Opinión e identidades Poder y Política

Así, el día del “pico” compañeros

Tiempo de lectura aprox: 4 minutos, 25 segundos

No vamos a esperar
La idea nunca nos gustó
Ellos no están haciendo

lo que al comienzo se pactó

(Los Prisioneros)

 

Hace poco salió una encuesta en donde la figura de Pinochet cobraba relevancia en el país. Anterior a eso, una serie de elecciones  volcaban al votante más a la derecha que a la izquierda. Sobre el tema, salieron distintas opiniones y comentarios como; “país sin memoria”, “gente ignorante”, “flaites sin conciencia”, y así un largo etcétera.  Y es que al parecer, las izquierdas  han trasformado en un deporte nacional el ningunear a ese pueblo que otrora decía defender. En “rotear” permanentemente al bajo pueblo, en “fachopobrear” al ciudadano.




Las izquierdas crearon una superioridad moral desde el discurso propiciados por los libros emancipadores sin  conjugar práctica territorial o social. O sea, se volvieron sacerdotes morales que predicaban el evangelio dividiendo  al mundo entre los que se salvarían y los condenados a vivir en los infiernos. Vigilaban el rebaño desde el pulpito maldiciendo  al prójimo por no seguir sus leyes de salvación. Pero sin embargo, muy a  pesar de ellos, los “pastores” ni siquiera le sabían  el nombre a su vecino y les daba un poco de asquito tomarse una cerveza en el barrio – al igual que lo mandatara Recabarren, había de distanciarse de esos “rotos” que, en vez de estar haciendo la revolución, están empinando el codo-

Y así se fue cortando el anclaje con la realidad, sin entender que esta última le estaba poniendo un “gigantesco combo en el hocico”. Y ojo, un combo avisado no es un combo a la maleta.  Claro, es mucho más fácil enunciar grandilocuentes consignas revolucionarias -sobre todo en redes sociales-  que intentar (re) encantar el mundo desde los barrios, desde las poblaciones. Dicho sea de paso, es ahí  donde las papas de verdad que queman. Es mucho más fácil esperar a que baje el mesías del monte Sinaí con las tablas que indiquen el camino, a mezclarse entre la “chusma” que vive el día a día, y que, según el discurso ilustrado, “no cachan ná”. ¿Qué va a saber de organización esos curaos, si lo único que hacen es jugar a la pelota? ¿Qué va a saber de economía esa vieja si nunca leyó el Capital? ¿Qué van a saber de conciencia social esos flaytes si nunca escucharon a Quilapayun? Pues bien, a la hora de los “kiuvos”, cuando llegan los “vergazos”,  esos viejos curaos saben más de estructura y organización barrial que cualquier experto en Lenin. Esa vieja sabe más de economía comunitaria que cualquier marxista. Esos flaytes construyen identidad territorial de una forma potentísima. Pero  ¿porque las izquierdas ya no leen eso? Una respuesta primaria es que las izquierdas, en su legítima posición,  decidieron conquistar el gobierno y no el poder. Prueba de aquello es que a la primera “quiñá de perro flaco” el gobierno se volvió un meme  y el poder recayó en Republicanos.  Algo similar a lo que ocurrió con el PODEMOS en España.

Las izquierdas se volvieron maestros chasquillas. Expertas en todo y a la vez, expertas en nada. Marx describía que el cambio social solo podía darse con un concienzudo análisis de la realidad, sin embargo, hoy por hoy los marxistas, o los que dicen ser marxistas pero nunca han leído a Marx (que no son pocos) le es más fácil culpar a la gente por no hacer caso a su Atalaya y a sus profecías que dicta el evangelio. Le es más cómodo  “rotear” al pueblo, tratarlos de ignorantes y calificarlos como   una tropa de mal agradecidos. Le es más fácil hacer eso  antes que mirarse para adentro y establecer -algo más que sea-   eso que llaman autocritica.

Que Pinochet renazca no es culpa de ese pueblo ninguneado y vilipendiado. En gran parte es culpa de esas izquierdas que se creyeron la vanguardia moral e intentan conducir a la revolución con consignas y slogan, pero sin ningún peso social. Y es que ser de izquierda hoy en día es un tema más identitario que un proyecto político.  No menor fue el acontecimiento  que, al cumplirse 50 años del golpe militar, en un gobierno “progresista y transformador” que hasta anunció la tumba del neoliberalismo en Chile, con votos de la “izquierda”, dejen -por medio de negociaciones- como segunda autoridad del país a un UDI, partido que avaló y avala todos los actos más asqueroso que hizo la dictadura.

Así compañeros, compañeras y compañeres, el día del “pico” como a las tres y media de la tarde más o menos, ahí recién vamos a hacer la revolución.  Y esto porque, para enfrentar a una derecha de verdad, necesitamos una izquierda también de verdura. Y es que las izquierdas, no es que estén perdiendo, sino que ya perdieron lo que Gramsci estableció como la batalla cultural. Venezuela y Cuba paradójicamente pasaron a ser sustento teórico para la derecha en vez de serlo  para la izquierda. Los panelistas que abrazan los discursos progresistas, en cualquier programa de comunicación, siempre terminan masacrados por cualquier “pela gato” de derecha. Y así se nos va la vida entre grandes consignas y nada de sustento.  Tal es el nivel de consuelo para esa izquierda huérfana, que considera  el gobierno de Boric como  un gobierno de “izquierda”.

Para lo anterior, ya se dejó la discusión del siglo pasado sobre si eran de “cuadros” o de “masas”, ahora se resolvió que son de “votos”. Y es que el tema ya no se centra en lo social, sino que se centra en lo institucional. Es decir, ganando electores, pues es en la alta política donde debe cortarse el queque –según ellos-.  De esta forma, las transacas, los acuerdos, los pactos, el “cómo voy ahí” tendrían más peso  que la recuperación del tejido social. Y es que “del barba”, por pereza, solo se estudió lo económico, dejando de lado todo lo que estableció sobre el psicoanálisis, como por ejemplo, que el obrero lucha por algo más que el simple pan. Por ende,  no es tan solo una lucha económica, sino que también es una lucha por el respeto y el reconocimiento. Pero ¿Qué respeto tienen las izquierdas cuando, elección tras elección, ningunean de la forma más grotesca y miserable a es “chusma inconsciente” que no les da el diezmo electoral? ¿Qué reconocimiento hay para esos “ignorantes” y “miserables” que merecen vivir para siempre en la pobreza por no hacerles caso a sus versículos?

Las izquierdas, con sus tesis universitarias rebuscadas en todas sus vertientes; llámese feminismo, ambientalismo, animalismo, etc. Lo que hicieron  fue construir un muro casi impenetrable entre el actuar y la realidad. Solo bajan a los territorios a hablarles a las personas del porque ellos, los pobladores de carne y hueso,  están tan perdidos en la lucha. Sin saber que, con lo que gastan los ilustrados militantes en sus libros semanales, las personas de aquellos barrios  sobreviven rasguñando a fin de mes.

Siguen vendiendo el futuro, sin ver que el presente les “mea el asado”. Algo así como lo que diría Mauricio Redoles; “eres pobre viejita, pero algún día llegará el socialismo”.  Y entonces, entre hoy y que llegue el socialismo ¿Qué hacemos? ¿Seguir coleccionado votos? Pasa que cuando las izquierdas bajan a los territorios no lo hacen con el fin de conocer la realidad, lo hacen con el fin de “salvar a los impuros de las garras del capitalismo que los tienen atrapados y que no actúan como los ilustrados quieren que actúen”. Algo así como lo hacen los evangélicos cuando van a salvar almas a los prostíbulos.

Así compañeros, compañeras y compañeres. Con una izquierda de slogan y consignas, con una izquierda de redes sociales que “rotea” al pueblo sin ningún asco. Con una izquierda que cada vez se diferencia menos y se parece más a la derecha. Así, el día del “pico” como las tres y media más o menos, vamos a frenar a la derecha.

 

Por: Carlos Fernández Jopia

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Las opiniones vertidas en esta sección son responsabilidad del autor y no representan necesariamente el pensamiento del diario El Clarín

 



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  1. Margarita Labarca Goddard says:

    Es cierto que cada país tiene su propio lenguaje y sus propias groserías. Cuando uno llega a otro país de habla hispana, tiene que aprender esas cosas para no meter la pata. Pero como ahora todo se ha globalizado, incluso las groserías, conviene saberlas para enriquecer el idioma.
    Las películas chilenas tienen que tener subtítulos, no tanto por los garabatos sino porque los chilenos hablan mal, se comen la mitad de las letras, por ejemplo en lugar de decir Universidad dicen “Uniersiá”, y así muchas otras cosas. En vez de Nosotros dicen “Nohotroh”.
    Por otra parte, hablan en un tono muy alto, no es porque sus voces sean naturalmente agudas, sino que hacen une especie de gallos, de subidas de tono que son muy desagradables, sobre todo en los hombres. Tengo a una sobrina que estudió teatro en Francia y me contaba que a los alumnos chilenos tenían que hacerles ejercicios especiales para bajarles el tono de voz.

  2. Felipe Portales says:

    Una cosa efectiva es que los chilenos hablamos muy mal castellano; tanto que no se nos entiende y que las teleseries chilenas no pueden exportarse al resto de América Latina o España, sin doblajes. O que -según me han contado quienes las han visto en cines de México y España- las películas chilenas aparecen con subtítulos en castellano… Otra cosa efectiva es la extrema y creciente pobreza del lenguaje habitual del chileno y el extendido recurso a la grosería, todo lo cual refleja una decadencia cultural muy profunda y lamentable. En todo esto, estoy muy de acuerdo con Margarita. Pero creo que exagera respecto del artículo porque en él sólo aparece una expresión que en rigor no es siquiera una grosería, salvo en Chile. Como lo es «polla» o «vaina» en otros países. Así que para los extranjeros que lo lean quizás hasta no lo entiendan en su significado chileno. A propósito, recuerdo una anécdota muy divertida en una pequeña estadía en Nueva York (ciudad prácticamente bilingüe) cuando en mi hotel prendí el televisor en un canal hispano y mientras hacía otras cosas de repente escucho una voz femenina decir «a mí encanta el pico». En mi «chilenidad» quedé atónito. Pero más quedé cuando otra voz masculina del televisor le respondió: «a mí también me encanta el pico». Se trataba de un café denominado «El Pico»… Incluso vi después que en el metro («subway») se exhibía una publicidad del café. Situaciones muy divertidas generadas por la diversidad de giros lingüisticos de cada país.

  3. Patricio Serendero says:

    Tranquilos. No nos enredemos en los cordones de los zapatos, que eso ya lo venimos haciendo hace rato. Como es posible gastar un minuto siquiera discutiendo sobre el uso o no de garabatos. Imagínense cuando se trata de discutir las cosas fundamentales de organización, lucha, etc. Por eso no hay Izquierda organizada. Los y las intelectuales son demasiado recalcitrantes y poco flexibles en la defensa de lo que creen correcto. Así sea si hay que usar garabatos o no como lo vemos hoy aquí.
    A mi modesto entender cada cual tiene el derecho de escribir como le guste y a otros de no gustarles eso. Dediquémosnos mejor a proponer ideas para ir generando Izquierda Socialista y como ir combatiendo a nuestro enemigo ideológico.

  4. Se van a cumplir 50 años de traicion y felonía! Como lo arvirtió el Compañero Allende en su último dicurso,el 11 0nce septiembre de 1973 ,desde la Moneda.
    Esa izquierda tradicional,que nació y va a morir con el sistema capitalista…..comunistas,socialistas,y demases ,etcétera: La «(UP)».Puros nombres de fantasía…. Y ahora totalmente incorporados al sistema…Reciben una muy buena»propina» todos los meses,de parte del capitalista: Por su Traición….O NO! sres. renovados,revisionista y reformista!!!!!!Vendidos y Traidores. Y la sra. Margarita,critica al artículo por la grosería, vuelve a escribir la misma palabra en su opinión?!?

    • Margarita Labarca Goddard says:

      Obviamente, tengo que repetir la grosería para que se entienda bien a qué me estoy refiriendo. Aprovecho de decir que he vivido muchos años de mi infancia en Argentina, seis años de exilio en Cuba y ahora en larguísimo tiempo en México y jamás he visto o escuchado en esos países a nadie que diga ni menos escriba las groserías que se usan en Chile. Lo digo y lo recalco porque me da verguenza ajena que extranjeros lean estas cosas, y seguramente las leen.

  5. Gino Vallega says:

    Carlos Fernández Jopia, Whizquierdista? Marxista «lector» de Marx? Como termina siendo periodista de El Clarín? Perdedor buscando exculparse? Ganador hurgando en la herida?Hasta lo que yo entiendo, NO propone nada, sólo critica
    a la izquierda tirando de chincol a jote……….si su visión fué Boric, pues se equivocó de micro! En el Chile educado por la Dictadura, la izquierda no es opción, no pasamos del 38%.El camino a seguir es duro e incierto por ahora, no hay liderazgo ni bases comprometidas, cada grupúsculo se las arregla a la neoliberal….como pueda!
    Para comentarios groseros, les propongo leer los de El Mercurio.

  6. Renato Alvarado Vidal says:

    Si nos vamos a poner tan finolis con el lenguaje ¿Vamos a censurar a Redolés, que llama a escribir poemas «llenos de groserías»? ¿Ya no se podrá gritar ¡Viva Chile, mierda!? ¿Tendremos que referirnos a ese parlamentario que filtró una reunión reservada como «retoño de hetaira»?
    En todo caso, una discusión acerca del «estilo» nos está alejando del fondo del artículo, el cual considero muy certero: La dirigencia «progresista» está desvinculada de las clases populares, no sólo económica sino también culturalmente, y asume una actitud paternalista y redentora, siempre desde lo alto.
    No hace mucho, en una actividad cultural de barrio, aquí en Puerto Montt, pude constatar la indignación de los jóvenes de una de las organizaciones poblacionales, ante la descalificación recibida de parte de una «juventud política», que consideraba que la música ambiente era «flaite» y que lo único aceptable era la música andina que escuchábamos hace cincuenta años.

  7. Patricio Serendero says:

    El articulista habla de la Izquierda. Pero la izquierda real no existe en Chile como fuerza política organizada. Lo más cercano sería el PC que ha cumplido 100 años incorporado al «Estado de Derecho». De modo que no sorprende que esa mal llamada Izquierda no conozca al Pueblo real, ese de las poblaciones y los campamentos y el salario a 400 lucas. Ni como viven o mal viven.
    Una gran parte del Pueblo hoy, como clase social, no tiene conciencia revolucionaria. La Derecha y ultra-derecha y su dominio de los medios de comunicación crean una propaganda avasalladora que continúan haciendo que las ideas dominantes sean las de la clase dominante. La conciencia revolucionaria se crea, no existe espontáneamente. Y durante largos períodos en la Historia del proletariado, acepta su condición de explotado sin revelarse.
    Justamente esa es la tarea de una Izquierda que en el Chile de hoy, simplemente no existe.

  8. Margarita Labarca Goddard says:

    En ningún otro país se escriben groserías, Si no leen la prensa internacional, lo siento. Chile no es el Universo, hay otras cosas, otras costumbres y otro lenguaje en este mundo. Y lo que se escribe en Clarin no lo leen solamente los chilenos.

  9. Renato Alvarado Vidal says:

    Mi muy personal opinión es que este es uno de los artículos más claros y certeros que he visto en los últimos tiempos. Creo que si uno siente indignación tiene derecho a expresarla con los énfasis que le parezca y con el lenguaje que mejor la ilustre.

  10. Margarita Labarca Goddard says:

    El artículo es confuso, finalmente no se sabe qué pretende decir. Se refiere a “las izquierdas” pero no las define ni las diferencia.
    Pero lo que a mí me choca profundamente no es sólo que ahora sólo se hable en Chile con groserías, sino que se escriba groserías como “El día del pico” y además, que se publique tales groserías en un título. A lo mejor es un buen anzuelo para que se lea el artículo, por eso lo leí y quizás también por eso lo leerán otros. Pero una grosería es una grosería. ¿La encuentras muy divertida, muy inteligente y muy simpática, Carlos Fernández? Pues no, a mí me parece una falta de respeto a los lectores y a todo el mundo, incluyendo a Clarín.

    • Tiene razón la Sra. Margarita en lo que escribe respecto a las groserías. Nuestro lenguaje es una catátrofe, hablamos el peor castellano del mundo hispánico. Es la decadencia total. Leí que el chileno medio, domina apenas 450 palabras y de ellas mas de la mitad son groserías y garabatos. Ahora que la prensa también utilice esa geringonza, es una vergüenza. Teóricamente deben contribuír a la cultura y utilizar ese lenguaje no es precisamente eso. Y este mal lenguaje es transversal, desde Vitacura hasta las mas humildes poblaciones. Durante un buen tiempo, tuve yo que viajar por ratones de trabajo a Bolivia, me llamó la (postovamente) atención el lenguaje que utilizan. Ahí yo tuve que ser desde con ministros hasta con los mas sencillos obreros, y nunca hamás escuché un garabato o grosería. Si nuetros insignes P. Neruda y G. Mistral, escucharan como se habla hoy en día en Chile, se darían tres vueltas en su tumba.

      • Sorry, como viejo tecleé mal algunas cosas, corrección: Escritbì: » por ratones de trabajo», debió ser «por razones de trabajo». Escribí «ahí tuve que ser» debió ser «ahí tuve que ver».

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