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Las malas lecturas: una miopía conveniente

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Se apagaron las luces del proceso constituyente inaugurado el 25 de noviembre del 2019.

Todo ha terminado en fojas cero. Es decir, toda la protesta, todas las víctimas, todo el empeño y participación entusiasta de dos años ha quedado en la papelera. Pero no tanto así, pues ha habido un aprendizaje, duro, rudo y difícil de digerir, pero en esa tarea debemos entrar ahora, pues como advierte el dicho popular “chivo que se devuelve se desnuca”…y nadie quiere eso para este país con vista al mar y al consumo saudita de unos pocos y marginal precario para los muchos.

 

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LECCIONES.

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¿Qué lecciones podemos sacar de todo este avanzar y retroceder, en una misma pista, como una buena pieza de tango?

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Una primera lección es que cuando se baila tango se debe tener buena condición en avanzar y retroceder sin tropezar, pues puede caer estrepitosamente.

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Chile, nuestra población, no está apta para este tipo de movimientos audaces de avance y retrocesos, propios de la confusión que genera una etapa de crisis profunda como la que atravesamos.  Nuestra población ha sido indoctrinada en el individualismo más  radical  y con altas aspiraciones en la sociedad de consumo. Nuestra oligarquía y parte de la clase media aspira al avance social y a la supremacía por la vía rápida, por el atajo del logro individual. Todos caen en la lógica del consumo como demostración de estatus.  Y la vía rápida para financiar ese consumo superior se traduce en: malas prácticas, estafas, lobby, colusión, fraudes al fisco y todo lo que ya sabemos de nuestra cúpula empresarial y política. Las clases populares que  se comprometen en alcanzar rápidamente  mayores niveles de consumo, lo deben lograr por vía de la delincuencia común y  narcotráfico. La clase media y los trabajadores esforzados intentan llegar a satisfacer las expectativas generadas por un mercado  y una publicidad seductora, mediante la sobre exigencia laboral (trabajar varios turnos, ahorrarse las vacaciones, etc.), el endeudamiento y la postergación de necesidades básicas, como salud, recreación y superación personal en el ámbito de la cultura y la capacitación laboral.

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Se ha perdido la fe en el esfuerzo colectivo. Se sobredimensiona la capacidad individual y se destierra de la cultura la solidaridad social, la colaboración y el encuentro. Cuando mucho se acepta el sentido del “ghetto” , es decir el grupo cercano de intereses, que comparten raíces de estatus y de lenguaje, pero estos grupos se desvinculan del resto de la comunidad.

 

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Esta descripción que parece exagerada, queda demostrada por los niveles de ingreso medio y promedio de la población laboral, versus los costos de vida o de sobrevivencia mínima.

 

La crisis enorme que afecta a Chile hace ya dos gobiernos (2013-2022), ha generado un problema de enervamiento en la población más desvalida. Esa rabia es la que normalmente barre con los gobiernos de turno. En el caso de este plebiscito, se puso a prueba la aceptación o rechazo de un texto constitucional. Esa población agregada que concurrió a votar obligada (1|3 del padrón) y que antes no participaba voluntariamente, no votó a favor o en contra del texto constitucional puesto en consulta, lo hizo como voto de protesta, de rabia, de enojo….y ese voto lo identificaron con una palabra que se le aproximaba a su intención de ánimo: “rechazo”. Pero su rechazo no era contra la Constitución, que nunca la conocieron ni les interesa, votaron, buena parte de ellos, contra todo el sistema, contra todo los que les sucede, contra el gobierno y la oposición.

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LA MALA LECTURA.

 

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Como la derecha y los amarillos lideraron la campaña por el “rechazo”, salieron beneficiados por esta abrumadora votación de castigo al texto constitucional. Pero si a esa gente que votó por el “rechazo” se le pudiera encuestar más profundamente, tengo la certeza que sus respuestas serían dirigidas contra todo el sistema político, económico y social imperante en Chile.

 

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Como la cúpula del poder se siente beneficiada por este voto de “rechazo”, les conviene hacer creer e imponer en los medios la “verdad oficial”: que ganó la derecha y que cuenta con el más masivo apoyo popular, sólo comparable  al 80/20  del plebiscito de entrada.

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Pero esa es una lectura equivocada y hasta el gobierno ha caído en esa trampa. Es cierto que  el Presidente ha tomado la iniciativa de convocar al Congreso para avanzar en un nuevo proceso constituyente. Pero el problema no está ahí, el problema está en las limitantes que impondrá la derecha para dar el sí de las niñas a una nueva Convención. Porque obviamente no se arriesgará a repetir la experiencia del anterior proceso.  ¿Cuánto estará dispuesto, el oficialismo, a ceder ante una derecha dispuesta a neutralizar, a priori, toda tentativa que mueva la aguja de la balanza social hacia regulaciones sobre sus ventajosa situación de negocios y de hegemonía en el poder político?

 

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Pero como el gobierno se identificó con el “apruebo” y la oposición con el “rechazo”, de llapa les benefició al “rechazo” (la derecha) un voto que era también contra ellos. Eso es lo que viene explicando la tremenda diferencia, pues ese sector, de casi 30 puntos de nuevos votantes, la mayoría votó rechazo (75.1%), mientras que en los sectores más acomodados, los ricos, quienes votaron “rechazo” baja al  60% y la participación en razón del padrón fue mayor en los sectores bajos (87.4%) que en los sectores medios altos (82.7) y más incluso que en los sectores ricos (82,8).

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¿Qué nos dicen estas cifras?

Pueden decir dos cosas: 1) que la gente  de más bajos recursos se motivó más en participar que la gente de más altos recursos; unos podrán decir que por no pagar las multas, pero 2) se puede entender que su voluntad fue la de protestar con el voto, ya sea por su obligatoriedad (enojo) y por su situación económica y de incapacidad del poder para resolver  los temas candentes: cesantía, inflación, carestía, delincuencia, salud, etc.

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Entonces, tenemos una votación del pueblo contra un texto que se leyó muy poco y que se desprestigió mucho por todos los medios, desde el presidente Piñera, que lo consideraba públicamente un gran error y una pérdida de tiempo, y creo que hasta usó la palabra “disparate”, hasta el más periférico de los simpatizantes de derecha repetían palabras de  desprecio y descalificación hacia los constituyentes y hacia su enorme trabajo: “Es mala”, “no sirve”, “ese bodrio”, “ese mamarracho”, “es radical, extrema, maximalista”, “deja afuera a un gran número de chilenos”, “entrega poderes excesivos a los pueblos originarios”, “fragmentarán el país”, “les quitarán las propiedades”, “les expropiarán los fondos  de pensión” , “cambiarán la bandera y el himno nacional”…., y otras mentirillas nada de inocentes.

 

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Como los partidos políticos desde hace mucho que no se dan el trabajo de visitar y bajar al pueblo, pues practican la política de salón y de palacio, no pueden contrarrestar con su trabajo en terreno lo que diseña estratégicamente la derecha y los poderes fácticos a través del único medio que dispone la gente para conectarse con el mundo político: la televisión empresarial, privada (dentro de la que se incluye la televisora del Estado).

 

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Tampoco las redes sociales tienen la capacidad organizativa  en la base social  como para enfrentar la marea agresiva y persistente de los relatos armados desde el poder financiero y sus bien remunerados voceros y rostros. Las redes sociales son efectivas para movilizar a los ya conscientes políticamente y llevarlos a manifestar, pero no tienen la penetración permanente y sofisticada que tienen los medios televisivos.

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UN GOBIERNO MINIMALISTA.

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El presidente Boric, apenas las encuestas comenzaron a pautear el triunfo del “rechazo”, les abonó unas frases a favor de esa campaña. Manifestó tempranas disposiciones a buscar acuerdos y a revisar las partes que se consideren (¿quiénes?) necesarias de rectificar y consensuar. Eso dio aliento a la duda general sobre la calidad del texto y afianzó la idea de que el “rechazo” podía ganar.

El Presidente miraba más por su gobernabilidad, ante un Congreso empatado, donde necesitaría los apoyos de los partidos de la llamada “centroizquierda” y los de la derecha.

 

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Era evidente que la derecha estaba insegura respecto a los resultados, pues no se hubieran apurado a ofrecer fórmulas como la de “rechazar para reformar” o aceptar cambiar los quórums para reformar la Constitución a 4/7, como garantía que ahora sí se adherían a la voluntad de cambios. Eso la derecha, teniendo certeza de su triunfo, jamás lo concedería.

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Ahora que la derecha se apropia de un voto de protesta de los pobres y que se los suma al 30% propio e histórico, podrá sumarse a algunas “reformitas cosméticas”, para que la gente no les saque en cara su doble discurso, pero lo que se puede dar por garantizado es que no tolerarán ningún cambio estructural del modelo de negocios neoliberal. Eso ya sería cruzar la línea roja, y no la avalarán.

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Por tanto, el programa de gobierno de la joven “nueva izquierda”, ahora aliada a la vieja centro izquierda concertacionista, en un intento de sacar los pies del pantano, sólo podrán hacer reformas  periféricas a los valores fundantes del modelo neoliberal de negocios imperante desde hace medio siglo.

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Será, por lo que se ve, un gobierno intrascendente, similar a lo que ocurrió con el segundo gobierno de Bachelet, luego del caso Caval y la “cocina”. A ese gobierno sólo le quedó flotar en la nada, por la nada y para la nada.

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AHORA TODOS SOMOS RECHAZO.

La derecha desde siempre, incluso desde que se convocó al primer plebiscito, de entrada, se inclinó por el “rechazo”. Luego de perder estrepitosamente la elección de constituyentes y no alcanzar el tercio del veto, sacó la iniciativa de “rechazar para reformar”. Por tanto, la derecha se inscribió en el “rechazo” a la actual Constitución del 80, expresado mediáticamente por el propio presidente de  la UDI.

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Los del apruebo, que son como 5,4 millones de votantes, los más conscientes de la necesidad de cambiar la Constitución del 80, también pasan a ser partidarios del “rechazo”, rechazo de la constitución vigente y del modelo político que ella autoriza.

El otro tercio de nuevos votantes, esos que fueron a votar obligadamente, ciertamente se manifestaron en contra  “rechazo” de toda la situación que les toca sufrir, producto de esta crisis que se extiende por más de 8 años. Este segmento nunca se interesó en la política, menos en un texto constitucional, por tanto su rechazo no es dirigido a la consulta plebiscitaria. Este rechazo debe leerse correctamente y eso corresponde a un “Rechazo” al sistema total que los oprime.

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La derecha saca cuentas alegre, pero, indudablemente, hace una interpretación muy oportunista del tema. Estoy convencido que en las venideras elecciones, si son de voto obligatorio, se decantará la real distribución de las preferencias de este pueblo. Esta elección, con esta distribución ha sido una anormalidad de comienzo a fin.

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No queda más que rogar a los altos designios que uno esté equivocado, …pero como la cabra siempre tira p’al monte, lo más probable que estos árboles tan torcidos ya no se puedan enderezar, y teniendo además en cuenta que burro viejo ya no aprende, la tarea queda a la historia que, por vieja que sea, siempre oficia como partera de novedades.

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Por Hugo Latorre Fuenzalida

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  1. Rosa Tassara del Castillo says:

    Certero análisis, pero hay que insistir que desde el 25 de noviembre del 2019 empezó la campaña de mentiras y noticias falsas de la derecha, que no alcanzó el tercio necesario para oponerse a todo y quedó en una situación minoritaria pese a que fue la derecha la que insistió en el quorum de 2/3, acostumbrados a actuar como mayoría sin serlo realmente su labor consistió en mentir con voceros como T Marinovic una académica de la lengua o la sra Cubillos o el Sr Zuñiga así la labor de desprestigio empezó ese día con la complicidad de todos los medios de comunicación TV y Diarios que solo entrevistaban a la derecha y esto culminó en la campaña del Apruebo o Rechazo en que además se llegó a repartir por la derecha millones de folletos con la Constitución adulterada y se asustó a las personas diciendo que les quitarían su casa, que una mujer podía matar a su hijo de 1 año o más y no sería castigada porque la Constitución lo permitía etc. No será posible ningún proceso que involucre cambios sino existe libertad de prensa y en Chile no hay . Todos los medios están en manos de los dueños de Chile y el que no sigue las pautas fijadas por ellos es acallado como La Red.

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