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El estallido social tiene muy poco que ver con una revolución

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Si analizamos la historia de Chile desde el punto de vista del largo período  podemos colegir que las insurrecciones, rebeldías, estallidos y asonadas, en su mayoría no han conducido a una verdadera revolución, incluso la “Revolución en libertad”, consigna del gobierno del Presidente Eduardo Frei Montalva, así como la “Vía chilena al socialismo, de Salvador Allende, fueron más que una modernización, en algunos casos radical en el proceso, pero estuvo lejos de ser una revolución.

La historia mundial está saturada de rebeliones y asonadas, de huelgas generales y manifestaciones gigantescas, (el “bogotazo” en toda su dimensión y violencia estuvo muy lejos de ser una revolución; algo similar ocurrió con el “caracazo”, en contra de las políticas neoliberales, aplicadas por Carlos Andrés Pérez; el “Mayo” francés, de 1968, y la rebelión de los “chalecos amarillos”, durante el gobierno actual de Emmanuel Macron; incluso, si vamos aún más atrás, la “jacquerie”, en la France medieval, o los “espantaquistas”, en Alemania, después de la Primera Guerra Mundial), y ninguna de estas manifestaciones populares ha conducido a una revolución.

El “espontaneísmo” de Rosa de Luxemburgo tampoco ha conducido a una revolución exitosa, y lo mismo ocurrió a comienzos del siglo XX con los ácratas, quienes al comprobar que no habían conseguido ningún resultado a través de la huelga general revolucionaria, tomaron el camino de los atentados terroristas, en que uno de los líderes fue Ravachol, (su nombre se usó en una famosa canción anarquista). El único intento exitoso de formación de una comunidad ácrata fue en Zaragoza, durante la guerra civil española.

En la Primera  Internacional las disputas entre Marx y Bakunin fueron acaloradas: Bakunin consideraba a Marx “un tirano, autoritario y mandón” y, a su vez, Marx tenía a Bakunin por un irresponsable. El centro de la disputa fue la valoración de la Comuna de París: para Bakunin era el modelo revolucionario, mientras que para Marx fue sólo una aventura, (Marx terminó valorando la Comuna de París después de la derrota, con la famosa frase “quisieron tomar el cielo con las manos”).




Una revolución supone el derrumbe de una oligarquía que ya no es capaz de mantener la hegemonía económica, social y cultural y, a su vez, su reemplazo por una nueva oligarquía que lidere la cultura, la sociedad y la economía en una nueva sociedad.

El estallido social del 18-0 de 2019 en Chile fue una poderosa rebelión social, capaz de movilizar un millón doscientas mil personas, incluso, hizo tambalear el gobierno de ese entonces, liderado por Sebastián Piñera que, de no haber sido por Acuerdo de paz y Constitución por parte de los distintos partidos políticos, incluidos los de izquierda, hubiera caído o bien, obligado a renunciar. El que Piñera hubiera dejado de gobernar a partir del 18-0 no es ninguna novedad, pues en las crisis de representación y legitimidad ya se está haciendo una costumbre que, a pocos meses de jurar el cargo, el Presidente ya no manda a nadie y, ni siquiera, administra el Estado.

A pesar de la potencia y violencia a partir del 18-0, una vez llegada la pandemia del Covid-19, el Presidente pudo encerrar, durante dos años, a todos los chilenos, en cuarentenas cada vez prolongadas; (algunos en sus casas y a otros de “primera línea” , detenidos a raíz del estallido, en las cárceles).

El Presidente Piñera, más inútil e incapaz que nunca, logró el mérito de terminar su tristemente célebre período de desgobierno con el desprecio de la mayoría de los ciudadanos, (al fin y al cabo, podía seguir haciendo negocios al filo de la legalidad, así como mimar a sus nietos en pizzerías, sin que fuera expiado por los medios de comunicación).

El estallido del 18-O fue una expresión de máximo descontento, de furia e impotencia de la ciudadanía ante una oligarquía feudal que, sin asco, se apropiaba del dinero del Estado y practicaba el abuso más bestial, especialmente contra los pobres y los más vulnerables de nuestra sociedad. En este plano, el aporte de una rebelión  ilumina la decadencia de las castas en el poder, pero los protagonistas se ven incapacitados de construir una nueva sociedad bajo la hegemonía de un nuevo liderazgo.

El dar por muerto el estallido, que comenzó el 18-O es una estupidez propia de derechistas y “amarillos”, que creen haber detenido la rueda de la historia. Más temprano que tarde, esta oligarquía será enviada al basurero de la historia.

Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

18/09/2022

Bibliografía

Raizanov Marx y Engels

Rafael Gumucio  Rivas

Utopías .libertarias en Chile, siglos XIX Y XX

Polis 6 Santiago 2005

 

 

 

 

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Las opiniones vertidas en esta sección son responsabilidad del autor y no representan necesariamente el pensamiento del diario El Clarín

 



Historiador y cronista

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