No hay proyecto político o ideas nuevas en la derecha chilena detrás de la “disputa partidista” en Chile Vamos por mucho que sean los deseos de algunos opinólogos, intelectuales de derecha y medios que le dan cierta resonancia pública. La etiqueta “liberal” no corre en estos tiempos. Es demasiado arriesgado para el bloque de derecha abrirse a debates y repensar el diseño de la estrategia de dominación. En momentos de crisis siempre van a cerrar filas detrás del Gobierno de Piñera. Y lo hacen al alabar a algunos de sus ministros: los presentan como liderazgos emergentes de la derecha. Así caracterizan ahora a Briones y Blumel. Es significativo que el primero sea un economista neoliberal de tomo y lomo, y el segundo un adepto de la política de mano dura contra el pueblo. Las dos caras de lo que el proyecto neoliberal es en su esencia misma. Definición a dos patas que no hay nunca que olvidar. Porque el neoliberalismo es una articulación entre lo económico y lo político como forma específica de dominación de las oligarquías.

 

Y sin embargo las “diversas derechas” que se apuntan desde la supuesta “fractura” que existiría al interior de la coalición oficialista dan mucho que hablar a los opinólogos de la academia y a los medios digitales, que le dan resonancia exagerada. En realidad, se trata, cuando prestamos cierta atención, de rencillas entre políticos de la casta de extrema derecha neoliberal (el consenso entre ellas) que sus “intelectuales orgánicos” tratan de vestir de análisis sofisticados.

 

En el fondo y la forma, por ejemplo, las posturas divergentes de un Desbordes y de un Allamand son solo manifestaciones de la crisis del sistema de dominación que los obliga a moverse como electrones libres para proteger al sistema, y que en el campo de la política institucional y mediática van siempre marcadas por lo que Sigmund Freud llamaba “el narcisismo de las pequeñas diferencias”. Por la exacerbación de matices insignificantes desde una perspectiva real de cambio estructural. Tales “diferencias”, en la lucha de egos de derecha, solo seducen a quienes buscan acoplarse al proyecto y al consenso neoliberal. Tienen impacto en aquellos que son incapaces de levantar alternativa popular en tiempos de crisis. En las filas del PS, PPD y frenteamplistas son muchos los que estarán siempre dispuestos a escuchar los cantos de sirena para hacerle ajustes al modelo.

 

El programa político histórico de la derecha chilena es y será uno solo: mantener y perfeccionar el sistema de explotación y privilegios y recaucharlo en tiempos de profunda crisis. Para eso intentarán estar siempre algunos pasos adelante del movimiento popular, para dislocarlo, dividirlo y aplastarlo. Con el aparato policíaco-militar del Estado como recurso a la mano. En tal maniobra, recordemos, contaron recientemente con sectores parlamentarios de la oposición que negociaron a espaldas del pueblo, sin consultarlo en el Acuerdo por el plebiscito constitucional, y habiendo podido hacerlo.

 

Así fue. No hubo ninguna voz disidente salida de la derecha para condenar el brutal accionar represivo del Estado durante las movilizaciones populares y ciudadanas en el período abierto por 18/O. Precisamente porque no hay diferencias entre las derechas acerca de los tiempos y de la manera en cómo y cuándo aplastar al movimiento social, ciudadano y popular cuando aparece el temor de la “ingobernabilidad”. Así como tampoco hay propuesta diferente a los pilares del modelo donde el mercado define pensiones, salud, educación, transporte, vivienda, acceso al crédito, empleo y alimentación en período de pandemia. En aquella sucia tarea contaron incluso con los votos de la oposición parlamentaria, que legitimó – más de lo necesario – leyes represivas al entregarle los votos necesarios.

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La cuestión clave para las fuerzas populares es desmantelar el modelo neoliberal, pero con la consciencia que éste no caerá nunca por su propio peso. No hay que olvidar que la derecha chilena entronca directa y monocausalmente con el proyecto neoliberal fraguado en la dictadura pinochetista. Es lo que lo define.

 

Menos debe olvidarse una premisa fundamental de la historia política de Chile. Clave para entender el presente: el neoliberalismo no es solo un proyecto económico de los propietarios de la riqueza y de los grandes empresarios pues también es, al mismo tiempo y de manera inseparable, un dispositivo político de aplastamiento de las voluntades de cambio de los sectores populares para aplicar medidas anti populares. Así se explica la represión sobre el movimiento social por el régimen militar de 1973. El objetivo fue descabezar la vanguardia del movimiento social. Así fue que se impuso el modelo neoliberal; a sangre y fuego. Situación que se repitió a partir del 18/O con el pueblo en las calles exigiendo Dignidad.

 

Como siempre es Jaime Guzmán el que mejor explicitó el objetivo político de clase dentro de la derecha. Quizás porque había leído a pensadores neoliberales desconocidos de la derecha chilena, como el periodista e ideólogo estadounidense Walter Lippmann. Hay que atraer a los opositores a que jueguen en la misma cancha que nosotros hemos rayado y no dejarles otra opción fue la tesis de Guzmán. Fue a lo que se adaptó la dirigencia de la Concertación. Connotados concertacionistas como Edgardo Boeninger le vieron el lado positivo a la Dictadura Militar, pues el golpe trajo el “crecimiento” económico y, recalcaron,  se constataron afinidades entre el pensamiento dominante en la Concertación con el neoliberalismo o el ordoliberalismo (la versión alemana del neoliberalismo). La Concertación, hay que repetirlo majaderamente, pues es otro dato clave de la historia política para entender el presente, se negó incluso a cambiar la Constitución del 80, habiendo podido hacerlo (leer los artículos  de Felipe Portales sobre el tema).

 

Tal situación lleva necesariamente a plantearse la construcción de un nuevo bloque social y político popular amplio de carácter anti neoliberal y con perspectivas anti capitalistas que retome las principales reivindicaciones levantadas con nitidez durante la Rebelión social del 18/O y las profundice.

 

Leopoldo Lavín Mujica, BA en Philosophie et Journalisme, MA en Communication publique, Université Laval.

 

 

 

 

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