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Homenaje al Dúo Silva-Verdugo

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Durante años, antes de la televisión, cada fin de semana miles de personas a lo largo del país asistían con sus oídos a un espectáculo singular.

Dos hombres, con sus micrófonos respectivos, hacían llegar volando por el aire lo que estaba ocurriendo en canchas de fútbol a través de la radio.

Estos dos dotados locutores de oficio, que nunca pasaron por ninguna universidad, instituto o taller, eran Darío Verdugo y Sergio Silva. Vivieron en una época de locutores deportivos radiales magníficos, con estilos personales muy originales, como Gustavo Aguirre y Hernán Solís.

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En aquellos años sesenta, hincha de la Unión y particularmente del Nino Landa, el jugador más hábil, creativo y divertido que ha dado el balompié nacional, si no iba al Santa Laura o al Nacional escuchaba al dúo Silva-Verdugo.

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Además de la capacidad extraordinaria de ambos para trasladar lo que pasaba en la cancha y en el estadio hasta cada rincón de Chile, la composición compartida tenía una característica fundamental, a la que obedece como preámbulo todo lo escrito hasta ahora.

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Esta era que cada uno relataba el juego de un equipo y una de las mitades del campo. Pero lo más asombroso era el tempo impreso en cada relato y la sucesión sonora entre ellos.

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Sergio Silva era una especie de Erik Satie del relato, daba a sus palabras y frases un ritmo armónico lento, descriptivo con elegancia. Darío Verdugo era el vértigo, la velocidad, la abundancia fabulosa de palabras pronunciadas con una rapidez inaudita.

Esta conjunción, perfectamente lograda en el relato, de lo lento y lo veloz, causaba un efecto muy benévolo y agradable en el auditor, acorde con el ritmo natural de la vida. 

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Por Pedro Armendariz

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  1. Aaah, aquellos tiempos que no volverán. Si uno, por cualquier motivo, se quedaba en la casa y no iba a los estadios, ahí estaban esos dos inolvidables locutores deportivos que con sus vívidas transmisiones nos trasladaban al estadio y nos hacían vivir los partidos como si hubieramos estado presente en los estadios. La otra cosa inolvidable de nuestra simple vida de esos tiempos, me acuerdo que en nuestra población, la INOLVIDABLE POBLACIÓN HUEMUL DE SANTIAGO, los días sábados y domingos se podía escuchar por toda la población como en la mayoría de las casas se escuchaban a todo ful las transmisiones de los partidos. Chuchas, re chuchas, que tiempos aquellos y que jamás volverán, pero asi es la vida cuando las tecnologías evolucionan y hacen que la gente evolucione en sus costumbres. Darío Verdugo, Sergio Silva y todos los demás, levanto mi copa y tristemente celebro esta vuelta al pasado. Posiblemente tambien las nuevas generaciones con sus nuevos juguetitos , tambien podrán, cuando estén viejos, recordar sus pasados con memorias que les van a traer tristeza, pero al mismo tiempo absoluta alegría de haber sido parte de ese pasado. Salud, mi alma hasta chupar el borde de la copa.

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