Opinión Política

El agotamiento de la mentira como arma de la política

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La parte más interesante del enfrentamiento entre el Apruebo y el Rechazo es que deja al descubierto la real contradicción que define nuestro país.

Por una parte, unos poquitos poderosos y por otra, sus incontables víctimas.

Por eso, ante la expectativa de perder parte de sus privilegios esos poderosos han entrado en una especie de desesperación que se inicia cuando les falla el cálculo que les habría permitido hacerse de la Convención Constituyente.

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No pudieron.

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Y a pesar de la dispersión de la gente que llevó las cosas al extremo de poner en juego la Constitución de Pinochet/Lagos, un ochenta por ciento votó por una constitución redactada por personas elegidas mediante el voto popular.

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Se desplegó entonces la histeria de la ultraderecha y ciertos exconcertacionistas, por hacer lo posible para desacreditar lo que pudiera salir de ahí.

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Y tampoco pudieron.

Entonces, fieles a su historia, los poderosos desenvainan lo que ha sido desde siempre un arma poderosa: la mentira, el falseamiento de la realidad, el engaño, la falsificación, la trampa, el embuste y como se quiera llamar a lo que es completamente opuesto a lo que realmente es.

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Valga decir que, por lo menos hasta ahora, la derecha ha optado por la más inofensiva de sus argumentaciones históricas: aún no pasan a la fase en la que entran a jugar argumentos tales como la DINA, el Comando Conjunto o la CNI.

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En el actual escenario en el que se juega mucho para los poderosos luego del autogol de alcance histórico del presidente más torpe que se conozca, la cosa no se ve muy bien.

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Uno mira la foto de la gente que está por el rechazo y por alguna razón extraña siente que se comete una injusticia si se les pide que tengan una conducta que no podrían tener: con diferencias notables entre ellos, comparten algo que los une: la necesidad de acomodarse para su propio beneficio y/o para sus mandantes.

Desde ya ese nombre pomposamente mentiroso: Centroizquierda por el rechazo se cae por su propia desvergüenza.

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Así, desde una triste Javiera Parada que se desespera porque en su futuro no se ve en un cargo importante ganando harto y trabajando nada, hasta el Guatón de la Vega, quien ordena sus fidelidades entre Dios, la vega y los ricos, sin los cuales, en su opinión, no hay riqueza.

En medio están los agentes de la CIA en esa gama democratacristiana/socialdemócrata que se va a cruzar a cualquier proceso que interrumpa la agenda imperialista para este lado del patio trasero. Sobre todo, si no les va a tocar su tajada en esa pasada.

Los periodistas más o menos y derechamente serios de la televisión, no más de tres o cuatro, se han dado festines desenmascarando a quienes intentan contrabandear falsedades, distorsiones, interpretaciones antojadizas y derechamente mentiras pueriles del texto propuesto.

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A juzgar por los que se comienza a ver, esas personas harían bien en repensar su campaña y centrarla en la verdad más dura: esgrimir lo que quieren y transparentar lo que dejan de ganar y quizás la gente los comprenda: con esta nueva constitución pierden plata y trabajar por un sueldo no es lo de ellos; se corre el riesgo de democratizar el país; y la educación podría dejar de ser un negocio, y quizás el 1% de los habitantes ya no se lleven el 33% de la riqueza, entre otros tantos desastres imbancables para los poderosos.

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Sería más sabio y quizás comprensible entre tanto arribista que se viste de clase media en doce cuotas precio contado.

 

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Por Ricardo Candia Cares

 

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Escritor y periodista

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  1. Rosa Tassara says:

    Exacto, muy buen artículo. Las mentiras y los engaños han llegado a un nivel que se van cayendo por su propio peso. La franja del rechazo así lo demostró
    no hay contenido, solo se habla de amor y duchas muy abundantes y ofensivas para los que viven con 50 litros del camión aljibe.
    ya todos conocemos sus propósitos, es tiempo que los transparenten.

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