Durante el Imperio Romano todos los judíos debían que pagar un impuesto al César y otro a los administradores del Templo de Jerusalén, y tanto los romanos, como los judíos no estaban dispuestos a perdonar las deudas, como tampoco eran deudores de aquellos que pagaban sagradamente sus impuestos.

Sin caer en la blasfemia, (¡Dios me libre!), por estos lares, los argentinos son los más fieles cumplidores de lo que reza el “Padrenuestro”, pues se endeudan, pagan la deuda y se vuelven a endeudar. Al final, Dios siempre les da a los ricos el pan de cada día, mientras que los pobres tienen que contentarse con el maná y la promesa de la vida eterna.

La historia de la deuda externa trasandina se confunde con la historia de Argentina: en 1823, el gobierno de Buenos Aires decidió pedir un crédito de un millón de Libras al banco inglés Baring Brother, y los Consejeros de Buenos Aires no podían explicarse para qué solicitar un crédito si esta provincia tenía un superávit de 500 millones de libras esterlinas, pero el contraer la deuda con Inglaterra era un buen negocio para el presidente de Buenos Aires (en la  en la época, Rivadavia), como también para el imperio británico.

Del millón solicitado al banco inglés Argentina sólo recibió 50 mil libras, pues el resto fue descontado en viajes y pagos a los negociadores, tanto argentinos como británicos.

La época en que se asumió la deuda coincidía con la tramitación del reconocimiento por parte de Gran Bretaña de la independencia de Argentina, (habría que ser muy ignorante para creer que nuestros héroes nos hicieron libres pues, en este caso, lo único que ocurrió fue el cambio del real español por la libra esterlina, y los Miranda, los Bolívar, los San Martín, los O´Higgins…no eran más que “agentes” británicos. La independencia de los países de América Latina sólo se puede entender como una guerra entre españoles, en que unos eran probritánicos y otros partidarios del rey de España. El único resultado de estas guerras civiles fue el cambio de una moneda, el real, por otras veinticinco, (número de países en que cada uno tiene su moneda), y el triunfo de Ayacucho, por ejemplo, debiéramos llorarlo en vez de celebrarlo.

Estas 25 monedas dependieron de la libra esterlina hasta la crisis de 1930, en que el dólar pasó a reemplazar a la libra esterlina, es decir pasamos del dominio inglés al del norteamericano, y en tiempos actuales dependemos de los chinos.

A los gobiernos argentinos, en general, les encanta pagar la deuda externa: Juan Manuel Rosas trató de canjear las deudas con Inglaterra a cambio de las Malvinas; el Presidente Argentino Roca, (el asesino de los mapuches en la Guerra del Desierto), fue recibido como un rey en Inglaterra, pues a los banqueros ingleses les importaba más mantener a la Argentina, que perder Canadá a manos de los franceses, pues los primeros siempre estaban dispuestos a pagar sus deudas.

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El acreedor es como el usurero (recordemos a El mercader de Venecia), no le interesa que le devuelvan el capital prestado, pues los intereses son muy superiores al monto del capital inicial. Juan Domingo Perón intentó pagar la deuda argentina, pero los banqueros ingleses se mostraban reacios a aceptar el dinero ofrecido por el gobierno argentino, y le rogaron a Perón que se abstuviera de pagar, pero el General era bastante inteligente, les respondió que se consideraba abonada la deuda, y como Pérfida Albión es miserable y avara, de todas maneras, se hizo pagar el monto.

Los gobiernos progresistas argentinos siempre han pagado las deudas: Hipólito Irigoyen, Juan Domingo Perón, (en su primer gobierno), Arturo Ilia y Néstor y Cristina Kirchner. Los que se endeudan y nunca pagan son los gobiernos de facto, militares, (La Revolución Libertadora, que derrocó a Juan Domingo Perón), además de la dictadura que derrocó a Isabel Martínez de Perón, encabezada por Rafael Videla. A estos últimos habría que agregar a los Presidentes civiles Ricardo Frondizzi y a Adolfo Rodríguez Saá.

El gobierno reaccionario de Mauricio Macri, al final de su mandato, no sólo dejó impaga la deuda contraída con el FMI, que asciende a 50 mil millones de dólares, sino también una deuda con los bonistas privados, cuya suma es de 503 mil millones de dólares, cuyo juicio está en manos de los Tribunales de Nueva York que, por lo regular favorecen a los acreedores.

En el pago de la deuda, en 2005, durante el gobierno de Néstor Kirchner, el principal bonista extranjero Paul Singer se negó a adherir al acuerdo al cual había llegado el gobierno con los demás bonistas. El juez de Nueva York, Thomas Griesa, falló a favor de Singer obligando al gobierno argentino a pagar el ciento por ciento de la deuda contraída.

Los bonos de países con baja calificación, incluso los C en la clasificación de default, constituye un buen negocio, pues se compran a precio muy barato y, cuando el país sale del default se venden a mejor precio. A estos bonos se les denomina “buitres”, porque se alimentan de los cadáveres – países en cesación de pago -.

 

(El próximo artículo lo dedicaremos al tema de gran actualidad sobre la negociación entre el gobierno de Alberto Fernández y los bonistas privados, < fondos de inversión norteamericanos de alto riesgo>).

 

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

26/05/2020

 

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