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El impacto de Javier Milei en la escena política argentina

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El ascenso político de Javier Milei, representante de Libertad Avanza, en Argentina ha generado un profundo debate en la esfera política y social del país sudamericano. Este economista y político, conocido por su postura radical y sus posturas libertarias, ha obtenido este domingo 22 de octubre un 30% de los sufragios y competirá el 19 de noviembre con el actual ministro de Economía, Sergio Massa, quien se impuso con un 36% de los votos.

Uno de los rasgos más destacados del pensamiento de Milei es su fundamentalismo de mercado, caracterizado por su ferviente defensa del capitalismo en su fase neoliberal sin restricciones y su rechazo a los derechos sociales. Su visión promueve una economía liberal sin intervenciones gubernamentales, lo que podría tener graves consecuencias para la protección de los más pobres en la sociedad argentina. La eliminación de derechos sociales es una idea radical que merece una evaluación crítica, ya que puede exacerbar la desigualdad y dejar a amplios sectores de la población en una situación precaria.

Además, el libertarianismo de Milei propone la reducción de gastos estatales, la privatización de empresas públicas y el fin de las indemnizaciones por despido estarían dentro de la postura política libertaria. Vale decir, promueve la mínima intervención estatal en la vida de los ciudadanos, lo cual plantea interrogantes sobre su capacidad para abordar los desafíos sociales y económicos complejos que enfrenta Argentina. Esta idea fuerza de dolarizar la economía trasandina puede generar efectos insospechados a un país que está experimentando una alta inflación, con un 40% de pobreza y una deuda actual con el Fondo Monetario Internacional. Considero que un enfoque puramente libertario puede llevar a la falta de regulación en áreas clave, con consecuencias potencialmente perjudiciales para la sociedad. Aunque cabe señalar que parte de estas ideas libertarias de Milei no son en absolutas desconocidas en Argentina.

En el contexto histórico de la dictadura cívico-militar que prevaleció en Argentina entre 1976 y 1983, se implementó una política económica de orientación ultraliberal bajo la dirección del entonces ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz. Esta política tuvo consecuencias significativas, incluyendo el debilitamiento y eventual colapso de la robusta industria nacional argentina que había prevalecido previamente. La transición a principios de la década de los 80, cuando la dictadura llegaba a su fin y la democracia se preparaba para ser restaurada, vio la emergencia del ingeniero Álvaro Alsogaray, quien anunció la creación del partido político conocido como Unión del Centro Democrático (Ucedé).




Álvaro Alsogaray es rememorado por su famosa expresión «hay que pasar el invierno» durante su mandato como ministro de Hacienda bajo la presidencia de Frondizi en 1959. Esta expresión se ha arraigado en la memoria colectiva de un país que, a lo largo de su historia, parece enfrentar constantes momentos de crisis y desafíos económicos. La Ucedé, por su parte, se convirtió en el único partido político argentino que abiertamente adoptó una posición liberal-conservadora, ganando apoyo sustancial en las urnas.

 

En las elecciones legislativas de 1987, cuando Argentina aún estaba marcada por un sistema bipartidista, la Ucedé logró obtener más del 18% de los votos, y en las elecciones presidenciales del mismo año, alcanzó el 6.87% de los votos, quedando en tercer lugar detrás de Carlos Menem del Partido Justicialista y Eduardo Angeloz de la Unión Cívica Radical. Sin embargo, el cambio repentino hacia el neoliberalismo por parte del presidente electo Carlos Menem condujo a un apoyo de la Ucedé a su gobierno, contribuyendo con varios funcionarios a su administración.

Hoy en día, lo que queda de la Ucedé se encuentra integrado en la coalición liberal-conservadora Libertad Avanza, que promueve la candidatura de Javier Milei. Milei, a pesar de esta afiliación, continúa elogiando el gobierno del presidente Menem y su ministro de economía liberal, Domingo Felipe Cavallo, considerándolos como el «mejor gobierno económico en la historia argentina». De manera paradójica, algunos miembros prominentes de la Ucedé desempeñan roles importantes en el Ejecutivo peronista del Frente de Todos, incluyendo al candidato presidencial, Sergio Massa, quien anteriormente fue presidente de la Juventud Liberal antes de su transición al peronismo.

Un aspecto novedoso del surgimiento de figuras como Milei es el papel desempeñado por la juventud. En sus mítines y discursos, Milei ha logrado movilizar especialmente a adolescentes, en su mayoría pertenecientes a la generación «centennial», quienes muestran un fuerte compromiso con el liberalismo extremo. Estos jóvenes, en su mayoría de clase media, asisten a instituciones educativas privadas y tienen entre 16 y 20 años. Aunque algunos podrían argumentar que carecen de un conocimiento exhaustivo de la historia económica y política argentina, muchos de ellos han acumulado una cantidad considerable de lecturas recomendadas por Milei a través de sus redes sociales. Estos jóvenes, a pesar de ser liberales en lo económico, tienden a manifestar posiciones conservadoras en asuntos relacionados con los derechos, especialmente en oposición a los movimientos feministas que han adquirido un fuerte protagonismo en el debate público argentino desde al menos 2016. A menudo se refieren a estos movimientos como «marxismo cultural», lo que los acerca más a la tradicional derecha conservadora argentina que al liberalismo clásico que Milei afirma representar.

En este sentido, la postura de Milei revela un conservadurismo moral que en ocasiones se traduce en oposición a ciertos derechos y libertades individuales. Además, su visión jerárquica y machista de las relaciones de género suscita inquietudes respecto a la igualdad de género en un momento en que el feminismo y los movimientos de igualdad de género cobran fuerza en todo el mundo, particularmente en Argentina.

Por otro lado, la distinción política que Javier Milei establece entre sus seguidores y la denominada «casta» refleja un enfoque altamente polarizador que podría suponer un obstáculo significativo para la promoción de un diálogo constructivo y la consecución de compromisos esenciales para abordar los desafíos complejos que enfrenta la sociedad argentina. Esta división subraya un factor que ha influido en la decisión de muchos ciudadanos argentinos de otorgar su voto al candidato oficialista, Sergio Massa, en lugar de a Milei. En efecto, el uso de un lenguaje violento y despectivo, semejante al observado en el expresidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha generado ciertas reacciones adversas en la opinión pública. Además, la demonización de la oposición podría desencadenar una parálisis política y estancamiento en el proceso de toma de decisiones. Algunas de sus intervenciones han incluido expresiones cargadas de furia, como «zurdos de mierda» o la insinuación de la necesidad de «dinamitar el Banco Central».

Por otra parte, cabe destacar un aspecto que resulta de particular interés para abordar en esta columna. En mi perspectiva, el enfoque económicamente radical de Javier Milei exhibe notables similitudes con las posturas ortodoxas en materia económica que prevalecieron en Chile, en particular con figuras influyentes como José Piñera. Este último desempeñó un papel de relevancia en la implementación de las Asociaciones de Fondos de Pensiones (AFP) y el Plan Laboral en el contexto de la dictadura militar chilena. Se caracterizaron por una firme defensa de un mercado desregulado, pero esta orientación también conllevó ciertos aspectos controvertidos, ya que el beneficio a grandes grupos económicos estuvo acompañado de un uso de la fuerza militar contra opositores.

De manera similar, la Unión Demócrata Independiente (UDI), especialmente durante la década de los 90, abrazó políticas económicas de orientación neoliberal en Chile, en conjunto con posiciones notoriamente conservadoras en la agenda moral. Estas tendencias convergen con las ideas promovidas por Javier Milei. En este sentido, podría argumentarse que las posturas radicalizadas de Milei establecen una conexión con la corriente de la derecha chilena, la cual ha tenido otros representantes destacados, como los think tanks Libertad y Desarrollo y la Fundación para el Progreso, bajo el liderazgo de Axel Kaiser, quien mantiene una relación cercana con Milei.

Así, entonces, el éxito de Javier Milei en la segunda vuelta de las elecciones argentinas generaría un notable cambio en la dinámica política del país. Su plataforma económica radical y su retórica polarizante han atraído a una base de seguidores comprometidos, especialmente entre los jóvenes y aquellos que abogan por un enfoque de mercado sin restricciones. Un eventual triunfo de Milei podría impulsar reformas significativas en la política económica y social de Argentina, con un enfoque más liberal y menos intervencionista. Esto podría tener un impacto en la inversión extranjera, las relaciones comerciales y la percepción de Argentina en la comunidad internacional.

Asimismo, la relación de Milei con corrientes ideológicas afines a ciertos sectores políticos chilenos plantea interrogantes sobre las implicaciones para Chile en caso de que triunfe en las elecciones argentinas. La convergencia de posturas liberales y conservadoras en América Latina podría dar lugar a una mayor coordinación entre figuras políticas de Argentina y Chile que comparten visiones similares. Esto podría influir en el rumbo político y económico de Chile, especialmente en un contexto en el que las discusiones sobre la reforma de pensiones, la desigualdad y otros temas clave están en constante discusión.

En virtud de lo anterior, es de particular relevancia subrayar las inquietudes planteadas por Luis Maira en una entrevista publicada en El Mostrador. Maira, quien desempeñó el rol de embajador de Chile en Argentina, ha señalado que Milei tiene una postura «antichilena».[1] Este calificativo, si bien provocador, arroja luz sobre una potencial complicación en las relaciones entre Argentina y Chile si Milei ascendiera al poder en su país. Esta circunstancia podría tener repercusiones sustanciales en el ámbito de las relaciones bilaterales entre ambas naciones, así como en la dinámica de cooperación regional en un contexto político en constante cambio.

En resumen, el ascenso de Javier Milei en Argentina ha suscitado un debate intenso y polarizado en la política argentina. Su enfoque fundamentalista de mercado, que promueve la liberalización económica sin restricciones, se enfrenta a la necesidad de equilibrar el crecimiento económico con la protección de los derechos sociales y la justicia. Si bien aboga por un menor intervencionismo estatal en la economía, es fundamental analizar las posibles consecuencias de tal enfoque en la sociedad argentina, especialmente en un momento en el que la desigualdad económica y la vulnerabilidad social son cuestiones apremiantes.

El libertarianismo de Milei plantea interrogantes sobre su capacidad para abordar desafíos sociales complejos, como la educación, la salud pública y la seguridad social. El equilibrio entre el individualismo y la solidaridad social es un reto clave que debe ser considerado en el contexto de su ideología. Además, su conservadurismo moral y su visión jerárquica de las relaciones de género pueden chocar con la creciente demanda de igualdad de género y de respeto a los derechos individuales en el que los movimientos feministas cobran fuerza en el país trasandino. En definitiva, el análisis de Javier Milei y su influencia en la política argentina es un ejercicio necesario para comprender los desafíos y oportunidades que plantea su figura en una sociedad en crisis profunda.

 

Fabián Bustamante Olguín

Doctor en Sociología y Magíster en Historia, Instituto de Ciencias Religiosas y Filosofía, Universidad Católica del Norte, Coquimbo.

 

[1] https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2023/10/22/exembajadores-de-chile-en-argentina-difieren-sobre-impacto-en-el-pais-de-un-triunfo-de-milei/#:~:text=Mientras%20Luis%20Maira%20dice%20que,difieren%20sobre%20si%20habr%C3%A1%20balotaje.

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Las opiniones vertidas en esta sección son responsabilidad del autor y no representan necesariamente el pensamiento del diario El Clarín

 



Doctor en Sociología y Magíster en Historia, Instituto de Ciencias Religiosas y Filosofía, Universidad Católica del Norte, Coquimbo.

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