenía que elegir a su propio candidato y a otro de su agrado, y Tarud y los radicales siempre se favorecían mutuamente; comunistas y socialistas contaban con el voto del Mapu.

Las distintas votaciones para elegir al candidato eran muchas, pues el acuerdo en primeras instancias parecía imposible. Neruda, el candidato de Partido Comunista, se consideraba el mejor de todos. Los Mapu pidieron una bilateral con don Luis Corvalán, (Secretario General del Partido Comunista), con el propósito de  ofrecer su apoyo a Pablo Neruda. Don Lucho, muy cazurro, les agradeció recomendándoles que votaran por Salvador Allende, del Partido Socialista, que aún no había sido proclamado por el Comité Central de ese Partido.

Entre tanta dilación y avances y retrocesos, los comunistas propusieron un candidato que no estuviera en la lista de los partidos, y recayó en mi padre, (era casi ´un comunista cristiano´), quien tenía el mérito de facilitar y promover la alianza entre democratacristianos y la izquierda, camino seguro y experimentado para ganar a la derecha, hundiendo la candidatura de Radomiro Tomic, y emulando la experiencia de los Frentes Populares en Europa y en Chile.

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El propio Partido Mapu sepultó esta hábil jugada de Luis Corvalán, y sólo faltaba la definición del Partido Socialista. Salvador Allende ´sabía más por viejo que por diablo´, y a los muy jóvenes que lo criticaban les respondía que “los demás candidatos eran muy buenos, pero les faltaba experiencia, mientras que yo soy más conocido que la Coca Cola, con mis tres candidaturas al hombro”. No había casa, ni familia, donde el doctor Allende no hubiera tomado  su tecito.

Entre tanto, ingresé como profesor de Historia Contemporánea en la Universidad Católica de Valparaíso, donde aprovechamos el período histórico para estudiar la teoría y la práctica de los Frentes Populares, desde el V Congreso de la Internacional Comunista, que representó un gran viraje del sectarismo de la lucha de clase contra clase a la apertura y alianza con los partidos socialdemócratas y burgueses. Este trabajo de investigación tenía la ventaja de superar el mito reaccionario y la historia necesita de un largo período para ser objetiva. (La verdad es que la subjetividad en historia siempre ha existido y seguirá existiendo, y según Toynbee, la historia será siempre actualidad).

Otra de las ventajas de los seminarios abocados a la investigación de la historia contemporánea era que, generalmente, los testigos estaban vivos, (no es lo mismo analizar sobre legajos que reposan en los archivos que la historia viva, muchas veces reemplazada por la memoria histórica).

La derecha  tradicional había desaparecido luego de las elecciones parlamentarias de 1965, por consiguiente, la hegemonía de los partidos históricos – Liberal y Conservador – era representada por un grupo nacionalista portaliano, el Partido Nacional, cuyo líder era Onofre Jarpa, y un sector fascistoide, Patria y Libertad, liderada por Pablo Rodríguez.

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Maquiavelo, con mucha razón, escribía que lo único que un político no debía hacer era saquear los bienes del enemigo, pues el hombre ama más el dinero y las posesiones que a su mismo padre. Este fue el error de los dirigentes jóvenes democratacristianos, por lo tanto, Rafael Moreno y Jacques Chonchol representaban el demonio en persona para la derecha.

Por su parte, El Presidente Eduardo Frei Montalva, que apoyaba cautelosamente a su íntimo amigo, Edmundo Pérez Zujovic a fin de evitar la candidatura de Tomic, con quien no tenía muy buenas migas desde la promulgación de la ley de chilenización del cobre, se sacó la máscara de progresista, pero en la Democracia Cristiana el ambiente se inclinaba por Tomic.

La teoría de que en Chile existen tres tercios, (derecha, centro e izquierda), tiene muy poca relación con la realidad, y sólo se dio en un muy corto período de nuestra historia. La clave del triunfo de Salvador Allende, (1970), se encuentra en que el partido político o la combinación de partidos que muestra más cohesión y unidad, es el que siempre triunfa, (en este caso, fue la alianza de partidos políticos de izquierda).

Salvador Allende tenía una cualidad que no se ha repetido en la historia de nuestro país: poseer una fuerza y convicción inagotables para identificarse con los ciudadanos. Este médico de Valparaíso, político por excelencia, sabía de memoria, no sólo la mayoría de los nombres y apellidos de sus electores, sino también sus historias familiares que, en cada visita, las rememoraba y acompañaba. El candidato Allende siempre tenía la genialidad de la empatía con los ciudadanos.

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Las historias personales de Salvador Allende eran infinitas: cuando fue elegido senador, el presidente de la Cámara Alta era don Arturo Alessandri Palma, quien reconvenía a Allende con palabras como “cállate Chicho, no hable más huevadas”. En el Senado, la oficina de Allende estaba contigua a la de mi padre, a quien visitaba a menudo sólo para “pololear” con la buenamoza secretaria de Rafael Agustín Gumucio. Los Allende eran íntimos amigos de mi familia, y a nosotros, siendo aún niños, nos daba vergüenza pues entraba por la ventana, disfrazado de los personajes más extraños. Su casa, en Algarrobo, tenía un ´yate´, que más parecía un bote, y nosotros disfrutábamos de tan extraño navío.

Nosotros, como familia, habiendo pasado de “sacristanes Jesuitas” a revolucionarios cristianos, no estábamos muy convencidos del triunfo de Allende, sin embargo, el “gran Arquitecto” hizo el milagro, y esa noche, del 4 de septiembre de 1970, los democratacristianos de izquierda se abrazaron con los allendistas, con la convicción de que por primera en la historia de Chile el pueblo sería sujeto y protagonista de su propia historia.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

16/04/2021

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Historiador y cronista

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