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Vargas Llosa de tumbo en tumbo

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Agobiado por sus reveses sentimentales, don Mario Vargas Llosa lanzó sus envenenados dardos en contra del presidente Gabriel Boric. Salió del marasmo y casi del olvido literario para realizar su ataque. Acusa al mandatario de ser veleidoso, de mostrar inquina en contra del Perú y de cambiar de opinión. Toda esta tramoya de circo, a causa de las críticas del Presidente de Chile al gobierno de doña Dina —dan tiritones esta palabra— instalada al mando del Perú, por la oligarquía de ese país. Don Mario, defensor en privado de la familia Fujimori y de las dictaduras militares, respira por la herida y vuelve a vender su pluma. Hay tarifas para todos los gustos y bolsillos en el mercado de abastos. Acostumbrado a codearse con la Monarquía Española y a realizar morisquetas y zalamerías, escribe por encargo. Codearse con la realeza otorga beneficios, prestigio y abre puertas. Por algo se fue a vivir a España. Reconocido lameculos y adicto a la genuflexión, vive en simbiosis con el poder, aferrado como sanguijuela. En su arremetida en contra de Gabriel Boric, viajó de la literatura a la basura, obsesionado por demostrar hallarse en boga, sin embargo, se enredó en su propia madeja de intrigas. Amigo de Sebastián Piñera, no tardó en ungirlo, mediante el pago del caso, como el Mesías, destinado a salvar a Chile.

Este alicaído bufón, algo gracioso en épocas pasadas, ahora muestra su amargura al sentirse repudiado. En la actualidad, ya descolorido y en vías de acariciar la senectud, realiza piruetas, dirigidas a un público, acostumbrado a celebrar a los bufones. Aplaudido por la crítica oficial, sus novelas “La ciudad y los perros” y “Conversaciones en la catedral”, resultan dos excelentes textos, para combatir el insomnio. Por algo se venden en las farmacias, en algunos países. Otra de sus novelas, “La tía Julia y el escribidor” es graciosa y se lee bien. ¿Acaso se la escribió la tía Julia?

Siempre odió a Gabriel García Márquez, al comprobar que la obra del colombiano, superaba con creces a la suya. Día a día crece el talento de García Márquez, mientras se deteriora el de Mario Vargas Llosa. Quien en el colmo de su inquina hacia Gabo, le lanzó un puñetazo a la cara, agobiado por los celos literarios y también sentimentales.

Acostumbrado a las genuflexiones, besuqueos y zalamerías, junto a su hijo Álvaro, crearon una empresa de opinión pública, al servicio de la oligarquía. Todo un acierto para vivir en calidad de lacayos. En ella, realizan sus contorsiones y piruetas de avezados equilibristas, en el siempre caprichoso circo de las conveniencias. Se ignora si el escritor ha entrado en contacto con los amarillos de Chile. Agrupación donde militan alcahuetas, desdeñados próceres, señoritos hijos de papá, escribidores a mil pesos la cuartilla y un largo etcétera. No debe olvidar don Mario Vargas Llosa, como dice mi amigo el escritor Dionisio Albarrán: “Todos los caminos conducen al cementerio”. Unos primero, y otros después.




 

                                                    Por  Walter Garib

 

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Escritor

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