Para lo único que me voy a referir al coronavirus  (Covid 19) en esta nota, es para aprovechar este receso como un tiempo para meditar y como una oportunidad para un recuento desde el 18 de octubre, día del inicio del estallido social; recordar que ninguna de las demandas del pueblo ha sido satisfecha.

El título de esta nota, con las palabras del último discurso del Presidente Allende, nos lleva a preguntarnos quiénes son los felones y traidores en este momento gris y amargo después de 30 años del término de la dictadura cívico-militar.

Después del acuerdo Por la Paz y la Nueva Constitución, firmado entre gallos y medianoche entre los congresistas y los partidos políticos, en el que se  proponía realizar un plebiscito para que la ciudadanía votara si quería o no una nueva Constitución  Política, y el proceso  para redactarla, la élite pensó que   las protestas  irían en franco descenso. Sin embargo,  lejos de amainar, se volvieron más numerosas, especialmente, porque el acuerdo no cumplía las expectativas, no solucionaba las demandas y, tal vez lo más importante, la Convención Constitucional (que no Asamblea Constituyente), traía ciertos candados como el quórum de los 2/3 y los requisitos para ser delegado a la Convención, amén de tener que respetar los tratados internacionales, etc.

Al constatar que la situación del país se encontraba en franco deterioro, -el gobierno, los partidos políticos y el Congreso, con un mínimo, casi nulo apoyo de la ciudadanía- un grupo de “ex concertados”, publicaron una carta abierta  llamando a la unidad del pueblo de Chile, explicando que las condiciones en que se encontraba el país, ameritaba un pacto de todas los fuerzas  políticas, sociales,  económicas y  los ciudadanos demócratas, convocando a un gran y poderoso Acuerdo Nacional.

Veamos: en el segundo párrafo del dichoso documento plantean que “En democracia, los acuerdos entre adversarios políticos o sociales son legítimos y deseables cuando por sobre las diferencias se yerguen las razones del bien común”. Sin embargo, casi a reglón seguido,  el tercer párrafo comienza con esta preciosura: “Habrá quienes se resten o se opongan a un Acuerdo Nacional, movidos por la estrategia de la confrontación y de la polarización como vías para sus discutibles proyectos políticos”.  (Subrayado nuestro).

Es decir, nosotros los “Concertados”, juzgamos cuáles son los proyectos políticos que nos gustan y cuáles son “discutibles”. Flor de demócratas estos señores concertados.

La carta de marras está llena de lugares comunes, de una hipocresía rayana en una desvergüenza a toda prueba, como demuestra otra aseveración expuesta en el mentado documento: “La ciudadanía tomó conciencia de las graves carencias sociales que aún afligen a gran parte de la población”. No señores “Concertados”, la ciudadanía hace mucho tiempo que tomó conciencia de las graves carencias sociales que le afligen, los que nunca tomaron “conciencia” fueron ustedes mientras fueron gobierno y disfrutaron durante 30 años de los privilegios y granjerías que les otorgaba el poder. Sólo ahora se dieron cuenta gracias a que Chile despertó.

No señores, esa misma ciudadanía ya no les cree absolutamente nada. Su documento es una sarta de palabras vacías de contenido y de falsas promesas.

Revisando los nombres que apoyan el documento, pude constatar que, si bien (por lo menos de los más conocidos), hay personas que concurrieron de buena fe para firmarlo, pensando en el bien del país, hay varias de ellas (la lista podría ser muy larga, especialmente entre los ex demócrata cristianos de la época de los años 60’, hoy enquistados en lo que queda del Partido Socialista renovado), que no se puede decir lo mismo. Quiero ejemplificar sólo en dos de los más conspicuos  personeros de la ex Concertación, que representan lo más ruin de la función política: Gutenberg Martínez y José Miguel Insulza. El primero, organizador del fraude electoral conocido como “Carmengate”,  adulterando el padrón de los militantes de la Democracia Cristiana para aumentar la votación a favor de Patricio Aylwin, perjudicando las candidaturas de Gabriel Valdés y de Eduardo Frei Ruiz-Tagle en las primarias que debían elegir al candidato a Presidente de la República por la Concertación de Partidos por la Democracia, en 1989.

El segundo, realizando todas las argucias diplomáticas para traer de vuelta a Chile a Augusto Pinochet y así evitar que fuera juzgado por crímenes de lesa humanidad. Pero el accionar político de don José Miguel demuestra que es una persona en la que es  muy difícil poder confiar: “Ante preguntas directas de mis compañeros de Atacama y de muchos ciudadanos y ciudadanas por las calles, les he asegurado una y mil veces que sólo seré candidato por Atacama y debo honrar ese compromiso”. (Agosto de 2017, Declaración Pública).  Qué pasó don José Miguel, su candidatura tomó demasiado fuerza, pasó de largo y fue a parar a Arica. Bueno el sueldo y los privilegios son los mismos sin importar la región que se  representa como senador de la  República de Chile.

Para sintetizar, ¿puede usted, estimado lector, creer en las promesas de estos bucaneros de la política que firman el documento de marras, con las contadas excepciones que comentaba más arriba? Personalmente, mientras leía esta carta pública, recordé la famosa fábula del escorpión y la rana, lo que me llevó a concluir que los personeros de la ex Concertación, jamás podrán proponer iniciativas que vayan realmente a favorecer a la ciudadanía, especialmente a las clases más postergadas: ¡no podemos evitarlo, es nuestra naturaleza! Pero esta vez, al presentar este esperpento ante el pueblo de Chile (la ranita), se han clavado su propio  aguijón ponzoñoso.

Treinta años girando en 360º

Desde el término de la dictadura, han pasado 30 años, mismos que como sociedad nos hemos estado dando vueltas en círculo, girando en 360º, discutiendo las mismas sandeces, aprobando leyes que sólo son un maquillaje (de mala calidad)  de leyes simples que no alcanzan a rozar la cáscara de la Constitución de Pinochet-Lagos. Sin embargo, el 18 de octubre de 2019, debido a un “pequeño” acto de rebeldía de los estudiantes secundarios, este círculo se rompe y se convierte en una fuerza centrífuga  que transforma  el círculo en una espiral ascendente, en un torbellino que era muy difícil contrarrestarlo. Por el contrario, no sólo el gobierno, sino el Estado en su totalidad, utiliza todos los medios a su alcance (especialmente la represión), para transformarse en una fuerza negativa, es decir un poder reaccionario  (acción y reacción), para tratar de minimizar la poderosa fuerza del vórtice libertario: se trata de mantener el status quo. Pero la fuerza centrípeta (como su propio nombre lo indica), no logra salir de su centro; su movimiento incesante en un mismo punto, hace que ese centro comience a ser horadado hacia las profundidades de su incapacidad e ignorancia que, por lo mismo, le impide  observar lo que sucede en la superficie, tomando determinaciones que lo hacen penetrar cada vez con más fuerza en ese  hoyo negro,  que es nada menos que el Infierno descrito  magistralmente por el Dante. “Abandonad toda esperanza vosotros los que entráis”.

Es en ese preciso instante,  como decíamos más arriba, que la élite política le lanza un salvavidas al gobierno y, por supuesto al Estado, es decir a ellos mismos, a través del acuerdo “Por la Paz y la Nueva Constitución”.

Conmemoración de los 30 años del retorno de la democracia

Con gran pompa y circunstancia, La Moneda celebró los 30 años del “retorno de la democracia”, instalando gigantografías de los ex presidentes de este período. En su discurso de poco más de 38 minutos, el presidente Piñera se refirió, como en varias oportunidades, al ex presidente Patricio Aylwin, a quien siempre ha admirado y trata de imitar su labor política. ¿Por qué esa perseverancia de Piñera en tratar de que sea comparado con el ex presidente Patricio Aylwin? Algunos dicen que se debe a su pasado cercano a la Democracia Cristiana. Sin embargo, en mi opinión, estudiando ambas personalidades, los dos personajes padecen del mismo síndrome: lograr a toda costa, sin importar la moral y la ética, las metas que se proponen. Ambos son personajes oscuros, de conciencia manchada, timadores, mentirosos, hipócritas: Patricio Aylwin golpista; interviene una elección engañando a sus propios camaradas (Carmengate como indiqué más arriba); responsabiliza a Eduardo Frei Montalva del golpe contra el Presidente Salvador Allende, planteando, en una entrevista casi al final de su mandato, “yo no soy  golpista, lo que pasa es que me tildan de golpista por mi cercanía con Eduardo Frei Montalva”.

Advertisement

Por su parte, Sebastián Piñera Echeñique, debe su gran fortuna a raíz de la estafa al Banco de Talca, luego como especulador de la bolsa, evade impuestos poniendo su capital a buen recaudo en paraísos fiscales, miente descaradamente en su función como Presidente de la República, interviene en asuntos de política interna de países extranjeros con el propósito de atribuirse un liderazgo a nivel continental, sin importarle los principios en que se basan las relaciones internacionales… En fin, podríamos seguir, pero ya todo el mundo lo conoce. Eso sí, existe una gran diferencia entre ambos personajes: el ex presidente Aylwin era un hombre culto y discreto en lo personal.

Volviendo al discurso pronunciado con motivo de la celebración de los 30 años del retorno de la democracia, casi al finalizar, Piñera exclama: “La Patria, el gobierno y este presidente, necesitan la ayuda de todos los chilenos”. Es curiosa esta súplica del presidente Sebastián Piñera; eventualmente, estaríamos ante una relación en que el poder busca reconocimiento del dominado, relación que si la analizamos desde el punto de vista del idealismo hegeliano, podríamos decir que sintetiza el proceso dialéctico entre el amo y el esclavo, en que el amo necesita el reconocimiento del esclavo para poder seguir siendo amo. Si esta  relación la analizamos desde el pensamiento de Marx y Engels, es decir de la dialéctica materialista, no es más que el reflejo de las relaciones sociales de producción en el sistema capitalista.

Desobediencia civil

“Más que todos los demás animales, el hombre es un ser político y social. La sociedad civil es natural en él no como algo dado por la naturaleza, sino como algo a lo que él se inclina por naturaleza y que es necesario para la perfección de su naturaleza racional”

Esta cita de Santo Tomás de Aquino (Sobre la monarquía), refleja el fundamento de su filosofía política basado en la noción aristotélica de naturaleza. Pero sus referencias hacia la sociedad civil están presentes en prácticamente toda su obra: “La asociación humana auténticamente autosuficiente, única capaz de asegurar las condiciones de la virtud y de satisfacer todas las necesidades y aspiraciones terrenales del hombre es la ciudad. La ciudad es la obra más perfecta de la razón práctica”. (Suma Teológica). Y en otro pasaje de su extensa obra: “Sólo dentro del marco de la sociedad civil puede el hombre alcanzar la plenitud de la vida…” (Comentario sobre la política).

A través de todos sus escritos, Santo Tomás destaca la importancia del hombre dentro de la comunidad y como parte de la sociedad civil. Por lo mismo, la necesidad imperiosa de que el “príncipe, rey, o de cualquier forma que se le designe, no puede asegurar el bien común del pueblo más que apoyándose sobre él”. (Suma Teológica).

Santo Tomás de Aquino llega a tal extremo en la defensa del hombre como ser social y político, que plantea,  refiriéndose específicamente a la equidad ante la ley, que: “En ciertos casos es malo seguir la ley constituida. Mas es bueno, dejando a un lado las palabras de la ley, seguir lo que piden la razón de justicia y la utilidad común. Y a esto se ordena la equidad”. (Comentario a la Ética nicomaquea, de Aristóteles).

Norberto Bobbio, por su parte,  plantea que: “La desobediencia civil es una forma particular de desobediencia, en cuanto a que es llevada a cabo con el fin inmediato de demostrar públicamente la injusticia de la ley y con el fin  mediato de inducir al legislador a cambiarla… La desobediencia civil es un acto que apunta, en última instancia, a cambiar el ordenamiento, es, en resumen, un acto no destructivo, sino innovativo”.

Decía al principio de esta nota, que el receso a que nos ha obligado la pandemia del coronavirus, nos permitía hacer un recuento de lo que ha sucedido en nuestro país a partir del 18 de octubre pasado. Sin embargo, pienso que también es un momento para replantearse las estrategias y tácticas, no sólo para las protestas contra el gobierno en particular, el Estado (el sistema)  y  la  élite política en general, sino agregar valor (más y mejor información) a las propuestas que las distintas organizaciones sociales preparan para la redacción de la futura Constitución durante el proceso de Convención Constitucional. Se trata de constituir grupos multidisciplinarios, mejor aun interdisciplinarios, para estudiar las diversas disciplinas que obligatoriamente tendrán que discutirse en el proceso constituyente (por eso no puede ser obra sólo de abogados; como he expresado en notas anteriores, la Constitución es un documento político no un informe técnico ni un informe en derecho). Si bien estos grupos, debido a la contingencia, no pueden reunirse de manera presencial, las redes de internet se presentan como excelentes herramientas para el proceso en comento, como ya se está haciendo respecto de la enseñanza en todos los niveles.  El plebiscito ha sido postergado para el 25 de octubre, aprovechemos este tiempo para prepararnos mejor. Sin embargo, esto no obsta para proseguir con las protestas coordinadas y de manera virtual.

 

Hugo Murialdo

 

Advertisement
Síguenos:
error1
Tweet 20