Opinión política

Ese Izurieta y otros tantos

Nada nuevo se dice si sostenemos que los altos mandos militares son amigos entre sí y sus familiares se visitan los fines de semana para contarse sus asuntos, y otros que tiene que ver cómo construir un manto de impunidad para seguir robando. Recuerdan con su pecho inflamado las batallas ganadas contra chilenos, hombres y mujeres indefensos a los que asesinaron sin piedad o los fueron a lanzar al mar desde sus helicópteros.

Sencillamente los militares, esos que habitan en los altos mandos son unos ladrones y zánganos, pero necesariamente se debe explicar con mayor profundidad y con algunos antecedentes para dar consistencia este relato.

El ex comandante en jefe de los militares de apellido Fuente-.Alba (el señor de los anillos por su pasión en los vehículos Audi), se encuentra detenido en un regimiento por tener antecedentes dignos de ser investigados. Uso personal de los fondos reservados de las fuerzas armadas para comprar autos, casa y departamentos, asunto a los cuales se le debe agregar una vida regalada. El Estado le paga la comida, y los regalos que hacía su mujer, que también es investigada por una vocación de hacer regalos de elevado costo a sus amigos, también oficiales, corbatas Vuitton, perfumes Chanel, esos detalles que hacían que la familia Fuente-Alba Pinochet marcara la diferencia entre sus pares.

Qué lejos está la vida cotidiana si la comparamos con un maestro rural de San Juan de la Costa o de alguna escuelita rural de esas que están en las islas casi perdidas en el sur del país. Existe mucha diferencia, y ese asunto entonces hace que uno se enoje, que le ponga carbón para dar la batalla contra las injusticias.

Esa diferencia entre los millones de chilenos y esos cientos de uniformados viene desde mucho tiempo.

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En mayo de 1981 comenzó a funcionar el sistema previsional impuesto por la dictadura y redactado por el hermano de Sebastián Piñera, quien bajo mentira manifestó que a estas alturas del calendario la jubilación sería igual al último sueldo recibido. Nada de aquello sucedió. Pero en este tinglado precario e insostenible en el tiempo, los militares no fueron incorporados. Se mantuvieron en su burbuja financiada por todos los chilenos.

“Que no aparezca que estamos involucrando a la gente y por otro lado nos quedamos atrás”. “La idea es esa, que no figure que somos la excepción, que nosotros incluimos a toda la gente en el sistema, pero nosotros no entramos en el”. Augusto Pinochet.

No es posible creerles que por todos nosotros están dispuestos a dar la vida si fuera necesario. Capredena entregó 105.956 pensiones entre 2005-2018 70.649 que corresponden a pensiones de retiro, que es igual a la pensión de vejez que reciben los chilenos, la diferencia está en que la cifra del monto promedio para los uniformados era de $972.354. y a cuenta de inventario queda que el aumento entre los mismos años fue de un 27%.

La mantención de los militares en su vida diaria, sus gastos militares, sus juguetes que son bastante caros, reciben una cuantiosa cantidad de millones de dólares, sin duda mucho mayor que la salud pública o la educación.

Otro ejemplo: en diciembre de 2018, 648 mil personas recibieron una pensión de vejez por edad  de las AFP (retiro programado) y las compañías de seguro (renta vitalicia, cuyo monto en promedio fue de $227.693, las pensiones de por antigüedad en Dipreca alcanzaban al monto de $1.085.708, es decir 5 veces más.

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Entonces ser militar es buen negocio, sabiendo que la posibilidad de perder la vida en una guerra está extremadamente lejos en el horizonte

Sencillamente un segmento privilegiado, de derechos exclusivos y gustos caros. Cuando un chileno compra un kilo de pan en el IVA hay un porcentaje que se aloja en pensiones privilegiadas de aquellos apasionados de la música militar.

Desde 1990 los militares se han paseado a su regalado gusto y muy ufanos en los anchos pasillos de sus cuarteles. No han dudado en no aceptar dictámenes de la justicia como el retirar un cuadro de Manuel Contreras quien fuera el director de la DINA y el responsable de la página de Chile más violenta, perversa y criminal. Muchos de sus ayudantes se pasean en Punta Peuco, un hotel halagado con dinero fiscal y entregado por la concertación. Insulza manifestó en una oportunidad que “ellos se mandan solos”

Es por aquello que ahora y siempre todo calza.

Juan Emilio Cheyre que fuera justamente también ex comandante en jefe de los uniformados, se encuentra procesado por haber participado en algunas acciones cometidas por la Caravana de la Muerte, unas huestes enviadas por Pinochet para asesinar chilenos que se encontraban en las cárceles. No solo los fusilaron sino que también se les antojó corbo en mano jugar con sus cuerpos hasta dejarlos irreconocibles.

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Cheyre fue considerado un militar demócrata, que había hablado de un nunca más, una especie de converso que se había alejado de la música de los cuarteles para instalarse en la sociedad y llegar a ser nombrado presidente del SERVEL. Luego de las acusaciones que recaen sobre el, absolutamente ninguna autoridad de las que lo nombraron, y abrazaron salieron a pedir una miserable disculpa. Nadie dio ni dará un paso al costado en asuntos como estos.

Una vergüenza constituyó el silencio guardado por el ministro Gómez de Defensa de la presidenta Bachellet, quien apoyó explícitamente al general Oviedo quien manifestara que debía entenderse el contexto cuando sucedieron las gravísimas violaciones a los derechos humanos. Impunidad entregada por los civiles de la concertación.

Entonces que los militares se hayan convertido en un cartel donde se robe bajo impunidad, mientras sean los chilenos los que les financien sus gustos y pasiones de elevado costo, no es absolutamente novedad.

Y qué se espera para los próximos tiempos, sencillamente dar inicio a un proceso de democratización de las fuerzas armadas. Hacer concreto que todos los chilenos, con o sin uniforme sean iguales frente a la ley. No será aceptable que este grupo de militares sean un segmento con privilegios extremos.

Será justamente la nieta del presidente Allende a quien los uniformados traicionaron cuando se entregaron a bajo precio a la CIA y los Estados Unidos, para brindar con los grupos económicos que cómo aves carroñeras esperaban su turno, Maya Fernández ser la encargada de colocar en su justo lugar a los militares con música incluida.

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Esperamos hasta ahora y también puede ser un rato más el cierre de Punta Peuco y que en virtud de la igual de todos, vivan en las cárceles donde están los que han cometidos delitos y en el caso de ellos de Lesa Humanidad.

 

Por Pablo Varas

 

 

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