Nacional Opinión Portada

Cuestiones de la (in)seguridad

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Para quienes vivimos fuera de Chile, una de las cosas curiosas que tiene estar suscrito al canal internacional de TVN (TV Chile), es tener que aguantarse entre el 20 y el 40 por ciento de sus noticieros dedicados a informar—además con todo lujo de detalles—de los numerosos “portonazos”, “encerronas” y demás actos delictuales que acontecen a diario a lo largo del lejano país. Los periodistas de ese canal (y me imagino que los de los canales comerciales deben ser aun peor), parecen engolosinarse en detallar el número de puñaladas que los maleantes le asestaron a la víctima. Peor aun, en algunos casos, sin ninguna consideración por el dolor de las víctimas, reporteros junto a sus impertinentes cámaras indagan en el “sitio del suceso” y sin mayores miramientos se dedican a entrevistar a los parientes de las víctimas: “¿cómo encontró el cuerpo de la víctima? ¿mostraba signos de violencia? ¿cuántos balazos escuchó usted?”

Paradojalmente, inmediatamente después de todas esas explícitas narraciones de asaltos, violaciones y robos con intimidación, el canal va a una pausa comercial y la pantalla nos muestra algunas idílicas imágenes de playas, volcanes, selvas australes o impresionantes muestras del desierto, todas ellas terminando con una amable invitación a visitar Chile. El problema es que, si uno en ese momento estaba viendo el canal chileno en compañía de algunos amigos extranjeros a quienes quería convencer de las bondades de nuestro clima, los buenos vinos y los bonitos paisajes, todo ello queda anulado por el lúgubre listado de crímenes dignos de una noche de Halloween. “¡Ni loco ir a Chile, me cogotean a la salida misma del aeropuerto…!” reaccionarían aterrorizados los potenciales turistas. Y vaya que es un sentimiento muy serio, si hasta muchos de nosotros—chilenos de lo que fue el exilio—que ya no estamos muy jovencitos, vemos la perspectiva de viajar a nuestro país de origen con muchas aprensiones. La gente de la tercera edad es blanco predilecto de los muchos maleantes que circulan por las calles del lejano país.

De un modo también paradojal, el tema de la criminalidad, que en Chile hoy se ha instalado como la preocupación número uno del gobierno, tuvo siempre aristas complejas para la izquierda. Tradicionalmente, el discurso era “el crimen es un producto social, resultado de las condiciones de desigualdad e inequidad del sistema capitalista…” y podíamos seguir argumentando con diversas variedades sobre el tema. Incluso, de un modo quizás inconsciente, se deslizaba hasta una cierta empatía hacia los que cometían actos delictuales, al fin de cuentas, ellos serían víctimas del sistema también. (Eso sin contar el argumento que alguna vez lanzaron algunos teóricos de onda anarquista, que incluso veían en la conducta criminal un acto de rebeldía, potencialmente contestario, antisistema y hasta revolucionario. Una soberana tontería, por cierto, los criminales en cuanto miembros de ese sector desclasado conocido como el lumpen, siempre han estado del lado de la derecha, más aun, en tiempos de agudas contradicciones han generalmente engrosado las filas de los grupos de choque de los fascistas, en Chile estuvieron en Patria y Libertad en los años 70 y durante el estallido social han sido los hechores de actos de vandalismo, para desacreditar la protesta social).

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Bueno, el discurso ligeramente justificativo podía seguir desplegándose hasta cuando a uno mismo o a alguien cercano, le abren una cartera en el metro o en el bus, a punta de pistola le roban la billetera al volver del trabajo en la noche, o le hacen una encerrona y le roban el automóvil que todavía está pagando.

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Sí, el crimen es ciertamente un fenómeno social y como tal debe ser abordado con una política de largo alcance y con múltiples acciones: económicas, educativas y otras tantas destinadas a promover prácticas deportivas y culturales entre la juventud, especialmente. Programas de rehabilitación y reinserción deben disponerse también para los que actualmente cumplen prisión. Sin embargo, todas esas iniciativas destinadas a prevenir o minimizar el ingreso de más gente al mundo del crimen van a dar frutos de aquí a quizás un par de generaciones. Gústenos o no el término, a esta altura hay gente que ya está “maleada” y que simplemente no tiene remedio. El problema del crimen como una realidad actual, por lo tanto, es urgente; lidiar con él es una demanda ciudadana.

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La respuesta de ciertos sectores es aplicar más mano dura, más tiempo de encarcelamiento y desplegar más fuerzas policiales, medidas que sin embargo adolecen de una falla de partida: son insuficientes. Si bien es verdad que en algunos casos el sistema penal en Chile ha sido muy laxo y todos los días se revelan casos de criminales que quedan libres y reinciden, por otro lado, hay limitaciones en cuanto a la capacidad de los establecimientos carcelarios. Construir nuevas cárceles o ampliar las que ya existen toma tiempo, y enfrentado a la necesidad de construir hospitales y escuelas, el gobierno puede hallarse ante difíciles disyuntivas. El despliegue de más fuerzas policiales también tiene sus límites: simplemente no hay suficiente personal. En este ámbito preventivo o de respuesta inmediata a una urgencia criminal, podrían intentarse otras alternativas, muchas municipalidades ya disponen de cuerpos de lo que se llama seguridad ciudadana. Sin embargo, esos funcionarios no tienen un mandato legal muy claro, al final sólo pueden hacer detenciones ciudadanas y—sobre todo—no están armados, por lo que no pueden hacer frente a delincuentes en condiciones adecuadas. Por lo que se sabe, Carabineros y la Policía de Investigaciones, los únicos cuerpos policiales reconocidos (aparte de las policías de las fuerzas armadas que sólo actúan en sus reductos), nunca han visto con buenos ojos que haya esta suerte de policías municipales, a nuestro juicio un error, ya que fuerzas policiales municipales son comunes en otros países.

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El modelo de algunas ciudades de Estados Unidos, donde supermercados y farmacias tienen guardias de seguridad armados, puede ser visto como un tanto exagerado y tiene también sus bemoles: los delincuentes entonces actúan más violentamente, eso aparte que se requiere precisión para usar armas en un entorno donde hay mucha gente circulando; mientras a los delincuentes eso no les importa, a una fuerza de seguridad eso debe ser de primera importancia. Como medida intermedia los guardias de seguridad en negocios o centros comerciales sí podrían utilizar dispositivos no letales como el taser, que puede ser bien empleado, por ejemplo, cuando una turba irrumpe en un negocio ya que requiere cercanía física al sujeto al que se quiere inmovilizar.

Por supuesto, tampoco se puede caer en el modelo estadounidense de que todo el mundo esté armado, ya que sabemos a qué conduce una política en que pistolas y rifles se puedan comprar en el supermercado. La legítima defensa debe quedar, eso sí, mejor resguardada legalmente: en Chile gente que tiene armas debidamente registradas y las usa en esa instancia, tiene que dar muchas explicaciones y a veces algunos hasta terminan detenidos. Por supuesto, quienes empleen armas en esas circunstancias deben saber usarlas para evitar un mal mayor, como herir a terceros. La legislación debe ser más clara en que el delincuente que es herido o muere como resultado de una legítima defensa de la víctima, en los hechos ha abdicado sus derechos.

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La lucha contra el crimen que el gobierno de Gabriel Boric ha hecho una prioridad, también ha colocado a la izquierda ante otra situación paradojal: hasta hace cosa de un par de años se pedía una refundación de Carabineros, cuando no su disolución. Propuestas que ahora han quedado atrás, aunque todavía les penan a algunos dirigentes, hoy con responsabilidades gubernativas, pero que las formularon en el contexto de un estallido social que parecía que iba a cambiarlo todo. O al menos eso se creía. La verdad es que todas las sociedades, incluso las sociedades envueltas en el torbellino de una revolución, como estuvieron los rusos poco más de un siglo atrás, requieren de una fuerza policial. La cuestión aquí es qué tipo de policía es el que se requiere. Idealizar a la policía como una suerte de ángeles custodios de la ciudadanía es ingenuo porque todos sabemos que no lo son, en gran medida porque en todo conglomerado humano hay todo tipo de gente: honesta y efectivamente dedicada a servir y actuar profesionalmente, por un lado, y corrupta y dispuesta a sacar provecho de su posición por otro. Esto ocurre también en otros ámbitos: los políticos, los médicos, los sacerdotes, los periodistas, etc. Lo que hace diferente al policía es el hecho que ejerce una autoridad, la que al ser abusada puede traer consecuencias a veces fatales a sus víctimas. Sin embargo, “es lo que hay” como se dice; en buenas cuentas habrá que aspirar a que la mayoría del personal policial sea medianamente honesto y dedicado a un servicio profesional. Con cierto cinismo alguien escribió que “un cuerpo policial es bueno, cuando atrapa a tantos delincuentes como los que tiene en sus propias filas”. No queremos adelantar juicios sobre el estado de las fuerzas policiales de Chile, pero es probable que la mayoría, especialmente a nivel de los funcionarios de bajo rango, se trate de gente fiable. En cualquier caso, es importante también que haya instancias de salvaguarda civil que controlen el accionar policial, en especial cuando haya situaciones en que se pudo haber atropellado derechos humanos.

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Sin embargo, bien sabemos que “el crimen no descansa” y desde las bandas muy bien organizadas que controlan el lucrativo negocio del narcotráfico, hasta los “motochorros” y los carteristas de mala muerte que circulan en los sitios de mucha aglomeración, constituyen hoy en día un problema mayor que—y eso hay que reconocerlo—la izquierda ha empezado también a encarar sin complejos. No más de esa cosa un poco sensiblera de justificar al ladrón por su condición de pobreza: una falacia lógica ya que la inmensa mayoría de la gente pobre no roba. Desde una perspectiva existencial, uno siempre puede elegir. El tipo que asalta porque el sistema consumista lo ha incitado a que robe para poder comprar, tiene también su responsabilidad. En esto hay que tener mucho cuidado de no caer en una suerte de tobogán de justificaciones psicológicas del crimen, porque entonces hasta los más deleznables criminales podrían haber sufrido alguna situación traumática que los llevó a perpetrar esas conductas asesinas y entonces todos quedarían exonerados: a lo mejor Hitler tuvo una infancia desgraciada, a Pinochet quizás su padre lo maltrataba, y al Mamo Contreras puede que lo sodomizaran en algún rito de iniciación en la Escuela Militar… Definitivamente no, el crimen es una conducta antisocial. Puede haber explicaciones de su porqué, una tarea de interés académico quizás, pero en el mundo real y concreto de las inquietudes y preocupaciones ciudadanas, luchar contra él y reducir su impacto es prioritario en este momento. (¡Eh! Santiago solía ser una ciudad segura, en mi juventud caminé muchas veces por sus calles, algunas ni siquiera entonces de las más santas, y nunca tuve problemas. En mi niñez, en el barrio de Javiera Carrera en La Reina, los niños íbamos de una casa a otra y entrábamos sin tocar timbre ni nada, ¡las puertas se manejaban sin cerrojo…!)

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Es pues muy importante que el gobierno de Boric asuma esta lucha contra el crimen y se intente dar cierta seguridad a la gente. La limpieza de barrios como Meiggs donde se instalaban comerciantes ambulantes que funcionaban en tándem con las mafias del sector, debe continuar y profundizarse. Es importante también recuperar los espacios públicos de las ciudades, no es posible que en las poblaciones los niños no puedan salir a jugar a sus plazas porque están tomadas por delincuentes o, peor aun, que sean lugares para enfrentamientos armados entre pandillas.

Nadie espera que el crimen desaparezca completamente de la noche a la mañana, eso no va a ocurrir, pero por lo menos que sus manifestaciones más agudas y perjudiciales para los sectores más vulnerables, se bata en retirada, que sea posible circular por las calles del centro o de las poblaciones sin temor, que tomar el bus no signifique el riesgo de que le roben la cartera o que para un jubilado ir a retirar dinero de un banco no termine siendo una misión imposible.

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Por Sergio Martínez (desde Montreal, Canadá)

 

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Desde Montreal, Canadá

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  1. Nestor R. Marin-Tobar, Ph.D Agricultural Science, Phytopathologist, Expert in Rural Development and Renewable Energy. says:

    Estimado Sr. Martinez:
    Veo con mucha claridad que usted ha dicho la repurita verdad. ha dicho con mucha precision lo que realmente esta pasando en Chile. Yo tambien estoy fuera del pais dede Enero de 1976, y por situaciones del destino, fui absorviendo el idioma ingles, poco a poco por situaciones de trabajo y estudio. Lo que quiero decir es que fui perdiendo el espanol, aunque hacia un tremendo esfuerso en conservarlo. Durante el 2022, es lo mejor que he leido en este medio, el cual lo reviso y analiso todos los dias. Lo felicito por su espanol, y su manera de alalizar la real situacion que esta sufriendo Chile. Lo que mas me ha extranado es que no he encontrado ningun comentario de los que acostumbran a escribir en este medio, ya que ante cualquier comentario que aparece en este medio, de inmediato saltan dos o tres a poner sus comentarios, la mayoria, comentarios muy logicos, y algunos sin pie ni cabaza. Yo creo que para comentar en este medio hay que tener varios decadas de experiencia, haber sufrido el arresto, los golpes y las torturas de los milicos, y tener que salir del pais. Afortunadamente yo tenia familiares viviendo en USA, y me fue facil escapar a este pais. Quiciera agregar algo a su comentario, donde usted comenta sobre los Pungas, que no tienen ni la minima educacion civica y estan del lado de la derecha, esto es muy cierto, como miles de Mapuches que son derechistas, que nunca han entendido todo el mal que les ha hecho la derecha. Esta situacion es sumamente complicada y peligrosa, porque ahora como que la policia (Carabineros) los deja actuar con mas libertad, y dicho sea de paso, lo peor de todo es que estos pungas se revuelven con policias de civil (mayormente Carabineros) que se aprovechan de la ocasion y actuan como delicuentes, empeorando la situacion. Estos casos nunca se han visto bajo un gobierno de derecha. Ahora muchos grupos se aprovechan de la situacion viendo que el gobierno esta pasando por un periodo dificil (A rio revuelto, ganancia de pescadores), es mas facil hacer lena del arbol caido. A Lula Da Silva, recientemente elegido presidente de Brasil, le va a pasar lo mismo; Bolsonaro no se va a quedar tranquilo, hasta lograr un golpe militar; lo mismo que podria ocurrir en Chile. El Pueblo de Chile, se farrio la oportunidad del siglo, lo echo todo a perder…..cuando nuevamente tendra otra oportunidad de algo similar ?….en la posicion masoquista y cruel que actuo el pueblo, le ha dejado las puertas abiertas a la derecha nuevamente….el pueblo le dio una punalada por la espalda al Presidente Boric, quien no se merecia tan alta traicion……ahora veremos que va a pasar…..va a volver el pueblo salir a las calles a protestar por las injusticias y por todo lo que ha sufrido Chile ?……..para que si a la hora de los quehubo el Pueblo va a !!! echar el Poto a las Moras !!!! Ya no es mas «Puro Chile tu Cielo Azulado» ahora es: Pobre Chile tu cielo Nublado !!!!! Lo sieto en el alma.

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