Cultura Nacional

Una cantata contra el olvido

Manuel Luis Rodríguez Uribe, Fernando Alejandro Lanfranco Leverton y Marco Antonio Barticevic Sapunar son tres expresos políticos de la región de Magallanes, Punta Arenas. Los tres, juntos a muchos compañeros, estuvieron presos en Isla Dawson: allí, tal vez para probar a sí mismos que seguían vivos, tal vez para probarlos a sus opresores, dieron vida a una cantata. Hoy quieren hacerla pública para no olvidar lo que sucedió en Chile en 1973 y rendir homenaje a todos aquellos que ya no están.

Cuando ocurrió el golpe de estado en Chile, el no tanto lejano 11 de septiembre 1973, muchos de los jóvenes militantes secuestrados por los militares en Punta Arenas fueron detenidos en el Regimiento de Infantería de Marina, situado hacia la salida sur de la ciudad en el sector denominado Río de los Ciervos.

Desde allí, en diciembre de este mismo año, la mayoría de estos detenidos fueron trasladados al campo de concentración de Rio Chico de Isla Dawson.

Se estima que alrededor de 450 prisioneros estuvieron confinados en este lugar entre 1973 y 1975, cuando dejó de funcionar, en el mes de abril.

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“La idea de convertir en prisión a una isla para confinar a los delincuentes y a los adversarios políticos no es nueva, no fue un invento de los milicos chilenos. La verdad es que poco inventaron ellos, casi todo lo trajeron de afuera, lo copiaron de otras situaciones. Eso sí, algunas cosas la perfeccionaron, fuimos una excelentes cobayas en la refinación de métodos de tortura, como también en la depredación económica”, nos cuenta Marco Antonio Barticevic Sapunar, uno de los creadores de la cantata, en su libro “Esperanza en el Austro”, Mosquito Ediciones.

“Lo primero que veo cuando llego al sector de barracas es a mi padre (detenido el 12 de septiembre) y mi hermano (14 de septiembre). Esa imagen no se borra nunca. Los vi detrás de los alambres púas. Ahí todos pasamos a ser un número. Es una forma de denigrarte como persona, yo era Charli 23”, cuenta Fernando.

Nuestra Madre Grande

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“En este lugar [Isla Dawson], con inspiraciones personales de algunas lecturas, escribí un texto poético que quería sintetizar la historia del continente americano relatando sus momentos más importantes, y eso desde el punto de vista de los pueblos originarios”, nos relata Manuel. “Luego, entregué este texto a Fernando, quien lo tomó y comenzó a trabajarlo en letras, construyendo así la cantata”.

Una alborada perdida,

se abrió desconocido

tu surgimiento vital y prehistórico,

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cuando anunciada comenzaste a caminar,

reverenciaste al tótem milenario

y tus manos maduras/ de fragua y proféticas

como vientre originario

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levantaron tres dominios

y fue hazaña forjadora

en la era precolombina.

(Así empieza la cantata).

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“Nosotros en Isla Dawson compartíamos una barraca juntos. Además, con Marco ya estuvimos juntos en el Regimiento de Infantería de Marina. Hasta el año 1976 estuvimos haciendo carrera juntos en distintas cárceles…”, se acuerda Fernando.

“El arte y la cultura están muy metidas adentro de nuestra forma de ser…por la gente de izquierda, la vida no tiene sentido sin películas buenas, exposición de arte… y es por allí que empieza la historia de esta cantata”, explica Fernando. “Cuando tú estás en esta condición de encierro, es difícil sobrevivir. En estos tiempos, nosotros cantábamos una samba argentina, Sapo cancionero. La cantábamos mucho cuando estamos en el regimiento Cochrane. La samba termina que la vida se debe vivir como una ilusión, y es lo que nosotros hicimos. Éramos muy jóvenes a esa época, y, hoy, tenemos la misa ilusión, con deseo que esta cantata se transmite y llegue lo mas allá posible”.

Una vez que Manuel escribió sus textos y los transmitió a Fernando, este último estructuró musicalmente el ritmo de la poesía de Manuel, basándose en los ritmos de la música latinoamericana de aquella época (los Quilapayún, los Inti Illimani,…).

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Esta obra se fue concretizándose así hasta el mes de febrero del 1974, cuando Marco y Fernando se separaron de Manuel.

Fernando siguió trabajando, poniendo música a los textos, hasta que la tarea más difícil fue necesaria: sacar este material afuera de la prisión. “De nada servía la cantata si algún día todo eso se moría…esos textos y músicas estaban escritas en papel, en el papel que teníamos a mano, un papel de escribir muy fino y delgado…había que salvarlo”, cuenta Fernando.

Es Marco quien lo transformó “musicalmente”: hizo el pentagrama, encontró las notas.

“El ejército entraba en cualquier momento para mudarnos no sé dónde…Escondíamos los papeles para que las guardias no los encontraras…pero… ¿hasta cuándo?

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Una manera de resistir

Es en ese sentido que “Nuestra Madre Grande”, la cantata dedicada a la madre tierra de los pueblos originarios, se transformó en un acto de resistencia hacia la dictadura pinochetista, aprobada por Estados Unidos.

Una lucha permanente para ganar la dictadura y mantener la memoria bien guardada.

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“Hubo muchos ejemplos como este de la cantata: en el campo de concentración de Isla Dawson había gente que pintaba, gente que escribía, gente que hacia tejido. Hubo mucha creación. La dictadura no atiende ni escucha razón. Ellos atacan, golpean y hacen daño… ¡pero a nosotros tres no nos pudieron ganar!” Se exclama Fernando.

“No queremos llenarnos de gloria, pero creemos que la cantata sea la punta del iceberg que tiene la posibilidad de salir del agua y aparecer en esa punta. Hay muchas otras creaciones de todos los que pasaron por Dawson que se perdieron: por ejemplo, hay tallados de piedra, una piedra negra que hay en Dawson. Algunos militares aprovecharon de la ocasión, robaron las piezas y luego aparecían esposas de los oficiales con piedras de Dawson”, nos cuenta Marco. “Esa cantata tiene la capacitad de salir a la luz pública y de ser una muestra de las obras artísticas que se realizaban allí en la Isla”.

 

Nacer después de 48 años…

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Por varias razones, este proyecto no pudo concretizarse antes, nos cuentan los tres expresos políticos. Pero, ahora, el proyecto se va concretizando, en fin.

“Fernando me iba dando por sílaba, debajo de cada sílaba escribíamos la nota que correspondía, sin ninguna duración, aparte de todo el peligro que nos encuentren el texto…”, nos comparte Marco, pensando en aquellos tiempos. “Llegar al pentagrama final fue un verdadero trabajo técnico. Hubo un gran riesgo que nos pillaran y pensaran que fuera un mensaje secreto… ¡Eso fue una parte bien complicada de ese asunto!

¡Por suerte nunca nada fue encontrado!

“Yo me había olvidado del texto…cuando salí en libertad en 1975, relegado al sur de Chillán, me acordaba muy vagamente de que había escrito ese texto hasta el punto que, yo, físicamente, lo perdí…así que no tengo los originales escritos por mí, pero gracias a la perseverancia de Marco y Fernando, y también a las de sus familiares, el texto igual se conservó hasta el día de hoy”, nos comparte Manuel.

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“No sé si hoy haríamos la misma cosa, tomar los mismos riesgos… ¡pero en ese tiempo para nosotros era normal! De repente en 10 minutos teníamos que cambiarnos de lugar…corríamos muchos riesgos…pero estuvimos felices….porque tal vez la vida ha tenido sentido haciendo estas cosas…”, concluye Fernando.

 

¿Hacia dónde vamos?

“Hoy día ya estamos trabajando en una asociación cultural que permite llevar adelante a ese proyecto político y musical.

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Creemos en lo que puede dejar a la juventud.

Queremos hacerlo público, tal vez dejarlo grabado en video y audio. Para eso hay personas y grupo interesados en trabajar con nosotros, y esa es la etapa siguiente: rendir homenaje a todos los compañeros que ya no están, lo que murieron en la tortura, la cárcel y lo que murieron después, en libertad”, cuenta Fernando.

Si estás interesados en tener más informaciones, o apoyar el proyecto, aquí va el contacto con la Agrupación Cultural Nuestra Madre Grande: nuestramadregrande@gmail.com.

 

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Elena Rusca, Ginebra, 17.10.2021

 

Isla Dawson, la Isla de la Muerte – Planos

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Corresponsal

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