Crónicas de un país anormal Latinoamérica

Celac: La guerra entre la América Latina bolivariana y el monroísmo está ya declarada

El reciente encuentro de la CELAC, en Ciudad de México, está marcando el liderazgo indiscutible de México en América Latina: coincide con un quiebre radical entre una derecha extrema, que no es otra cosa que fascista con líderes yanaconas y serviles del imperio, pues su  único fin es atacar a la triada de progresistas, (Cuba, Venezuela y Nicaragua). Ya no existe  tipos de detalles que separen al monroísmo – “América para los americanos”, del siglo XIX – de la idea de Bolívar que promovía la unión de todos los países latinoamericanos.

En la actualidad, la derecha no puede soportar la existencia, menos el triunfo democrático de algún candidato presidencial de izquierda, o simplemente progresista.

Durante este último año el quiebre entre la derecha neoliberal y servir a Washington  y el progresismo democrático, adquiere una expresión muy significativa: en España, el Partido VOX, por ejemplo no es más que la resurrección del sector de la sociedad española seguidor de Francisco Franco. En Perú, el debate del destino de las cenizas del terrorista Abimael Guzmán es una expresión del choque entre el fujimorismo, aún vivo, y los consejos y existencia por parte de Vladimiro Montesinos, (antiguo asesor de Fujimori durante su gobierno), que se da el lujo de dar consejos a la “chica”, (como le dice Keiko Fujimori), desde la cárcel de alta seguridad de los Marinos, quienes no tienen nada que ver con el testamento de Grau, cuyos ex Almirantes están llamando al derrocamiento del Presidente Castillo, que representa la expresión de un Perú profundo que ofende a la Lima, capital que no puede soportar a un profesor primario en la primera magistratura de ese país.

En América Latina, la derecha dura que, abiertamente no sólo defiende el neoliberalismo y los postulados de la Escuela de Austria, (Hayek y Cía.), toma el camino no sólo de ser yanacona de los yanquis, sino también la gran defensora de la OEA, que está en manos del servil golpista uruguayo, Luis Almagro, (algún tendrá que pagar la conspiración urdida contra Bolivia, en el golpe de Estado que derrocó a Evo Morales).

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En México, el progresismo está liderado por el Presidente Andrés Manuel López Obrador y su Canciller, y el monroísmo de ultraderecha por el fascista, el criminal y asesino, Jair Bolsonaro, Presidente de Brasil, seguido por los Presidentes Iván Duque, de Colombia, Sebastián Piñera, de Chile y, ahora, por Lacalle Pou, de Uruguay, y los derechistas de Ecuador y Paraguay.

El Encuentro de la CELAC, en Ciudad de México, dirigido magistralmente por el gobierno de AMLO concedió poco espacio a los dimes y diretes, muy propios de la dialéctica latinoamericana, y sólo los Presidentes de Uruguay y Paraguay se atrevieron a repetir la vieja cantinela de condena como dictadura a Venezuela y Cuba que, esta vez, el Presidente Maduro supo evitar el choque al abrir camino al diálogo latinoamericano, bajo los auspicios de México, país que ha sido históricamente el “asilo contra la opresión”, (baste recordar a Trotsky, a los republicanos españoles e, incluso, a la familia Allende y a muchos chilenos, asilo que fue concedido por el personaje contradictorio, Luis Echeverría, fascista y asesino en México, y muy progresista en política internacional; el hoy fujimorista, Mario Vargas Llosa, llamó a México y el Partido  PRI como “la dictadura perfecta”).

Asistimos actualmente a un período  de choque entre el monroísmo y la unión bolivariana de los pueblos de América Latina: además de Perú, que optó en la última elección presidencial por la hija del dictador, (como él, ladrona y corrupta), y un profesor primario, que representa a la gran masa del Perú profundo, serrano y andino que, de un solo golpe está dando al “Grupo de Lima”, que congrega a los Presidentes y gobiernos neoliberales de Perú, Chile, Ecuador, Colombia y Brasil.

En noviembre de este año sale el neoliberal, Sebastián Piñera, y lo más posible es que sea reemplazado por un candidato progresista; el fascista y asesino, Jair Bolsonaro, junto con dejar abandonada a su suerte a la población durante la pandemia del Covid-19, lo más probable es su reemplazo por Luiz Inácio Lula Da Silva, un candidato progresista. Por desgracia, tanto en Argentina como en Uruguay y Ecuador, los neoliberales están tratando de recuperar el poder; en el caso argentino, por ejemplo, estamos presenciando una grave crisis institucional del gobierno de la dupla peronista Fernández-Fernández; en Uruguay, el Frente Amplio terminó por perder el poder y se ha visto obligado a entregarlo a Lacalle Pou, represente del Partido Blanco; en Ecuador, el banquero Guillermo Lazo ganó al candidato de Rafael Correa, quien hábilmente aprovecho la traición de los indios yanaconas, ya que su candidato, que llegó en tercer,  llamó a la abstención; en Colombia, la mitad del país uribista y paramilitar, podría abrir la posibilidad de dejar de ser un juguete, utilizado por Estados Unidos, y elegir un Presidente progresista.

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La guerra entre la América Latina bolivariana y el monroísmo está ya declarada.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

20/09/2021

 

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Historiador y cronista

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