Crónicas de un país anormal

Acerca de la vacancia de Martín Vizcarra

Perú está viviendo un verdadero apocalipsis: en primer lugar, una severa crisis sanitaria, ocasionada por la pandemia, y el sistema de salud no es capaz afrontar las demandas de los ciudadanos; en segundo lugar, una marcada caída de la economía, que alcanza niveles únicos en la historia de ese país; en tercer lugar, un derrumbe del sistema político.

La mayoría de los Presidentes peruanos, a partir del fin de la dictadura militar, encabezada por Morales Bermúdez, ha tenido que enfrentar al poder judicial por acusaciones de corrupción, la mayoría provocadas por la empresa brasilera Odebrech, que contaba con una caja especial para el pago de cohecho, (en este caso, no sólo a los Presidentes, sino también a los candidatos a los distintos cargos de elección popular.). A su vez, el Poder Judicial, cuyo rol es precisamente el de combatir la corrupción, cayó hasta lo más profundo de la fosa, (famoso es asunto de los “cuellos del Callao”).

En el último período el Presidente Pedro Pablo Kuzcynski, se vio obligado a renunciar antes de que el Congreso aprobara su vacancia, (hoy se encuentra en prisión domiciliaria, a causa de su avanzada edad). Martín Vizcarra asumió el poder, en su calidad de Vicepresidente de la República y, de inmediato, al negarse a pactar con la mayoría de los miembros del Congreso, del Partido fujimorista, Fuerza Popular, y el APRA, se enfrentó, en una guerra sin cuartel, en contra del legislativo unicameral.

La mayoría de los habitantes de ese país, (como ocurre a menudo en América Latina, está en contra del Congreso), en el caso de Perú, tanto Fuerza Popular como el APRA eran partidos considerados fuertemente corruptos: el primero, asistía a una “guerra civil” entre los dos hermanos, hijos del dictador Alberto Fujimori, Keiko y Kinji; el segundo quebró el partido para pactar con PPK la liberación de su padre y, como contraprestación, aseguraba no dar los votos para la vacancia del Presidente en funciones; Keiko, por su parte, fue a prisión preventiva, a causa de asociación ilícita para delinquir, sumado a otros delitos. En cuanto al líder del APRA, Alán García, que había intentado asilarse en la embajada de Uruguay, terminó suicidándose para no caer en manos de la justicia.

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El sistema político peruano corresponde a un presidencialismo, con algunas instituciones parlamentarias: el Primer Ministro, por ejemplo, debe tratar de lograr que el Parlamento apruebe su programa político; en el caso de ser rechazado dos veces durante el mismo período, el Presidente tiene la facultad constitucional de disolver el Parlamento. Vizcarra aprovechó la ocasión para disolver el Congreso, dominado por fujimoristas y el APRA que, a pesar del intento de resistirse, era muy evidente el rechazo popular de esos partidos políticos. El Presidente, una vez asumido el mando, llamó a un plebiscito y, luego, elecciones de un nuevo Parlamento unicameral.

El drama político actual de Perú es el desprestigio de sus instituciones, que abarca los tres poderes. A su vez, los partidos políticos están prácticamente desestructurados: la derrota de Fuerza Popular y del APRA dio lugar al triunfo de Acción Popular, Partido fundado por el ex Presidente Fernando Belaunde Terri, así como la mantención del Frente Amplio y de otros partidos, (el Morado, Arca de Noé, que agrupa a personajes de distintos partidos políticos, sumados a una popular agrupación de evangélicos).

El nuevo Congreso resultó tan disperso como el anterior, disuelto por Vizcarra. La guerra interna entre Ejecutivo y Legislativo volvió a desatarse, con el agregado del Covid-19 y la caída, en picada, de la economía peruana, que antes de la pandemia mostraba índices económicos positivos, acercándose a ocupar el primer lugar en América del Sur, en lucha declarada con las economías chilena y colombiana.

El día 9 del presente mes, sorpresivamente, el congresista Edgar Alarcón pidió el uso de la palabra para presentar ante el pleno tres grabaciones en que Vizcarra aparecía comprometido en supuestos delitos, atribuidos al ministerio de la Cultura respecto de una contratación del famoso cantautor Richard Cisneros, (“Richard Swing”), que abarcaba una suma importe de dinero, para cubrir conferencias sobre diversos temas.

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El escándalo protagonizado por el contrato del artista, que el Presidente negó conocer, (posteriormente se comprobó que había visitado varias al Palacio Pizarro), terminó por provocar la ira de los congresistas, en consecuencia, elevar la petición de vacancia del Presidente, por actos de inmoralidad continuada. Para iniciar la vacancia se hacían necesarias las firmas del 20% de los congresistas; al día siguiente, el 11 de septiembre, se discutió en el Congreso la admisibilidad de la vacancia, que exigía el voto SÍ del 40% de sus miembros, que logró reunir los 64 votos, mucho mayor que el equivalente al 40% exigidos; por el NO votaron 36 congresistas, y se abstuvieron 24. Para declarar vacante la presidencia de la república es necesario reunir los votos de dos tercios de los miembros del Congreso, es decir, 87 votos.

Cuando se produjo la renuncia de la segunda Vicepresidenta, Mercedes Aráoz, el cargo quedó vacante, por consiguiente, en el caso de aprobarse la vacancia del actual Presidente, debería asumir el presidente del Congreso, Manuel Merino Lama.

La futura de la vacancia aún está en duda, y depende de la decisión de quienes se abstuvieron en esta primera votación, sin embargo, para el próximo año los peruanos deberán elegir un nuevo Presidente de la República y el respectivo Congreso, y, así, podría salvarse Vizcarra de la vacancia que, en sesión del 18 de septiembre, se votará y, en caso negativo, una vez terminado su período, deberá responder ante la justicia.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

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12/09/2020

 

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