Nacional Opinión política

A no claudicar

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“La única lucha que se pierde es la que se abandona”. Madre de la plaza de Mayo, Argentina.     

 

El gobierno de Gabriel Boric, debe poner en marcha, ahora y no mañana al mediodía, las urgencias que el país requiere. Nada de lloriquear, como si se hubiese perdido la virginidad. Me refiero a la virginidad política. Es hora de cumplir en su integridad el Programa, incluidos los puntos y comas. Como labor prioritaria, enfocarse en apremiantes reformas, sobre todo, en la economía. Ahí está el talón de Aquiles, es decir, la maraña por desenredar. La tributaria, cuya insoslayable preferencia, no debe ser pospuesta. Nada de excusas, arreglines o de falta de tiempo. Basta de privilegios a la clase dominante, cuya voracidad aumenta en tiempos de plebiscito. ¿Cuál modelo se debe seguir? Hay países que en esta materia son ejemplares; entre ellos, Estonia, Suecia, Holanda y varios de Europa. Además, Australia y Nueva Zelanda, que tanto son admirados por su disciplina tributaria.

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Quienes burlan en estos países los impuestos y abusan de la elusión, no concurren a clases de ética y se pavonean en los perfumados salones, donde hacen gala de astucia. Van derecho a la cárcel y ahí, pueden escribir sus memorias o una novela cebollenta. Sitio, donde se medita sobre las ingratitudes de la sociedad, incluidas las traiciones. A no desmayar. Miguel de Cervantes, Oscar Wilde, José Santos Chocano, entre otros, escribieron parte de su obra en la cárcel y ahora, son famosos.

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En varios países y no los vamos mencionar, a quienes burlan los impuestos o le roban al erario, les cortan las manos o son arrojado a la cloaca. La corrupción es perseguida, como el más nefando de los crímenes. Sin embargo, en Estados Unidos, donde la disciplina fiscal es acuciosa, el fisco pierde alrededor de US$350.000 millones anuales, a pesar de ser una nación, que se jacta de un alto cumplimiento tributario, gracias al respeto a la ley de sus ciudadanos. Igual, queda en deuda.

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En esta semana de terremotos y huracanes, urge enfriar la cabeza. Alguien habló del Apocalipsis o el acabo de mundo, lo cual es una exageración. Uno puede pensar, ofuscado por la realidad, que infinidad de personas en medio de la confusión, al votar en el plebiscito por el rechazo, lo hacían para enterrar la Constitución de Pinochet.

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Otra vez la derecha, acérrima defensora sus intereses de clase, se inclinó por sembrar el miedo. Urgida se metió la mano al bolsillo y en un gesto de generosidad a lo Mecenas, lubricó a los medios de comunicación. A tanta gente acostumbrada a servir, a cambio de la oportuna lisonja en metálico. Esta derecha, dominada por la extrema glotonería, que demuestra en las encrucijadas, apoyó el rechazo, al considerar el apruebo, como un atentado a sus privilegios. Nunca se equivoca, si se trata de ventajas. Como siempre ha sido servil a la oligarquía. Jamás se aleja de su influencia y sin ambages, demuestra su rastrera pericia. En absoluto realiza oposición, sino demolición. Basta revisar la historia de Chile y conocer su conducta. Por cuanto se advierte y sospecha, en estos turbulentos días, pasó del plan A al B y a la brevedad, aplicará el C.

En relación a los amarillos, el ala rastrera de la derecha, encargada del trabajo sucio y del aseo, cumplió en el plebiscito, un destacado papel. Izquierda vocinglera, maquillada a la moda y vestida de Primera Comunión, asumió la labor de convertirse en el coro de los “Niños Cantores de Viena”. Su función de trotaconventos, lo realizaron a plenitud, aceitados por los dueños de Chile. Entre besamanos y palmoteos en la espalda, se jactan ahora de su miserable labor. Así, esta sinfonía de intereses de clase, sonó como una obra de Mozart o el Aleluya de Haendel y concluyó por endulzar las orejas de la gente sencilla.

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Por Walter Garib

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Escritor

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  1. Felipe Portales says:

    El gobierno de Boric -en conjunto con la CC- ya claudicaron cuando le regalaron solapadamente al Congreso actual de la Constitución (con mayoría de derecha) que ya habría fenecido -en caso que ganase el Apruebo- las cruciales facultades para concretizar legislativamente las disposiciones de la nueva Constitución. Era obvio que en ese caso la derecha no habría dado su aquiescencia a NINGUNA ley que pudiese haber aplicado disposiciones constitucionales que pusiesen en cuestión el modelo neoliberal vigente. Y esto pretendió ser un «revival» del crucial y también solapado regalo de la mayoría parlamentaria que la Concertación le hizo a la futura oposición de derecha a través de la Reforma Constitucional concordada en 1989 y plebiscitada en julio de ese año.

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