El racismo no es monopolio de Estados Unidos: Francia, una antigua potencia colonial, aún conserva algunos marcados resabios de discriminación y abusos contra los nativos de sus ex colonias, y después, también, contra la migración en general.

En todos los edificios antiguos de la ciudad de París, el último piso está destinado a las piezas de las empleadas domésticas, (les chambres de bonnes), hoy ocupadas por inmigrantes, especialmente originarios del Magreb, que viven hacinados en piezas de 3 metros x 3, (normalmente conviven 10 personas).

Los magrebinos y los negros, (africanos y caribeños), se ubican en los suburbios de París, (en la banlieue), antiguamente era la cintura roja que rodeaba a la ciudad, (la mayoría de los alcaldes eran comunistas, y no es raro encontrar algunas calles con los nombres de Louis Aragon o Salvador Allende). Actualmente, con el derrumbe del Partido Comunista francés, mucha de esta votación se ha ido al lado opuesto, la derecha dura, el Frente Nacional, que lidera Marie Le Pen.

De tiempo en tiempo estos suburbios son invadidos por redadas de la policía francesa, que llaman “ratonada”. Los vocablos despectivos dirigidos hacia negros y árabes especialmente, son insultantes, y la policía abusa de los controles de identidad que, a la más leve falta, son enviados a las distintas comisarías. Cuando se trata de controlar a estos ciudadanos, no se les llama “señor”, como ocurre con los franceses blancos, sino sólo por su apellido o, a veces, por el alias.

Durante el gobierno derechista de Nicolas Sarkozy, continuamente la policía invadía las banlieue, y ni siquiera tenían en cuenta que la mayoría de magrebinos y negros ya eran ciudadanos franceses.

La policía francesa está formada bajo el perfil de que magrebinos y negros, por el solo hecho de su lugar de origen y, además, pobres, son potencialmente delincuentes.

Durante el tiempo en que mantuvieron los “chalecos amarillos” las manifestaciones semanales, (hasta el comienzo de la pandemia del Covid-19), las cargas de la policía contra los manifestantes significaron un alto número de personas que quedaron ciegas totales, o que perdieron un ojo o una mano, así como otras agresiones graves.

Hipócritamente el actual ministro del Interior, Christopher Castaner, declara que la policía francesa no es racista, y el Presidente de la República, Emmanuel Macron, sostiene tolerancia cero contra el racismo y los abusos policiales.

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A raíz de los acontecimientos de Estados Unidos, en que fue asesinado un ciudadano afroamericano por asfixia, irrumpieron en París las manifestaciones antirracistas, esta vez, dirigidas por el grupo que apoya la causa de Adama Traoré, un afrodescendiente que fue asesinado en una banlieue, hace cuatro años, en forma similar a la de George Floyd.

La policía, so pretexto de un control de identidad, condujo a Traoré al cuartel correspondiente, donde murió asfixiado a causa de los 200 kilos de peso de los tres gendarmes sobre su cuerpo, especialmente sobre el cuello.

El juez de la causa pidió un peritaje, por el cual se dictaminaba que Traoré había muerto a causa de un ataque al corazón. Su familia solicitó el contra-peritaje, el cual dio como causa de muerte la asfixia, provocada por acción de los gendarmes. Hasta ahora, la justicia francesa ha dejado libres a los autores del crimen.

Assa Traoré, hermana de la víctima, ha mantenido, hasta ahora, luego de cuatro años, la defensa de la causa de su hermano, sin embargo, los tribunales se niegan a la reconstitución de escena y de validar el certificado que afirma la asfixia a la que fue sometido Adama.

El 2 de junio del presente año, una manifestación de cerca de 20.000 personas se apostó frente a los nuevos tribunales de justicia protestando, no sólo por el crimen efectuado en Estados Unidos contra Floyd, sino también pidiendo justicia para la familia Traoré que, además del asesinato, hay dos hermanos aún en prisión.

Las manifestaciones en las distintas ciudades de Estados Unidos no se han limitado sólo al territorio de ese país, sino que también se ha extendido por muchos países del mundo, pues el colonialismo y las ideas de la superioridad blanca, tanto en este país, como en Francia y en otros países, están muy lejos de desaparecer.

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

09/06/2020

 

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