Crónicas de un país anormal

Macri les compró la soga: el suicidio de los ancianos en la Argentina colapsada

Photo by Robert Zunikoff on Unsplash

El derrumbe del peso argentino sigue viento en popa: ayer, 14 de agosto, cotizó a $63 por dólar y el riesgo país llegó a cerca de 2.000 puntos básicos. Las medidas que promete Mauricio Macri son, apenas, un paliativo que se licuará por la inflación en menos de un mes; nadie cree que el diálogo entre Alberto Fernández y Mauricio Macri pueda detener la crisis cambiaria argentina.

 

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El mundo de los ricos no tiene nada que ver con el de los pobres: los primeros, seguramente, se van a beneficiar con la crisis cambiaria, pues basta con comprar dólares y, luego, llevárselos a otro país, y cada alza del billete verde representa millones en el bolsillo.

 

El general Juan Domingo Perón decía que no era necesario preocuparse por el dólar, pues “los pobres no tenían ni un puto billete verde”, sin embargo, la actual alza del dólar es más dañina para los pobres que para los ricos: cada punto en el alza del dólar va directamente a los precios, sobre todo, de los alimentos; hoy, con la volatilidad, es imposible fijar precios, y nadie vende, nadie compra –en la Francia  revolucionaria los pobres sólo podían comer pan – y el día de ayer, en Argentina, no había ni siquiera harina, y sólo quedaba mate y, a lo mejor, algunas sopas.

 

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En la peste bubónica, en el siglo XIII, un tercio de la población fue diezmada, y sólo se salvaban aquellos ricos que poseían  parcelas en las alturas – el Decamerón no es más que una recopilación de cuentos de nobles que huyeron de la peste -.

 

En el colapso económico, el mejor camino para los ricos es huir, y no es ajeno a los argentinos, a quienes no les faltarán excusas para hacerlo: una de ellas es la “argentizuela”, y el inmigrante rico siempre es bien recibido en cualquier país del mundo.

 

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“Compró la piola” se ha convertido en un dicho corriente en las villas miseria para constatar que un anciano allegado se ha suicidado.

 

En el año 2018, uno de cada diez niños argentinos se acostaba con hambre, hoy esta cifra se ha multiplicado por dos. El 31% de la población pertenecía al grupo de los pobres, ahora Macri aportó, con sus políticas económicas desastrosas, cinco millones más a los ya 14 millones de había en el 2018, tres mil pobres por día.

 

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A diferencia de los ricos, que ni siquiera conocen a sus vecinos, los pobres siempre son solidarios y, afortunadamente, quienes logran mantenerse en pie logran establecer comedores para alimentar a los famélicos niños.

 

Es cierto que quienes habitan las villas-miseria no tienen ni siquiera dinero para pagar el transporte y hacer turismo en la “city”, y poder comparar los precios del dólar. Suponer que alguien de la clase media hacia abajo entienda en qué consiste el riesgo país y qué significa para Argentina sería impensable, pues sólo lo saben los economistas, los politólogos y demás participantes en timba financiera.

 

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En toda crisis siempre surgen unos “sabios economistas” que anuncian el Armagedón por venir. En Argentina están de moda los neoliberales, entre ellos Milei, partidario de eliminar el Banco Central de ese país y enviar a todos los políticos, de cualquier tendencia, a la cárcel; es un admirador de Carlos Saúl Menem, y  no disimula su pleitesía a Domingo Cavallo, aunque no se atreve a proponer la paridad dólar-peso –  Javier Milei es el invitado predilecto a muchos de los programas de televisión, donde anuncia en forma majadera, la hiperinflación y el default, es decir, una mezcla entre 1989-2001, de Alfonsín-De la Rúa –

 

Por mucho que se parezcan los procesos históricos nunca son iguales: el honesto y buen político Alberto Fernández no tiene nada que ver con el delincuente, traidor y mentiroso, Carlos Saúl Menem – no está en la cárcel gracias al fuero parlamentario -; es de esperar que Fernández sea fiel a sus votantes.

 

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La situación económica actual en Argentina no es igual a la de 1989, tampoco la política, y los militares están desprestigiados como para tomar el poder; la inflación  anual no llega al  mil por ciento, ni la mensual al cien por ciento.

 

Cuando Raúl Alfonsín adelantó las elecciones presidenciales de octubre a  julio, y entregó anticipadamente el poder al triunfador, Carlos Saúl Menem, la situación política y económica era tan grave que el Presidente radical no podía seguir en  el poder; hoy, Mauricio Macri, con el patriotismo de Alberto Fernández, a  lo mejor Macri llega hasta el 10 de diciembre, fecha de la transmisión de mando. 

 

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Los seres humanos, por instinto de conservación, tendemos a creer que el “incendio de la casa de al lado” no se va a extender a la nuestra y que todos los males y desastres sólo ocurren en el barrio contiguo. Aun cuando las cifras económicas sean muy distintas a las de Argentina, (inflación de un 2%  y crecimiento de más de 2%), el fuego de la casa argentina llegará a Chile necesariamente; desde ya, el alza del dólar respecto al peso argentino repercute en el tipo cambio.

 

En una tragedia de caracteres bíblicos, como en Argentina,  los  más afectados que pagan con su vida, por inanición o por suicidio, son los   niños y los ancianos.

 

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Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

15/08/2019                      

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