Crónicas de un país anormal Portada

La escena política actual y el nuevo paradigma

Sobre el fin del mundo y, más cercano, “la decadencia de occidente”, se ha escrito mucho: desde el Apocalipsis hasta los diversos y numerosos libros en la época moderna, (Spengler, Foucault, y otros). El descubrir que la vida es efímera nos apasiona, razón por la cual la muerte y el suicidio, por ejemplo, son considerados  los principales temas de la filosofía, (Camus, por ejemplo, afirmaba que el único tema válido era al suicidio).

Las elecciones realizadas durante los días 15 y 16 de mayo de 2021, aunque parezca mentira, están cambiando el paradigma político chileno. Dogmas como el clivaje entre izquierda y derecha, que la democracia funciona sobre la base de los partidos políticos, la supuesta pervivencia de las élites, la hegemonía de las élites y de la plutocracia, la democracia representativa, y otras ideas que parecían inamovibles están en retirada. A raíz de los resultados de la elección de miembros de la Convención Constituyente en particular, con una importante mayoría de representantes independientes, la debacle de la derecha, la agonía de los partidos de centro izquierda, (traidores de los valores progresistas), constituye una muestra de la estrepitosa caída de la representación política; en consecuencia, ante una imperiosa necesidad de cambio de paradigma, necesariamente debe darse la correspondiente satisfacción.

La Convención Constituyente ahora está en manos de los representantes de los independientes y de los pueblos originarios, por consiguiente, la derecha y los sectores reaccionarios de la “centro-izquierda” tienen poco poder de veto.

Los partidos políticos tradicionales tampoco cuentan, pues los partidos de derecha de la alianza Chile Vamos, y  Democracia Cristiana, por ejemplo, siguen de mal en peor; el PPD, (Wiskierda pos dictadura), no pincha ni corta; en cuanto a los socialistas, desde  hace bastante tiempo han sido superados por la izquierda más auténtica Comunista-Frente Amplio, (hay que ser el rey de los huevones para pregonar que se milita en uno de los partidos decadentes). El mito de que no hay democracia sin el concurso de los partidos políticos e instituciones representativas, está por los suelos.

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Las elecciones recientes demuestran que el pueblo dejó de ser borrego para convertirse en zorro y astutamente votó por sus candidatos que padecían los mismos males que ellos, (hambre, cesantía, abusos policiales y patronales…), dejando de lado a quienes creían representarlos en las sacrosantas instituciones democráticas, políticos corruptos que pretendían seguir enriqueciéndose a costa de sus representados. Su paradigma inamovible era el respeto a constituciones impuestas por militares, entre ellos, la de José Joaquín Prieto, la de Mariano Navarrete, la de Augusto Pinochet y su ideólogo y autor de la constitución de 1980, Jaime Guzmán, (si no lo acataba, la ley autorizaba a los militares y políticos a meter plomo, por algo el lema del escudo de “Tontilandia” reza “Por la razón o la Fuerza” y, como de la primera queda poco,  la fuerza se impone).

La rebelión del 18 de Octubre de 2019 ha abierto las puertas a un cambio radical en la política, que ya estaba agotada cuando un partido político hacía parte de una mafia feudal, y Chile se había convertido en uno de los países más desiguales del mundo y un acabado modelo de implementación de políticas neoliberales, es decir, hacer cada vez más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Por otra parte, el hecho de que el Presidente de la República, un parlamentario y un alcalde, fueran elegidos por voto popular,  se creían ya con el derecho de vivir a costa del Estado y, además, por muy ignorante que fuera, creerse un “repúblico”, cuando no era más que un personaje que sólo pretendía apropiarse de los dineros del Fisco, (además, en “Tontilandia”, el nepotismo se ha convertido en un mérito, y el mandatario actual ha sido el mejor ejemplo).

Soplan vientos favorables en varios países del mundo para el final de una política viciada, y usando términos muy elocuentes: democracia, derechos humanos, solidaridad…, no era más que el aprovechamiento y abuso hacia los más pobres, amparándose en que el voto de uno y otro tenían el mismo valor, y encontraron la forma de violar tan bellos y preciados principios de convivencia.

Es de esperar que la Nueva Constitución marque un nuevo paradigma para el servicio del ser humano y sobre todo, de los pobres y de la democracia.

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Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

18/05/2021

 

 

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Historiador y cronista

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