Latinoamérica

La geopolítica del mercado de los mercenarios

Cuánta razón tenía Nicolás Maquiavelo, en El Príncipe, al criticar a los ejércitos mercenarios del Renacimiento: un soldado mercenario es aquel que se hace pagar por “la prestación de servicios militares” a otro país, sin importar el concepto de patria o de ideología de la nación a la cual se compromete a servir.

La guerra hoy no es entre países, religiones, razas o ideologías, sino entre grandes  y verdaderas “empresas” que utilizan a soldados mercenarios, (las más consolidadas entre ellas las constituyen verdaderos ejércitos, quienes actúan en los campos de batalla), y las más poderosas operan con capitales norteamericanos.

Las guerras propician la existencia de estos paramilitares: soldados, a veces con menos de 40 años ya jubilados, en plena capacidad laboral, por ejemplo, en guerra de baja intensidad, como la de Iraq, o bien, los combates entre árabes o en las guerras comerciales entre las petroleras, aportan una cantidad no menor de contingentes con capacidades y experiencias militares para servir en trabajos no muy diferentes a los que desempeñaban como soldados, (muchos de estos grupos de soldados también se emplean como guardaespaldas de  millonarios petroleros o de otros magnates).

Países, como Colombia, ha peleado en guerras civiles gran parte del siglo XX y parte del XXI, primero entre conservadores y liberales y, luego, contra un verdadero ejército – las FARC – que se oponían a las políticas del entonces Presidente, Álvaro Uribe Vélez, (también de gobiernos anteriores), apoyadas, implementadas y comandadas  por Estados Unidos, a tal punto de que llegaron a conformar el ejército más poderoso contra la insurgencia en América Latina. Uno de los efectos colaterales de los Acuerdos de Paz ha sido, en este país, que personas de menos de 40 años, con un alto grado de preparación y experiencia militar, se han quedado cesantes, (ocurre al final de las guerras), y como sólo conocen ese oficio, han recurrido al trabajo en “empresas de mercenarios”, que continúan en guerras intestinas entre tribus y países africanos, latinoamericanos y asiáticos especialmente, (a muchos de ellos se les menciona en la guerra de Yemen).

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El negocio de mercenarios es considerado legal, tanto en Estados Unidos, como en países latinoamericanos, africanos y asiáticos, y aún en Europa.

A Colombia se le considera como un nido de mercenarios de excelente calidad, “dignos” de ser exportados a países, empresas o millonarios que los requieran, pues el mérito de la experiencia en guerras irregulares, (baste considerar que la mayoría de las bandas de mercenarios colombianos han luchado desde los años 50 del siglo XX contra algunos ejércitos de la guerrilla colombiana), además, Colombia es el país latinoamericano predilecto para la compra de tecnología militar norteamericana, de altísima calidad. Una vez firmado el Acuerdo de Paz entre el gobierno Juan Manuel Santos y las FARC, la tarea del ejército Colombia se ha centrado en combatir al trío Venezuela-Cuba- Nicaragua, y muchos de los mercenarios realizan labores militares en las fronteras importantes entre Venezuela y Colombia, incluso, el debate sobre el asesinato del Presidente de Haití, Juvenel Moïse, no está lejano de participar en intrincadas guerras entre el trío mencionado de países que, como en la Guerra Fría, pretenden extender el combate entre gobiernos neoliberales, como el de Brasil, Ecuador y Chile, en que la derecha utiliza la inoculación  del miedo al comunismo como justificación a los atropellos a los derechos humanos, llevado a cabo por las policías criminales de estos y otros países, que justifican las tropelías contra la población civil, so pretexto de luchar contra el comunismo, (algo existe de injerencia en esta nueva “guerra fría” en las marchas en Cuba, Venezuela y Nicaragua).

Un ejemplo de la interrelación entre ejércitos y soldados mercenarios es, por ejemplo, la acusación  de Colombia sobre la contratación de mercenarios colombianos, por parte de un empresario venezolano, que vive en Miami, a quien se le culpa de haber contratado a mercenarios colombianos para cometer el magnicidio del Presidente Haitiano. A su vez, el Ministro de Defensa, el Jefe de la Policía y el Comandante militar de Colombia, intentan liberarse de la vergüenza y del daño que los mercenarios le hacen a su país, a causa de la política criminal del actual gobierno.

Por mi parte, no creo que haya colombianos que estén muy contentos con la política adoptada por Iván Duque que, este caso, ha minusvalorado ante la comunidad de naciones el Pasaporte colombiano, que significa para quien lo utiliza una “desagradable bienvenida” en el país que visita. La mayoría de los colombianos son personas respetables, honestas, cultas y pacíficas, que nada tienen que ver con el militarismo, el narcotráfico y, ahora, con el mercado de mercenarios.

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Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo)

13/07/2021

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Historiador y cronista

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  1. leopoldo letelier says:

    Excelente artículo de Rafael.
    No debemos olvidar que Reagan satanizó el Oriente Medio junto a Corea del Norte y Cuba.
    Ya sabemos lo sucedido en Irak que se incrementa con la derrota ante los talibanes.’
    Hoy, Cuba es para los EE.UU. tan igual como fue Irak en su momento.

    La diferencia es que si Cuba es amenazada de invasión las brigadas internacionales convocará a millones y millones en el mundo para su defensa.
    Un dato de la realidad: solamente EE.UU. e Israel votan por la mantención del bloqueo en la ONU. Es un escándalo que maracará la época del siglo anterior y el que estamos viviendo.

    Abrir espacios como el derecho amanifestarse, no debe ser reprimido.

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