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Lo mínimo está cerca de lo mísero y lo miserable

Dando otra muestra de la mezquindad que lo caracteriza y de su convencimiento de que el pueblo solo merece lo mínimo y lo equivalente a la línea de la pobreza,  aun en las actuales criticas circunstancias, el presidente Sebastián Piñera está iniciando los tramos finales de su mandato castigado por el rechazo unánime de todos los que carecen de un patrimonio de miles de millones, tras rendir su última cuenta pública en el Congreso Nacional.

En su discurso el gobernante desplegó su mundo de ficción con exitismo y sin sensación de culpa por lo que deja atrás, pero omitió lo principal, que la presidencia le quedó grande para su capacidad y que durante su periodo el movimiento popular recuperó su condición de sujeto político protagónico enfrentando al modelo neoliberal depredador agravado por la incontrolable circulación del virus letal.

Su mensaje de autocomplacencia y lejanía con la realidad hizo que Piñera recurriera a anuncios sorprendentes que no se esperaban ni en su propio sector. Quiso sacar el foco de los problemas reales que atribulan a todos aquellos que no tienen trabajo ni ingresos y solo buscan algún medio de subsistencia en este enrarecido ambiente contaminado por factores indeseables.

La pandemia del coronavirus y la administración Piñera tienen mucho en común y se les asocia con facilidad: esta analogía dice que ambas parecen interminables,  han causado un daño irreversible a la población, no quieren  irse porque la repulsa generalizada no les afecta y permanecen impasibles pese a los devastadores estragos ocasionados.

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El covid tiene la vacuna como antídoto que evita un colapso sanitario aún mayor, mientras el descalabro socioeconómico que encabeza el jefe de Estado ostenta a su favor el hecho de que el país no cuenta todavía con un referéndum revocatorio lo que le permite seguir en La Moneda portando su carga de insensibilidad, miopía y sordera progresivas.

Reiteradamente y en todos los tonos la ciudadanía se lo ha dicho, fuerte y claro, pero el empresario – presidente, dueño también de la tozudez, no quiere entender que el nuevo Chile que emerge demanda transformaciones profundas  que hagan posible el surgimiento de una democracia de verdad, plena de igualdad, justicia social y solidaridad, y – en estos momentos – de ayuda oportuna y suficiente que necesitan cientos de miles de familias sin recursos, apesadumbradas y deprimidas.

Desde las calles y desde los locales de votación – en dos oportunidades en medio año – la gente se ha expresado masivamente. Sus clamores apuntan a una sociedad de bienestar y respeto por sus derechos,  valores que no encuentra si debe permanecer en confinamiento,  encuarentenada y encerrada, sin ayuda significativa, pasando hambre, estirando al máximo todo lo que se tiene y que al cabo de 15 meses de pandemia ya se acabó,  pero siempre abusada por las inexorables leyes del mercado propias del modelo neoliberal.

Piñera no hace caso, no reacciona con la grandeza que  se requiere y aunque el país dispone de enormes riquezas que están en manos de una minoría, prefiere salvaguardarlas, intocables, ni siquiera afectadas por un impuesto menor,  lo que facilitaría el financiamiento de políticas públicas destinadas a mantener en pie a las familias  que caen. Opta por un paquete de menudencias por un plazo acotado que no salvan a nadie.

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El gobernante es un administrador aventajado del modelo y no sale de su lógica: unos pocos con demasiado y la mayoría con demasiado poco. Por ello en La Moneda se desestiman con prontitud las ideas de un impuesto a los superricos, la aplicación de un royalty minero o un recorte del colosal presupuesto de las FF.AA. para financiar su privilegiado sistema previsional y su armamentismo innecesario.

Para las clases populares desamparadas no hay más que una agenda de mínimos comunes que se acercan a lo mísero y lo miserable: el ingreso familiar de emergencia no es la renta básica universal que se exigía y no da el ancho el bono – alivio para las pymes, muchas de las cuales han ido a la quiebra. Tampoco el salario mínimo que pretende el Ejecutivo se aproxima a los 500 mil pesos solicitados por los trabajadores.

El perdón de Piñera dirigido a las innumerables familias afectadas por la tardanza en la entrega de ayuda no tendría sentido si no se reacciona de inmediato con generosidad. Por de pronto se anuncian nuevos retiros de fondos previsionales para que los desposeídos puedan seguir sobreviviendo.

Más que un pase de  movilidad o un carnet verde, que provocan polémica, muchos compatriotas aspiran como prioridad a un “pase a la igualdad” o un “carnet de la dignidad”, otorgados a todas y a todos sin discriminación alguna.

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Hugo Alcayaga Brisso

Valparaíso

 

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  1. Gino Vallega says:

    No hay duda que Piñera y su gobierno son así como lo relata el artículo.Pero , no hay duda que NO HAY CASCABEL para ponerle al gato , a pesar que el pueblo ha señalado en forma insistente que “hay que ponerle el cascabel al gato” : se oponen los amigos del delincuente Piñera , la judicatura , los parlamentarios , la partidocracia y los uniformes.
    No importa lo que yo escriba ó diga comentando en los diarios que lo permiten , todos mis escritos son considerados tal vez “contra el neoliberalismo” por Facebook y prohibidos , a pesar que no pido que esa fatídica empresa los publique.

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