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Mezquindad piñerista hasta el final: despidos masivos en hospitales

Hasta sus últimos días el gobierno empresarial del todavía presidente Piñera deja en evidencia su desprecio y mezquindad hacia la gran masa ciudadana que carece de recursos: aún con la pandemia presente y sin poder anticiparse si aparecerán nuevas variantes que agudicen la actual crisis sanitaria que deja un doloroso número de víctimas, ha sido rebajado el presupuesto nacional para la salud pública.

 

La primera en denunciar ese despropósito ha sido la Región de Valparaíso, azotada por la expansión del coronavirus y justamente donde se presentaron los primeros casos de la variante ómicron ingresada por un extranjero residente en San Felipe que procedía de Ghana, África, a fines de noviembre y cuyo contagio se estableció por el examen PCR y las pruebas específicas pertinentes.

El comité de gestión del Hospital Van Buren del puerto principal compuesto por los médicos jefes de servicios viene de emplazar a las autoridades respectivas a permitir que 200 trabajadores a honorarios cuyos contratos vencen este 31 de diciembre puedan seguir prestando servicios en ese establecimiento donde se atiende en distintas especialidades a decenas de miles de personas de esta región y de otras de la zona central. En septiembre pasado ya se había producido una reducción de trabajadores.

Los médicos del hospital porteño han advertido que la calidad de la atención se verá seriamente disminuida no sólo para los pacientes covid sino también para las enfermedades no covid, en Urgencia Adultos y otros servicios dicho personal complementario se desempeña en la atención directa de los enfermos del recinto asistencial.

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El Van Buren es el principal hospital público de la región de Valparaíso, pese a lo cual con frecuencia hay pacientes esperando por doce o mas horas en la Urgencia, muchos de los cuales permanecen hospitalizados en sillas y a otros tantos se les posterga una cirugía día tras día los funcionarios están colapsados por la sobrecarga de trabajo acentuada por la pandemia, y en tales circunstancias estes nuevo recorte de personal acrecienta la precariedad sanitaria.

La situación es peor aún en el Hospital Fricke de Viña del Mar, donde – según la Fenats – quedarían desvinculados alrededor de 330 funcionarios a honorarios. En total en el Servicio de Salud Viña-Quillota dejarán de prestar servicios no menos de 600 trabajadores, por disposición gubernamental alejada de la realidad.

Este problema no previsto oportunamente se registra a nivel nacional. El panorama es oscuro porque en la salud pública, siempre mirada en menos, hay una tremenda carga producto de todo el tiempo en que mucha gente, en cuarentena o bajo otras restricciones sanitarias, no pudo recurrir a los hospitales.

La Fenats está solicitando que todos los trabajadores afectados sean mantenidos en sus puestos, para cubrir la brecha de las tareas permanentes de los establecimientos hospitalarios. Sin embargo, las autoridades no consideran los graves efectos en la continuidad, oportunidad y calidad de la atención a la población, y fácilmente se advierte la falta de previsión y de visión estratégica.

Más allá de las felicitaciones oficiales a la primera línea de la salud, es necesario considerar a todos estos funcionarios que han estado estos casi 2 años de pandemia reforzando las indispensables tareas en favor de la comunidad. Si bien ha habido mejoras en cuanto a la dotación, se sigue teniendo una menor cantidad de lo que recomiendan instituciones nacionales e internacionales.

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La falta de presupuesto es otra muestra de las infortunadas políticas del actual gobierno empresarial. Pareciera que su único objetivo es minimizar el aparato estatal y transferir recursos a privados con el resultado del debilitamiento de la salud pública por falta de inversión y mantención de personal, equipamiento e infraestructura.

Esta mezquina administración piñerista, aun en los descuentos, suspendió el pago del IFE y promovió entre sus parlamentarios el rechazo al proyecto del cuarto retiro de fondos previsionales, a lo que se suma el hecho de reducir el gasto publico a un sector extraordinariamente sensible. Ello, en momentos en que la pandemia permanece inalterable y se conoce la llegada de nuevas y peligrosas cepas.

Vuelve a saltar sobre el tapete aquella irritante discriminación de “salud para pobres y salud para ricos”. Esta discriminación, propia del modelo neoliberal estructurado para los privilegiados por la acumulación de dinero, constituye parte del legado de desigualdades que deja a su sucesor el gobierno del empresario Sebastián Piñera.

 

 

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Hugo Alcayaga Brisso

Valparaíso

 

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